Facilis descensus averno "El descenso al infierno es fácil" Virgilio, La Eneida

viernes, 31 de mayo de 2019

The wild bunch (Grupo salvaje) Sam Peckinpah, 1969


        THE WILD BUNCH (Grupo Salvaje)          Sam Peckinpah, 1969

Es evidente que si hablamos del western el primer nombre que nos viene a la memoria es el de John Ford, pero no es el tema que estableceremos en este artículo. Hoy hablaremos de un clásico que ocupa por construcción épica, por descripción de personajes, por guión, por mostrar el western crepuscular como ninguno, un lugar en el podio de los mejores westerns de la historia. Solo añadir que está dirigido por un director indispensable para comprender los mecanismos del género, Sam Peckinpah. Pasad pues al diván y conozcamos mas de cerca la película “The Wild Bunch”, (“Grupo Salvaje”), rodada en 1969.


Alfred Hitchcok, dijo una vez: “Si quieres que una película sea realmente emocionante has de meter muchos cortes, una película normal no suele tener mas de 600”. Pues bien, “The Wild Bunch” contiene unos 3.462 cortes, así que según este criterio, estamos ante la película mas emocionante de la historia.

La impresionante orgía de violencia descrita en el film, hizo que Peckinpah deslumbrara a medio mundo y escandalizara a la otra mitad. Definitivamente, un realizador innovador en el lenguaje cinamatográfico, que trastocaba las preconcebidas ideas que se tenían en Hollywood.

El director, despedido después de comenzar el rodaje de “The Cincinati Kid”, (“El rey del juego”) interpretada por Steve McQueen en 1965, dirigida por Norman Jewison , y por el que fue sustituido, quedó sin trabajo. Vendió su guión de “Villa Rides”, (“Villa cabalga”), rodada en 1968 y que giraba alrededor de la figura de Pancho Villa, y ese proyecto pasó a manos de Buzz Kulik, un facturador de televisión que aportó a Yul Brynner como protagonista y Peckinpah finalmente se desentendió del filme. El autor prendado por la película “The Hill”, (“La colina”) dirigida por Sidney Lumet en 1965, contacto con Kenneth Hyman, su productor, y el realizador le hizo llegar dos guiones con la esperanza de dirigirlos, así nació “The Wild Bunch”. El guión firmado por Walon Green, un especialista de cine, amigo de Peckinpah esta escrito a partir de un relato de Roy Sickner. Como era habitual en el realizador, retocó el trabajo de Green en algo mas de un 30%, lo cual generó problemas para que fuera acreditado también como guionista, ya que se requiere un 60% (cosas de la industria).
Finalmente lo consiguió, logrando así la única nominación que obtuvo a los Oscar, lo que supone un olvido imperdonable de la Academia, aunque tal vez no fuera ese el motivo, sino la fama de "enfant-terrible" que tenía el director. Finalmente el premio recayó en “Butch Cassidy and Sundance Kidd”, (“Dos hombres y un destino”) rodada por George Roy Hill en el mismo año, algo a todas luces totalmente injusto a mi modo de ver, a pesar de que éste sea también un gran western.


“The Wild Bunch”, en primer lugar, se sustenta en un reparto impecable. Aunque en un principio se pensó en Lee Marvin para el papel de Pike Bishop, Peckinpah desistió, pues Marvin estaba muy involucrado con su proyecto “Cat Ballou”, (“La ingénua explosiva”), dirigida por Elliot Silverstein en 1965. Al tiempo, Marvin consideró que tal vez su personaje podría asemejarse demasiado a su rol en “The Professionals”, (“Los Profesionales”), un western realizado por Richard Brooks en 1966, y si añadimos que a Marvin le pagaron un millón de dólares por “Paint your Wagon”, (“La leyenda de la ciudad sin nombre”), de Joshua Logan, también de 1969, se comprende que el director tuviera sus dudas.
Unas dudas que se disiparon al ver a William Holden. Este no pasaba por un buen momento personal. Habían terminado sus tiempos de galán y como tantos otros, sufría serios problemas de alcohol (roles ambos muy bien definidos por otra parte en “Sunset Boulevard”, (“El crepúsculo de los dioses”), donde se recreaba la decadencia de los actores. Un maravilloso film del gran Billy Wilder de 1950.

Todo ello fue determinante para que Sam Peckinpah considerara perfecto a Holden para el papel protagonista, un acierto total para el personaje de Bishop, un hombre marcado por un pasado glorioso que debe sustituir su desaparación por la épica, haciendo lo que mejor sabe en una época que ya termina. Un pistolero, un asesino, pero que en su mirada madura, llena de amargura, hay un halo de esperanza. Un querer haber sido lo que no fue, una buena persona.


”Todos soñamos con volver a la niñez. Aún los peores de nosotros. Quizá sobre todo los peores”, cuenta el personaje. Una frase que resume la esencia de la película. Le acompañaba Ernest Borgnine, en un sublime estado de gracia, como Dutch, su inseparable compañero. A pesar de que el director no estaba muy convencido de la elección, la profesionalidad de Borgnine, terminó por seducirle. Ciertamente la compenetración entre Holden y Borgnine demuestran una armonía que no se aprecia en el resto del reparto.

