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viernes, 31 de mayo de 2019

Irma la Douce (Irma la Dulce) Billy Wilder, 1963


IRMA la DOUCE (Irma la Dulce)
Billy Wilder, 1963


Hablar de Billy Wilder es tanto como hablar de uno de los reyes de la comedia de Hollywood, prolífico y genial director que cuenta por éxitos sus películas.Tiene tanto donde escoger, y se ha hablado de tanto de ellas, que en esta ocasión revisitaremos un filme, que a pesar de ser una de sus películas más exitosas, pues obtuvo un gran éxito en taquilla ya que consiguió recaudar el doble de lo que consiguieron: "The great escape" ("La gran evasión", John Sturges, 1963) y "The birds" ("Los pájaros", Alfred Hitchcok, 1963)), casi 26 millones de dólares, no obtuvo buenas opiniones entre los críticos.
Hablamos de "Irma, la Douce" ("Irma, la Dulce") de 1963 del mencionado director, quién junto a IAL Diamond firmaron el guión para la película. La música estuvo en manos del gran André Pevin, quién consiguió el Oscar a la "Mejor Música adaptada" y la fotografía corrió a cargo de un no menos genial Joseph LaShelle, quién obtuvo la nominación para la "Mejor Fotografía" en la misma edición.
Los papeles protagonistas fueron interpretados por Jack Lemmon, en un doble rol, un joven gendarme llamado Nestor Patou y el de un anciano Lord inglés en el que se caracteriza para poder abordar y ser el representante de la prostituta de la que se enamora, y Shirley MacLaine, nominada al Oscar como "Mejor Actriz", en el papel de dicha mujer de la vida. El punto de apoyo en la historia es un camarero llamado Moustache, que interpreta Lou Jacobi.



Esta cinta, es una adaptación de la comédia teatro-musical escrita por Alexandre Breffort y musicalizada por Marguerite Monnot y que Peter Brook había estrenado en 1969. En esta versión cinematográfica, Wilder, respetó la estructura original, si bien cambió el personaje de un estudiante por el de un gendarme, pero eliminó la mayor parte de sus números musicales. En conclusión el resultado fue una brillante comedia con el peculiar registro agridulce de su director, residiendo su secreto en saber mantener el equilibrio entre lo emotivo y lo sarcástico.

La película nos cuenta la historia de un joven gendarme, Nestor Patou, el cual tiene una vida sentimental muy complicada. Un día conoce a Irma la Dulce, una orgullosa y joven prostituta que desde el primer momento le vuelve loco. Este cae perdidamente enamorado de ella y pronto los celos empiezan a hacer mella en él, hasta el punto de que puede perder su empleo, algo que acabará por suceder. Se enfrentará al chulo que la explota y gracias a un golpe de suerte, se convertirá en el nuevo matón del pintoresco barrio de Les Halles, el mercado de abastos de París. A partir de ese momento y aunque con ciertos escrúpulos, vive de la chica, que lo considera su nuevo protector, y él por amor la deja hacer. Es aquí cuando el personaje comienza a sentir celos de si mismo, pero para conseguir que una joven parisina tan popular le sea fiel se disfraza de anciano Lord inglés, un hombre misterioso y sobre todo adinerado que se convierte en su único cliente, representante y medio de vida de la joven. A partir de este momento Nestor tendrá que compaginar sus dos identidades y trabajar el doble para costear los gastos de Irma.

Billy Wilder, se sintió muy atraído por la farsa de Alexandre Breffort y el desafío de llevarla a la pantalla. “Es un tema maravillo. Es la historia de un hombre celoso de si mismo”, decía. Decidió eliminar las canciones utilizadas en la versión teatral de Broadway, y junto Diamond, co-guionista, inventaron una historia de mal gusto y engaño, en que las buenas intenciones terminan siendo contaminadas por su entorno. A pesar de ser un éxito en la década de los 60, mas tarde reconocería de alguna forma también su desencanto y frustración con el resultado final.”Todos amamos el éxito, así que no puedo decir nada malo acerca de la película pero tampoco es el tipo de films a los que uno les hace la autopsia”, dijo. Y añadía: “Fallé. Fui demasiado burdo en ciertas escenas. No funcionó. Siempre hay algo malo acerca de la gente que no habla el lenguaje del país extranjero donde ocurre la trama. Y tampoco podía uno soportar a Lemmon o a MacLaine hablando inglés con acento. Suena falso. No funciona”.

El director nunca se perdonó haber roto una de sus reglas de oro, al hacer que los estadounidenses interpreten a extranjeros con un acento nativo. No pudo culpar a nadie de ello, puesto que había rechazado la propuesta de Brigitte Bardot para el papel e incluso barajó la posibilidad de encargárselo a Elisabeth Taylor, pero terminó eligiendo a Shirley MacLein para el papel principal y junto a Jack Lemmon reunir de nuevo a la exitosa pareja de "The Apartment" ("El Aparatamento", Billy Wilder) rodada cuatro años antes.
Son las paradojas producto de un realizador exigente, que no gusta de reconocer, las virtudes de su película, por buena o triunfadora que sea.