Si nos centramos en el elenco de los secundarios, no encontramos fisura alguna en la elección. Para comenzar uno de los actores fetiche del realizador, Warren Oates, también tenemos un clásico fordiano como Ben Johson, que de alguna manera representa los valores del western clásico y que junto a Oates, protagonizan la única escena cómica de la cinta. Una borrachera con unas prostitutas de la hacienda controlada por Mapache, minutos antes de la explosión definitiva. Añadamos a estos a un siempre magnífico Robert Ryan, que dejando de lado sus clásicos papeles de cínico, aquí representa el papel de Dick Thornton, otrora compañero de Pike y que ahora lidera la jauría de perseguidores de la banda de su ex-compañero. Un excelente Edmond O'Brian, Ángel Martinez (como el jovencito acompañante de los veteranos y que actúa por ideales de libertad), y los siempre imprescindibles Strother Martin y L.Q.Jones, que junto a un enfermizo Emílio Fernández, como arribista fascista mejicano contrario a la revolución, cierran con gloria uno de los castings mas impecables de la historia del cine.


Desde los créditos inaugurales, la película te encamina por sus derroteros, un viaje de algo mas de dos horas, y en el que la escena inicial es aterradora. Un pequeño pelotón de falsos soldados entran en una ciudad mientras vemos a un grupo de niños que se divierten viendo como un alacrán es devorado por un sinfín de hormigas hambrientas que lo engullen lentamente, para luego prender fuego a las mismas y observar con total impasibilidad tan terrible acto. El autor prácticamente nos cuenta la película en tres minutos, un film que como he dicho se desarrollará en más de dos horas.
Durante los créditos, la cámara enfoca unos primeros planos de los actores que se trasponen en unos dibujos que arrebatan. Parecen fantasmas. Es evidente que la muerte tiene señalados a los personajes. La historia aparece enmarcada por dos tremendos tiroteos. Uno al principio y otro al final. Dos escenas modélicas en concepción y de violencia inusitada. La primera al inicio, una banda se encuentra atrapada en un intento de robo por una serie de pistoleros a sueldo y agentes de la ley, la segunda al final, donde serán cuatro componentes del gang los que se enfrenten a un centenar de enemigos.

Es esta una cinta, que sobre todo se recuerda, por la impresionante, desgarradora, y violenta escena final, donde se da el enfrentamiento de estos anti-héroes contra Mapache, el general mejicano, interpretado por Emílio “Indio” Fernández y en la que Pike, Dutch, Lyle y Tector, deciden ir a rescatar a su amigo Ángel de las garras de Mapache, el auténtico mal.
Saben que será un camino sin retorno. Sólo pueden terminar así, con la coherencia que han vivido, un tributo a sus pecados. Es un momento de tensión narrativa que crece sin detenerse, y después de vivir los dos últimos momentos de paz que los protagonistas disfrutarán, vemos en pantalla una larga caminata que nos lleva al climax. Se detienen, observan como Mapache degüella a su ya torturado amigo Ángel y a continuación Peckinpah nos ofrece una edición deslumbrante: un silencio, unas miradas, planos cortos, tensión, sudor...y de pronto se desatan los infiernos.
El grupo abate a balazos al general asesino. Ese instante, es una de las maravillas que el cine de Peckinpah nos dejó. Un conciso montaje de los rostros de los protagonistas, expectantes ante la reacción de los cientos de mejicanos que hay allí. De nuevo un silencio patente y tenso. El último instante de paz. El último respiro que vivirá ese Grupo Salvaje. El suspense se desborda definitivamente cuando Borgnine, al que vemos en un sublime primerísimo plano, esboza una sarcástica sonrisa, la tensión se libera y estalla la violencia. La muerte se hace presente.

A pesar de ser un film lleno de violencia, se atisban matices que el director pone en la mirada de sus personajes malditos. Un vaho, una emanación de esperanza.

En el primer montaje se obvió una parte que finalmente fue restaurada. Un flash-back que rememora la amistad entre Holden y Ryan (Pike y Dick), y que en el montaje definitivo se desvela como un gran acierto para poder comprender la relación entre los dos ex-amigos. Nos descubre su conexión en el pasado. Aunque añoran sus tiempos de amistad, fue una amistad traicionada.

“The Wild Bunch”, fue un gran éxito. Directores como Martin Scorsese o George Lucas, lo consideran como el mejor western jamás realizado.

Con todo, y después de sentar cátedra el maestro John Ford con “The Searchers”, (“Centauros del desierto”) en 1956, y posteriormente con “The man who shot Liberty Valance”, ("El hombre que mató a Liberty Valance”) en 1962, Peckinpah ya comenzaba a sentenciar las claves del western crepuscular con un maravilloso filme, “Ride the High Country”, (“Duelo en la alta sierra”), con Randolph Scott y Joel McCrea como protagonistas, rodada también en 1962, pero que de alguna forma se ve eclipsado por la majestuosa obra de la que hablamos, “The Wild Bunch”, como he dicho, uno de los mejores westerns de la historia. Es una película de importancia capital en la historia del cine. Una obra maestra de inolvidable lirismo e indecible amargura.

Además de un impecable Lucien Ballard en la fotografía, la música del film es otra obra magistral de Jerry Fielding, un compositor muy afín a Pechkinpah y que comenzó en la industria como arreglista con tan solo 18 años, pero perseguido por el McCarthysmo, se le cerraron todas las puertas, y no fue hasta 1967, cuando conoció a Sam Peckinpah durante el rodaje de "Noon Wine", un episodio de la serie de ABC Tv, “Stage 67”, donde se hicieron buenos amigos. Junto al director, compartían varias aficiones: un carácter salvaje, el bourbon y las armas de fuego. Además de trabajar juntos en “The Wild Bunch”, también lo hicieron en “Straw Dogs”, (“Perros de paja”), de 1971 con Dustin Hoffman y Susan George, y “Junior Booner”, (“El rey del rodeo”) en 1972, con Steve McQueen, “Bring me the head of Alfredo García”, (“Quiero la cabeza de Alfredo García”), rodada en 1974 y protagonizada por Warren Oates, uno de sus actores mas habituales y “The killer elite”, (“Los aristócratas del crimen”), con James Caan y Robert Duvall, realizada en 1975. 


Hay también alguna canción en español. Especial protagonismo tiene un popular tema mejicano, “La Golondrina”, que se utiliza un par de veces. Particularmente cuando la banda se despide del pueblo mejicano donde tuvieron su último reposo. Una despedida, un adiós.
Posteriormente se escucha nuevamente al final del filme mientras vemos las imágenes de los hombres caídos.


John Wayne se quejaba de que esta película había derrumbado todos los mitos del viejo west. Tal vez sea sincero si digo que pudiera ser así, puesto que la banda de Pike, jamás da el perfil de héroes o pistoleros justicieros. Seguramente éstos, eran como la golondrina de la canción, seres errantes incapaces de volver a volar. Era su última aventura. Una aventura sin retorno. El fin de una época. El ocaso de los dinosaurios. Los últimos wilderness.

En suma un film que rezuma en sus personajes, poesía, belleza, ternura, sensibilidad, entusiasmo y vehemencia. Una cinta para degustarla de principio a fin. Una película de visionado obligatorio.



Irma la Douce (Irma la Dulce) Billy Wilder, 1963


IRMA la DOUCE (Irma la Dulce)
Billy Wilder, 1963


Hablar de Billy Wilder es tanto como hablar de uno de los reyes de la comedia de Hollywood, prolífico y genial director que cuenta por éxitos sus películas.Tiene tanto donde escoger, y se ha hablado de tanto de ellas, que en esta ocasión revisitaremos un filme, que a pesar de ser una de sus películas más exitosas, pues obtuvo un gran éxito en taquilla ya que consiguió recaudar el doble de lo que consiguieron: "The great escape" ("La gran evasión", John Sturges, 1963) y "The birds" ("Los pájaros", Alfred Hitchcok, 1963)), casi 26 millones de dólares, no obtuvo buenas opiniones entre los críticos.
Hablamos de "Irma, la Douce" ("Irma, la Dulce") de 1963 del mencionado director, quién junto a IAL Diamond firmaron el guión para la película. La música estuvo en manos del gran André Pevin, quién consiguió el Oscar a la "Mejor Música adaptada" y la fotografía corrió a cargo de un no menos genial Joseph LaShelle, quién obtuvo la nominación para la "Mejor Fotografía" en la misma edición.
Los papeles protagonistas fueron interpretados por Jack Lemmon, en un doble rol, un joven gendarme llamado Nestor Patou y el de un anciano Lord inglés en el que se caracteriza para poder abordar y ser el representante de la prostituta de la que se enamora, y Shirley MacLaine, nominada al Oscar como "Mejor Actriz", en el papel de dicha mujer de la vida. El punto de apoyo en la historia es un camarero llamado Moustache, que interpreta Lou Jacobi.



Esta cinta, es una adaptación de la comédia teatro-musical escrita por Alexandre Breffort y musicalizada por Marguerite Monnot y que Peter Brook había estrenado en 1969. En esta versión cinematográfica, Wilder, respetó la estructura original, si bien cambió el personaje de un estudiante por el de un gendarme, pero eliminó la mayor parte de sus números musicales. En conclusión el resultado fue una brillante comedia con el peculiar registro agridulce de su director, residiendo su secreto en saber mantener el equilibrio entre lo emotivo y lo sarcástico.

La película nos cuenta la historia de un joven gendarme, Nestor Patou, el cual tiene una vida sentimental muy complicada. Un día conoce a Irma la Dulce, una orgullosa y joven prostituta que desde el primer momento le vuelve loco. Este cae perdidamente enamorado de ella y pronto los celos empiezan a hacer mella en él, hasta el punto de que puede perder su empleo, algo que acabará por suceder. Se enfrentará al chulo que la explota y gracias a un golpe de suerte, se convertirá en el nuevo matón del pintoresco barrio de Les Halles, el mercado de abastos de París. A partir de ese momento y aunque con ciertos escrúpulos, vive de la chica, que lo considera su nuevo protector, y él por amor la deja hacer. Es aquí cuando el personaje comienza a sentir celos de si mismo, pero para conseguir que una joven parisina tan popular le sea fiel se disfraza de anciano Lord inglés, un hombre misterioso y sobre todo adinerado que se convierte en su único cliente, representante y medio de vida de la joven. A partir de este momento Nestor tendrá que compaginar sus dos identidades y trabajar el doble para costear los gastos de Irma.