Desafortunadamente la pareja protagonista no pudo recrear la química que mostraban en "The Apartment" (que también rodaron con el genial director), en este otro estudio infinitamente mas inocente del enamoramiento sexual. Esto creo, tiene mucho que ver con la historia en sí, ya que Lemmon se ve obligado a pasar gran parte de la acción disfrazado y quizás luchando contra la facilidad cómica de la caricaturación de un millonario como recreaba Tony Curtis en "Some like hot" ("Con faldas y a lo loco") también del mismo realizador y rodada en 1959.
De hecho, la confianza de Lemmon en los gags del film para los gestos de un Lord parecen convertirse en una irritación y nos da la sensación de verlo sentirse incómodo con la insinuación abrasiva que viene a dominar la relación entre los personajes de la pareja protagonista.

A pesar de que Lemmon y MacLein estuvieron visitando a una prostituta para preparar sus roles, la única sensación de realismo nos llega a través de los juegos atmosféricos en la recreación de la Rue Casanova y el mercado de carne de Les Halles, un nombrepara una calle y una ubicación en el mercado, elegidos sutilmente y con un toal con descaro por Alexandre Trauner, que realizó los decorados de este París ficticio de la película.



"Irma la Dulce" es una cinta que va mas allá de un puro entretenimiento ligero y satírico, y es mucho mejor de lo que su reputación sugiere, y que uno de sus mayores logros consistió en el hecho de que su mejor fuese el hacer pasar tanta vulgaridad mas allá de los Censores de Producción.
En sus imágenes encontramos la quintaesencia del director, retratándonos a unos personajes tiernos y heridos, pero también jocosos. Alterna momentos alegres con otros que hielan la sonrisa, atrapa el alma de la comedia con insultante simplicidad, repartiendo bofetadas al orden bien-pensante. Era una época donde el autor estaba pletórico, acababa de entregar dos obras maestras del nivel de "El Apartamento" y "Uno, dos, tres", y se encaminaba hacia otra maravilla, "The Cookies fortune" ("En bandeja de plata").

En "Irma la Dulce" tenía a Jack Lemmon y a Shirley MacLaine en su mejor momento y dirigidos por él, solo podía salir una divertida, genial y gozosa comedia. 
Un gendarme enamorado de una prostituta, tal vez no parecía el material más adecuado para ello, pero los guionistas, Wilder y Diamond, consiguen adecuarlo a través de la sublimación y la caricatura. El resultado es tan artificial como delicioso y nada musical. Dejan la música en el trastero del decorado y se dedican a explorar las posibilidades cómicas del singular grupo humano que querían retratar.

Siendo la prostituta una de las figuras mas penetrantes de la literatura, en la pantalla es usualmente retratada como una hospedera dura o como una figura trágica apoyada a una farola. Sin embargo en esta cinta estas damas de la calle, sin importarles sus problemas, forman un grupo bullicioso. Este era el espíritu que los dos co-guionistas trataron de capturar, ya que toda la problemática social y personal queda a un lado. No pretenden juzgarlas ni burlarse de ellas, sino que mas bien pasan por convertirse en una imagen crítica contra la doble moral y la hipocresía de la que en realidad son victimas, y lo consiguen despojando de seriedad y tridimensionalidad a todos los personajes del filme, que pasan a ser caricaturas que viven en esa ciudad artificial creada por Alexandre Trauner.

Es en suma una película donde el asunto es de atmósfera, de sabor y de cierta picardía, aunada a un inocultable y paradójico candor que sazonan cada una de las situaciones y las hacen realmente entrañables, sin la sordidez que un tema como este podría reflejar. Llena de juegos verbales, dobles sentidos, diálogos chispeantes, unos giros poco convencionales y un barman, Moustache, interpretado por un Lou Jacobi que en una interpretación sencillamente genial pasa a ser el narrador perfecto.
Los diálogos, los colores, la ambientación y la música son de tal referencia gráfica que el espectador comprende al instante que Billy Wilder no se tomaba en serio el tema de la película. Estaba rodando una comedia.





Los críticos cinematográficos del momento no estaban muy contentos y le dedicaron lindezas del calibre de “un modelo salaz, de mal gusto, obsceno y ofensivo repleto de vulgaridad”, o “el espectáculo mas vulgar, vergonzoso y repugnante del año. Un ejercicio impúdico y ridículo de pornografía mas adecuado para un prostíbulo que para su exhibición en salas comerciales".

Aunque sea dicho de paso, y conociendo la moralidad estadounidense de la época, tampoco es de extrañar. A pesar de todo constituyó un éxito de taquilla y el realizador les metió un gol antológico a todos los moradores de la hipocresía, que abundaban en aquellos años.

Es esta una película de amores difíciles en una cinta llena de encanto, que continua siendo un modelo de comedia divertida, fresca, sana y hasta ligeramente ingénua. 
Adelantada a su época, de ahí las burdas opiniones de la crítica que no supieron apreciarla, sigue luciendo un empaque temerario, pero su contenido es transparente y candoroso. Una secuencia llena de bromas, tanto verbales como visuales y en la que el personaje de Lemmon se prepara para su primera noche carnal, es subrayada por una magnífica trampa muy seductora, la música, con la que André Pevin escribe una partitura romántica, no eroticamente romántica, sino dulce y simple y sin tener en cuenta, en un principio, las bromas. El resultado fue una escena curiosamente conmovedora. El músico fue galardonado justamente por la Academia.

Una película totalmente imprescindible, que recomiendo a todos aquellos que no la hayan visto e invito a su reviosionado a los que si lo hicieron.

Louis Cypher, como siempre, que tengais buen cine...y mucha suerte.

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