Billy Wilder, se sintió muy atraído por la farsa de Alexandre Breffort y el desafío de llevarla a la pantalla. “Es un tema maravillo. Es la historia de un hombre celoso de si mismo”, decía. Decidió eliminar las canciones utilizadas en la versión teatral de Broadway, y junto Diamond, co-guionista, inventaron una historia de mal gusto y engaño, en que las buenas intenciones terminan siendo contaminadas por su entorno. A pesar de ser un éxito en la década de los 60, mas tarde reconocería de alguna forma también su desencanto y frustración con el resultado final.”Todos amamos el éxito, así que no puedo decir nada malo acerca de la película pero tampoco es el tipo de films a los que uno les hace la autopsia”, dijo. Y añadía: “Fallé. Fui demasiado burdo en ciertas escenas. No funcionó. Siempre hay algo malo acerca de la gente que no habla el lenguaje del país extranjero donde ocurre la trama. Y tampoco podía uno soportar a Lemmon o a MacLaine hablando inglés con acento. Suena falso. No funciona”.

El director nunca se perdonó haber roto una de sus reglas de oro, al hacer que los estadounidenses interpreten a extranjeros con un acento nativo. No pudo culpar a nadie de ello, puesto que había rechazado la propuesta de Brigitte Bardot para el papel e incluso barajó la posibilidad de encargárselo a Elisabeth Taylor, pero terminó eligiendo a Shirley MacLein para el papel principal y junto a Jack Lemmon reunir de nuevo a la exitosa pareja de "The Apartment" ("El Aparatamento", Billy Wilder) rodada cuatro años antes.
Son las paradojas producto de un realizador exigente, que no gusta de reconocer, las virtudes de su película, por buena o triunfadora que sea.

Desafortunadamente la pareja protagonista no pudo recrear la química que mostraban en "The Apartment" (que también rodaron con el genial director), en este otro estudio infinitamente mas inocente del enamoramiento sexual. Esto creo, tiene mucho que ver con la historia en sí, ya que Lemmon se ve obligado a pasar gran parte de la acción disfrazado y quizás luchando contra la facilidad cómica de la caricaturación de un millonario como recreaba Tony Curtis en "Some like hot" ("Con faldas y a lo loco") también del mismo realizador y rodada en 1959.
De hecho, la confianza de Lemmon en los gags del film para los gestos de un Lord parecen convertirse en una irritación y nos da la sensación de verlo sentirse incómodo con la insinuación abrasiva que viene a dominar la relación entre los personajes de la pareja protagonista.

A pesar de que Lemmon y MacLein estuvieron visitando a una prostituta para preparar sus roles, la única sensación de realismo nos llega a través de los juegos atmosféricos en la recreación de la Rue Casanova y el mercado de carne de Les Halles, un nombrepara una calle y una ubicación en el mercado, elegidos sutilmente y con un toal con descaro por Alexandre Trauner, que realizó los decorados de este París ficticio de la película.



"Irma la Dulce" es una cinta que va mas allá de un puro entretenimiento ligero y satírico, y es mucho mejor de lo que su reputación sugiere, y que uno de sus mayores logros consistió en el hecho de que su mejor fuese el hacer pasar tanta vulgaridad mas allá de los Censores de Producción.
En sus imágenes encontramos la quintaesencia del director, retratándonos a unos personajes tiernos y heridos, pero también jocosos. Alterna momentos alegres con otros que hielan la sonrisa, atrapa el alma de la comedia con insultante simplicidad, repartiendo bofetadas al orden bien-pensante. Era una época donde el autor estaba pletórico, acababa de entregar dos obras maestras del nivel de "El Apartamento" y "Uno, dos, tres", y se encaminaba hacia otra maravilla, "The Cookies fortune" ("En bandeja de plata").

En "Irma la Dulce" tenía a Jack Lemmon y a Shirley MacLaine en su mejor momento y dirigidos por él, solo podía salir una divertida, genial y gozosa comedia. 
Un gendarme enamorado de una prostituta, tal vez no parecía el material más adecuado para ello, pero los guionistas, Wilder y Diamond, consiguen adecuarlo a través de la sublimación y la caricatura. El resultado es tan artificial como delicioso y nada musical. Dejan la música en el trastero del decorado y se dedican a explorar las posibilidades cómicas del singular grupo humano que querían retratar.

Siendo la prostituta una de las figuras mas penetrantes de la literatura, en la pantalla es usualmente retratada como una hospedera dura o como una figura trágica apoyada a una farola. Sin embargo en esta cinta estas damas de la calle, sin importarles sus problemas, forman un grupo bullicioso. Este era el espíritu que los dos co-guionistas trataron de capturar, ya que toda la problemática social y personal queda a un lado. No pretenden juzgarlas ni burlarse de ellas, sino que mas bien pasan por convertirse en una imagen crítica contra la doble moral y la hipocresía de la que en realidad son victimas, y lo consiguen despojando de seriedad y tridimensionalidad a todos los personajes del filme, que pasan a ser caricaturas que viven en esa ciudad artificial creada por Alexandre Trauner.

Es en suma una película donde el asunto es de atmósfera, de sabor y de cierta picardía, aunada a un inocultable y paradójico candor que sazonan cada una de las situaciones y las hacen realmente entrañables, sin la sordidez que un tema como este podría reflejar. Llena de juegos verbales, dobles sentidos, diálogos chispeantes, unos giros poco convencionales y un barman, Moustache, interpretado por un Lou Jacobi que en una interpretación sencillamente genial pasa a ser el narrador perfecto.
Los diálogos, los colores, la ambientación y la música son de tal referencia gráfica que el espectador comprende al instante que Billy Wilder no se tomaba en serio el tema de la película. Estaba rodando una comedia.





Los críticos cinematográficos del momento no estaban muy contentos y le dedicaron lindezas del calibre de “un modelo salaz, de mal gusto, obsceno y ofensivo repleto de vulgaridad”, o “el espectáculo mas vulgar, vergonzoso y repugnante del año. Un ejercicio impúdico y ridículo de pornografía mas adecuado para un prostíbulo que para su exhibición en salas comerciales".

Aunque sea dicho de paso, y conociendo la moralidad estadounidense de la época, tampoco es de extrañar. A pesar de todo constituyó un éxito de taquilla y el realizador les metió un gol antológico a todos los moradores de la hipocresía, que abundaban en aquellos años.

Es esta una película de amores difíciles en una cinta llena de encanto, que continua siendo un modelo de comedia divertida, fresca, sana y hasta ligeramente ingénua. 
Adelantada a su época, de ahí las burdas opiniones de la crítica que no supieron apreciarla, sigue luciendo un empaque temerario, pero su contenido es transparente y candoroso. Una secuencia llena de bromas, tanto verbales como visuales y en la que el personaje de Lemmon se prepara para su primera noche carnal, es subrayada por una magnífica trampa muy seductora, la música, con la que André Pevin escribe una partitura romántica, no eroticamente romántica, sino dulce y simple y sin tener en cuenta, en un principio, las bromas. El resultado fue una escena curiosamente conmovedora. El músico fue galardonado justamente por la Academia.

Una película totalmente imprescindible, que recomiendo a todos aquellos que no la hayan visto e invito a su reviosionado a los que si lo hicieron.

Louis Cypher, como siempre, que tengais buen cine...y mucha suerte.

miércoles, 29 de mayo de 2019

"The Killing" (Atraco perfecto) Stanley Kubrick, 1956

THE KILIING (Atraco perfecto) 
Stanley Kubrick, 1956

                  
Bienvenidos a El diván de Louis Cypher. En esta ocasión hablaremos de, bajo mi punto de vista, una de las mejores películas de cine negro de la historia del séptimo arte. Se trata de The Killing, Atraco perfecto en España. Supone la tercera película del prolífico y genial director Stanley Kubrick, que la rodó en 1956. Podemos considerar a Kubrick como un perdedor de Hollywood, pues estuvo nominado al Oscar en 4 ocasiones como director y en 5 como guionista y nunca lo ganó. Una de las mayores injusticias de la Academia. Poseedor de títulos inolvidables como: Senderos de Gloria (1957), Espartaco (1960), Lolita (1962), Dr. Strangelove (1964), 2001 Odisea en el espacio (!968), La naranja mecánica (1971), Barry Lindon (1975), El resplandor (1980) o La chaqueta metálica (1987), esta es para el que firma uno de sus mejores logros. Basada en la novela de 1955 Clean Break de Lionel White. El guión para la misma lo escribió el propio Kubrick y contó con el novelista Jim Thompson para los diálogos, exprimiéndole todo el zumo de la imaginación y logrando que escribiese una de las composiciones cinematográficas geometricamente, mas precisas que se recuerdan. El guión dibuja a la perfección a unos atracadores que suscitan la simpatía del espectador y deja para el recuerdo unos intensos diálogos como cuando escuchamos a Johnny decirle a la mujer fatal: “Te gusta el dinero. Tienes un dólar donde la mayoría de las mujeres tienen un corazón”.

Obra maestra del género, el director que contaba tan solo con 28 años cuando la realizó, contó con Gerald Fried para la música y con el gran Lucien Ballard para aprovechar su magnífica fotografía austera y seca, de luces y sombras, que reflejan la contundencia de unas situaciones filmadas con precisión por un Kubrick lleno de energía y que alcanzan el climax en su irónico final. La película rodada en blanco y negro y de tan solo unos sorprendentes 83 min. Utiliza un sistema narrativo no lineal, y desde los distintos puntos de vista de todos los protagonistas. Algo que vemos en cineastas contemporáneos como Guy Ritchie o Quentin Tarantino, quien para su afamada ópera prima, Reservoir Dogs y la posterior Pulp Fiction no dudaría en ser descarado en su aplicación.
Sin contar con ninguna estrella, tan solo con Sterling Hayden que venía de rodar La jungla de asfalto, 1950 con John Huston y con la que este filme sufrió injustas comparaciones, reunió para el reparto al ya nombrado Hayden que interpreta a Johnny, el cerebro del plan y un magnífico plantel de actores secundarios como Coleen Gray, que interpreta a Fay, prometida de Johnny, VincentEdwards, Jay C. Flippen, Elisha Cook Jr., Ted de Corsia y Jay Adler y por supuesto una mujer fatal, sensual y extraordinaria, como siempre, Marie Windsor. Todo un plantel de actores de reparto de auténtico lujo.
Una cinta para mayor gloria de personajes perdedores, en este caso por partida doble: en forma de mujer fatal y en forma de mala suerte. Todo parece indicar que el protagonista conseguirá un final feliz junto a su amada, pera dicha mala suerte aparece y lo convierte en otro negro muy distinto. El interés de la película va en aumento hasta el final, cuando en un colofón sublime, en el aeropuerto donde espera coger el avión para escapar Johnny y su prometida, llevan el dinero en una maleta que deben facturar, pues no les permiten llevarla en mano y es transportada por el vehículo apropiado con con tal fatalidad que un pequeño perro que escapa de los brazos de su dueña, y corre ladrando hacia el mismo, obliga al chófer a frenar tan bruscamente que la maleta cae al suelo abriéndose y lanzando al viento los múltiples billetes que contenía, después de que Johnny haya sorteado todos los obstáculos de autoridades y policías para ver quebrarse su sueño con esa absurda insignificancia y todo ante su atenta mirada y la de su novia. Finalmente él decide no escapar y es detenido. Previamente, nos ha ido repitiendo una y otra vez la secuencia del inicio de la carrera de caballos, donde vemos al protagonista junto a su novia a través de una verja, como evidente presagio del fatídico desenlace que vemos reflejado en el rostro del protagonista al final de la cinta. Probablemente una de las mas formidables imágenes del fracaso jamás rodada. Todo un prodigio de montaje/edición elaborado por el director.


                           
  Este no era el final que deseaba Kubrick, pues su intención era que el atraco fuese realmente perfecto, pero contentar a la censura de la época supuso darle un pequeño giro. No era posible que el malhechor saliera indemne. Aún y así, no desmerece en nada la cinta puesto que es de una sutileza tan grande que deja al espectador boquiabierto al ver volar los billetes.
El filme narra un robo meticulosamente planeado y que desemboca en una terrible masacre. El plan se tambalea a partir de que la mujer de uno de los ladrones, Sherry, papel que interpreta Marie Windsor convence a su marido, un impagable Elisha Cook Jr., para que le revele el día y hora del atraco para luego seducir a su amante y robarle el botín al cerebro del plan. Un momento estelar del personaje de la mujer fatal, todo un modelo de seducción femenina. De hecho su plan sale bien, a pesar de que la banda consigue el botín, ninguno espera la traición de la mujer del cajero, quien con su marido y un amigo, amante de la misma, dejan malheridos a todos los componentes del gang, pero el cajero, que resulta también malherido logra matarla y los demás caen manos de la policia. A pesar de todo Johnny y su prometida se quedan con el dinero y van a coger un vuelo para huir.
En una escena inicial, el protagonista recuerda que después de pasar cinco años en prisión por un pequeño robo, ahora está decidido a dar el golpe definitivo. “Mi error fue apuntar demasiado bajo. Cinco años de prisión me han enseñado una cosa: Si te arriesgas, asegurate de que vale la pena. Te encierran igual por robar diez dólares que un millón”, dice el protagonista, en otro de esos diálogos creados por Thompson y con el que arranca practicamente la película. En otra secuéncia posterior, vemos un plano en el que Johnny expresa sus intenciones a Fay, su prometida, con los rostros de la pareja enmarcados por la sombra en cruz que proyecta la ventana del pequeño apartamento en el que se encuentran, haciéndonos presagiar el peor de los desenlaces.
Desde la primera secuencia vemos cómo todo está perfectamente planeado hasta el último detalle, con una minuciosidad elaborada como un preciso mecanismo de relojería, haciendo de los saltos temporales, en avance y retroceso, una de las mejores bazas del filme, y esa equivaléncia entre el minucioso plan y la puesta en escena del director no es ni mucho menos casual, si atendemos, a otro de esos fantásticos diálogos, cuando el luchador Maurice, interpretado por Kola Kwarian le dice al protagonista: “Siento lástima por ti, Johnny. Aún no has aprendido que tienes que ser como todo el mundo. El mediocre perfecto. Ni mejor, ni peor. La individualidad es un monstruo que debe ser asfixiado en la cuna para que nuestros amigos se sientan a gusto. A menudo pienso que los artistas y los gángsteres son iguales a los ojos de las masas. Se les admira y se les venera, pero siempre sienten un deseo de verlos caer cuando están en la cima de su gloria”, sentencia el amigo. Unas palabras que parecen sacadas de un joven Kubrick augurando, ya en sus inicios como director, las vicisitudes con las que se enfrentaría a lo largo de su trayectoria en el complejo mundo de la industria cinematográfica.
La acción de la película se desarrolla en la semana que transcurre desde el sábado en que tiene lugar la primera reunión de la banda, hasta la ejecución del golpe el sábado siguiente.
Fragmentada en pequeños episodios en los que una voz en off nos va situando el momento y lugar precisos de cada acción, con una descripción detalladísima de cada uno de los movimientos de los miembros de la banda: “Aquella misma mañana a las cinco, Red Lightning recibió media ración de pienso”...”A las siete, Johnny Clay empezó el que podría ser el último día de su vida”,,,”Eran exactamente las siete cuando marchó al aeropuerto”...”Pasó por una floristeria y llegó al motel a las 8:15 h”...en una cadencia que se va acelerando freneticamente hasta culminar con el inicio de la séptima carrera, momento en el que Kubrick nos muestra por primera vez la imagen de los caballos corriendo a toda velocidad por la pista del hipódromo. Ese es el momento en el que debe iniciarse el atraco, pero justo en ese instante la aparición de Marvin, el amante despechado, completamente borracho, supone el primer indicio de que nada va a salir según lo planeado. Como si uno de esos imprescindibles resortes del minucioso entramado se hubiera dañado. La concatenación de las acciones que antes avanzaba a un ritmo cada vez mas alto sufrirá a partir de ese momento continuos retrocesos temporales para acabar repitiendo una y otra vez la imagen del inicio de la esperada séptima carrera. Tras esta secuencia inicial en la que los miembros quedan citados esa misma tarde, el director va presentando cada uno de los personajes y sus motivaciones para participar en el atraco.

Un agente de policía acosado por la mafia a causa de sus deudas, el barman del hipódromo en el que planean dar el golpe, y que espera poder cuidar mejor de su esposa enferma con el dinero obtenido, el taquillero del hipódromo que ansía convertirse en un hombre rico para obtener el afecto de su codiciosa esposa y los oscuros motivos de un solitario, interpretado por Marvin Unger, componente de la banda y amante seducido al igual que el pobre diablo del marido, por Sherry Peatty, el personaje de Marie Windsor, donde Kubrick deja entrever una posible atracción sexual hacia el protagonista, en la secuencia en la este le propone olvidarse de su amante, después del atraco y le plantea en otro de esos ya célebres diálogos: “Has tenido muchos recesos y has cometido algunos errores. Pero después de hoy, si el buen Señor lo permite, serás un hombre nuevo. Un hombre rico. Y eso puede marcar la diferencia. Tengo mucha vida por delante. Mucha gente para conocer. Personas de calidad y sustancia”, dice Marvin. “¿Que estas consiguiendo?", pregunta Johnny. “No sería fantástico si nos pudieramos ir, los dos, y dejar que el viejo mundo de un par de vueltas, y tener la oportunidad de hacer una balance de las cosas? Puede ser bastante grave y terrible, especialmente si no es la persona adecuada. Casarme quiero decir”. Responde Marvin.

Es una película con un guión y un montaje fantásticos y precisos que hace que el espectador no pueda descubrir todo el ensamblaje. Editada al máximo, acentuada por fundidos a negro, una desapegada voz en off y con una duración de 83 min, que el cineasta defendió en rueda de prensa después de su estreno con un: “Si lo que tienes que contar da para 83 min, para que hacer un film de 120 min.”, nos lleva constantemente hacia atrás en la trama. Mantiene la expectación de la captura, la traición y la muerte con un apasionante ejemplo de desvío de atención narrativa. Una cinta sin las pretenciones ampulosas que a veces encontramos en posteriores trabajos del realizador, tratando cada plano como un ejercicio creativo único. De ahí que piense que es practicamente su mejor trabajo, puesto que es el más perfectamente concebido y ejecutado por el director, combinando un enfoque preciso y desapasionado. Un tratamiento de personajes y una estructura puzzle que la diferencia del resto films negros. Una película magistral que llamó la atención del mundo entero y que no ha perdido su frescura y originalidad, ni ha mermado un ápice su impacto con el paso de los años.

En suma una película de visionado obligatorio para todos los amantes del cine y que no debería perderse nadie. Simple y llanamente, una obra maestra.


La Paloma (Daniel Schmid, 1974) 1


  LA PALOMA

     Daniel Schmid, 1974  


La Paloma es una película de coproducción suizo-francesa, dirigida y guionizada por Daniel Schmid (1941-2006), y rodada en 1974.
Podríamos enmarcarla en un género de Drama-Fantástico-Romance. Es este un filme dificilmente comprensible sin la ópera, La ciudad muerta compuesta por Erich Wolfgang Korngold (1897-1957). La música corre a cargo del genial Max Steiner y de Gottfried Hünsberg, además de incluir ocasionalmente la ópera de Korngold, que el director habilmente utiliza al incluir el Lied de Marietta del compositor para poner música a una situación dramática distinta, creando un remanso de paz en medio de la pesadilla surrealista de la trama. La fotografía, durante la apertura del filme es del propio Daniel Schmid, para pasar a tomar las riendas, durante el resto de la cinta, el director de fotografía Renato Berta, que se vale del expresionismo alemán para configurar las imágenes.
En el reparto, además de alguna habitual de Fassbinder como Bulle Ogier, genial aquí en su trabajo aunque tal vez algo maltratada y una actriz como Ingrid Caven, tremendamente increíble en este tipo de films. También están Peter Kern, Peter Chatel, Beatrice Stoll, Ludmilla Tudcek, Irene Olgiattti, Manon, Pierre Edernac y Roland Jouby que completan el cast.

La película nos cuenta la historia de Viola Schlump, de nombre artístico: La Paloma. Allí donde le toque a la diva presentarse, siempre se encuentra entre el público el conde Isidor Palewski, un joven corpulento que la ha seguido de un tugurio a otro durante años, a pesar de sus continuos fracasos por llamar su atención. Tras serle diagnosticada una tuberculosis avanzada, finalmente Viola accederá a convertirse en amante del conde. Isidor la lleva a las mejores clínicas europeas donde Viola se recupera inesperadamente y comienza a enamorarse, no tanto de Isidor como de su amor por ella, hasta aceptar casarse con él. Pero cuando la fe en su amor empiece a flaquear, Viola volverá a enfermarse y se dispondrá a emprender una venganza.

La Paloma es un trabajo mucho mas inescrutable y posiblemente más distintivo del director que cualquiera de sus otras obras. Una trama sobre un amor increiblemente extremo, y la confusión y los límites que este tipo de amor imposible puede traer también.

El realizador convierte a este cuento en un poema, un juego de asociaciones alrededor de los temas románticos, del amor, la muerte y la tumba. Incluso podemos añadir que Schmid, muestra una fascinación casi atormentada por el deseo de examinar a las criaturas de la noche, los materiales de la nostalgia y la desesperación.
Algo similar a las películas de Werner Schroeter, considerado un innovador, radical y destacado actor, guionista, director teatral y cineasta de la postguerra, del mismo periodo de tiempo, el director utiliza la música de Korngold, en una de las similitudes cinematográficas respecto de la música pop que usaba Schroeter, y la sacarina de los años 20, aunque lo hace con gran eficacia consiguiendo motivar la trama.
Aunque tal vez la película de Schmid no es tan vertiginosa como las películas de Schroeter, si se adapta mejor a su ritmo, con un estilo que le acerca a trabajos mas complejos e impenetrables como los de Hans-Jürgen Syberbergacólito de Fassbinder, menos conocido, sean una mejor comparación, particularmente en relación con la escasa cantidad de diálogo. Unas comparaciones, que tal vez puedan considerarse, probablemente inadecuadas para expresar cuan alusivas y difíciles de precisar son las que encontramos en La Paloma.

La cinta es un ejercicio embriagador sobre el exceso. El realizador, mezcla la pasión operística de La Traviatta, la decadencia estilizada de Stroheim y Sternberg y la alegría macabra del Grand Guignol. En parte ópera, en parte victoriana y de romance gótico, con una buena dosis de surrealismo que juega con una lentitud intensamente educada, casi sonambulante, especialmente en una larga escena, casi sin diálogo, en la que la película da muestras de esa impenetrabilidad comentada. Incluso cuando cuando finalmente la obra se asienta en una historia, relativamente mas coherente de amor condenado e inalcanzable, Schmid hace muy pocas concesiones a una posible audiéncia convencional.

Con el ritmo de la fusión húmeda y los actores que se detienen por un tiempo excesivo antes de entregar cada línea de apoyo, la película, por momentos, casi corre el riesgo de interpretarse como una autoparodia de lo que algunas personas creen son este tipo de cintas, tildándolas de films de arte extranjero pretenciosas, aunque ciertamente existen algunas que merecen ese calificativo.

A pesar de todo ello, Schmid, demuestra tener un gran ojo para los efectos visuales, como también podemos comprobar en otra de sus películas, Shadow of Angels (La sombra de los ángeles) rodada en 1976, pero en La Paloma particularmente, traza una iluminación llamativa, unos disfraces opulentos y una escenografía y paisajes suizos pintorescos que la dotan de una impronta mas personal. Un esplendor visual que tampoco facilita la comprensión del filme para el espectador medio, haciéndola una obra compleja y difícil de entender, pero si que le aporta, cuando menos, un distintivo único. Algo muy propio de los artistas en general, y que sin embargo es un escaparate valioso para los idiosincráticos talentos de este director suizo.

Podemos concluir que La Paloma, es una estilización de lo melodramático con elementos narrativos ajenos a lo convencional y que deja una impresión perdurable sin necesidad de brutalidades ni crueldad y de cierto aire kitsch. Algo que se comprueba en medio de la acción dramática cuando la bella y turbia protagonista, en un decorado ajeno a la realidad del filme, se pone a cantar el Lied de Marietta, del primer acto de La ciudad muerta de Korngold y aparece el corpulento conde que la pretendia, sobre un paisaje celestial de pintura y luz eléctrica.


Reseñar también que Erich Wolfgang Korngold, que había estrenado con éxito esa ópera en 1920, fue un creador trascendental en la historia del séptimo arte, creando las partituras para películas como: Another Dawn (Otro amanecer) de William Deterle, 1937 y The sea hawk (El halcón del mar) de Michael Curtiz, 1940, fue el auténtico pionero de la fórmula de la música cinematográfica vigente durante casi dos décadas, siendo reivindicado con su propia música por compositores como John Williams.

Hoy en día se considera que La ciudad muerta, es una de las diez grandes ópera del siglo pasado, y tal vez por ello, Daniel Schmid, que lo intuyó mucho antes, rinde de alguna forma un sentido y gran homenaje al compositor, en esta surrealista y sugerente cinta como es La Paloma.



lunes, 27 de mayo de 2019

"The Killing" (Atraco perfecto) Stanley Kubrick, 1956


"The Killing" (Atraco perfecto) Stanley Kubrick, 1956

Una película de visionado obligatorio para todos los amantes del género y del cine en general. Nadie debería perdérsela. Simple y llanamente, una obra maestra.

The Killing (Atraco perfecto) Stanley Kubrick, 1956




El diván de Louis Cypher

               El diván de Louis Cypher


Louis Cypher al teclado. Obsoletos, denostados, pulcros y olvidados. Meretrices, santas, cenicientas de saldo y esquina, perfúmenes. Tenderos, navajeros y gentes de mal ver, y barmans, sobre todo barmans, camareros raudos y veloces. Princesitas estanqueras, de grandes tetas y maravillosa esfera. Ratas y ratones. Incultos, desactivados, generadores de locura y toma- pastillas incautos. Este es vuestro lugar, una suerte de pequeño infierno loco donde hay aire acondicionado para joder la capa de ozono. Louis Cypher, vuestro demónio.