IRMA la DOUCE (Irma la Dulce)
Billy Wilder, 1963
Hablar de Billy Wilder es tanto como hablar de uno de los reyes de la comedia de Hollywood, prolífico y genial director que cuenta por éxitos sus películas.Tiene tanto donde escoger, y se ha hablado de tanto de ellas, que en esta ocasión revisitaremos un filme, que a pesar de ser una de sus películas más
exitosas, pues obtuvo un gran éxito en taquilla ya que consiguió
recaudar el doble de lo que consiguieron: "The great escape" ("La gran
evasión", John Sturges, 1963) y "The birds" ("Los pájaros", Alfred Hitchcok, 1963)), casi 26
millones de dólares, no obtuvo buenas opiniones entre los críticos.
Hablamos de "Irma, la Douce" ("Irma, la
Dulce") de 1963 del mencionado director, quién junto a IAL Diamond
firmaron el guión para la película. La música estuvo en manos del
gran André Pevin, quién consiguió el Oscar a la "Mejor Música
adaptada" y la fotografía corrió a cargo de un no menos genial
Joseph LaShelle, quién obtuvo la nominación para la "Mejor Fotografía" en
la misma edición.
Los papeles protagonistas fueron
interpretados por Jack Lemmon, en un doble rol, un joven gendarme
llamado Nestor Patou y el de un anciano Lord inglés en el que se
caracteriza para poder abordar y ser el representante de la
prostituta de la que se enamora, y Shirley MacLaine, nominada al
Oscar como "Mejor Actriz", en el papel de dicha mujer de la vida. El
punto de apoyo en la historia es un camarero llamado Moustache, que
interpreta Lou Jacobi.
Esta cinta, es una adaptación de la
comédia teatro-musical escrita por Alexandre Breffort y musicalizada
por Marguerite Monnot y que Peter Brook había estrenado en 1969. En
esta versión cinematográfica, Wilder, respetó la estructura
original, si bien cambió el personaje de un estudiante por el de un
gendarme, pero eliminó la mayor parte de sus números musicales. En
conclusión el resultado fue una brillante comedia con el peculiar
registro agridulce de su director, residiendo su secreto en saber
mantener el equilibrio entre lo emotivo y lo sarcástico.
La película nos cuenta la historia de
un joven gendarme, Nestor Patou, el cual tiene una vida sentimental
muy complicada. Un día conoce a Irma la Dulce, una orgullosa y joven
prostituta que desde el primer momento le vuelve loco. Este cae
perdidamente enamorado de ella y pronto los celos empiezan a hacer
mella en él, hasta el punto de que puede perder su empleo, algo que
acabará por suceder. Se enfrentará al chulo que la explota y gracias
a un golpe de suerte, se convertirá en el nuevo matón del
pintoresco barrio de Les Halles, el mercado de abastos de París. A
partir de ese momento y aunque con ciertos escrúpulos, vive de la
chica, que lo considera su nuevo protector, y él por amor la deja
hacer. Es aquí cuando el personaje comienza a sentir celos de si
mismo, pero para conseguir que una joven parisina tan popular le sea
fiel se disfraza de anciano Lord inglés, un hombre misterioso y
sobre todo adinerado que se convierte en su único cliente,
representante y medio de vida de la joven. A partir de este momento Nestor
tendrá que compaginar sus dos identidades y trabajar el doble para
costear los gastos de Irma.
Billy Wilder, se sintió muy atraído
por la farsa de Alexandre Breffort y el desafío de llevarla a la
pantalla. “Es un tema maravillo. Es la historia de un hombre celoso
de si mismo”, decía. Decidió eliminar las canciones utilizadas en
la versión teatral de Broadway, y junto Diamond, co-guionista,
inventaron una historia de mal gusto y engaño, en que las buenas
intenciones terminan siendo contaminadas por su entorno. A pesar de
ser un éxito en la década de los 60, mas tarde reconocería de
alguna forma también su desencanto y frustración con el resultado
final.”Todos amamos el éxito, así que no puedo decir nada malo
acerca de la película pero tampoco es el tipo de films a los que uno
les hace la autopsia”, dijo. Y añadía: “Fallé. Fui demasiado
burdo en ciertas escenas. No funcionó. Siempre hay algo malo acerca
de la gente que no habla el lenguaje del país extranjero donde
ocurre la trama. Y tampoco podía uno soportar a Lemmon o a MacLaine
hablando inglés con acento. Suena falso. No funciona”.
El director nunca se perdonó haber
roto una de sus reglas de oro, al hacer que los estadounidenses
interpreten a extranjeros con un acento nativo. No pudo culpar a
nadie de ello, puesto que había rechazado la propuesta de Brigitte
Bardot para el papel e incluso barajó la posibilidad de encargárselo
a Elisabeth Taylor, pero terminó eligiendo a Shirley MacLein para el
papel principal y junto a Jack Lemmon reunir de nuevo a la exitosa
pareja de "The Apartment" ("El Aparatamento", Billy Wilder) rodada cuatro años antes.
Son las paradojas producto de un
realizador exigente, que no gusta de reconocer, las virtudes de su
película, por buena o triunfadora que sea.
Desafortunadamente la pareja
protagonista no pudo recrear la química que mostraban en "The
Apartment" (que también rodaron con el genial director), en este otro estudio infinitamente
mas inocente del enamoramiento sexual. Esto creo, tiene mucho que ver
con la historia en sí, ya que Lemmon se ve obligado a pasar gran
parte de la acción disfrazado y quizás luchando contra la facilidad
cómica de la caricaturación de un millonario como recreaba Tony
Curtis en "Some like hot" ("Con faldas y a lo loco") también del mismo realizador y rodada en
1959.
De hecho, la confianza de Lemmon en los
gags del film para los gestos de un Lord parecen convertirse en una
irritación y nos da la sensación de verlo sentirse incómodo con la insinuación
abrasiva que viene a dominar la relación entre los personajes de la
pareja protagonista.
A pesar de que Lemmon y MacLein
estuvieron visitando a una prostituta para preparar sus roles, la
única sensación de realismo nos llega a través de los juegos
atmosféricos en la recreación de la Rue Casanova y el mercado de
carne de Les Halles, un nombrepara una calle y una ubicación en el mercado, elegidos sutilmente y con un toal con descaro por Alexandre Trauner, que realizó los decorados de este París
ficticio de la película.
"Irma la Dulce" es una cinta que va mas
allá de un puro entretenimiento ligero y satírico, y es mucho mejor
de lo que su reputación sugiere, y que uno de sus mayores logros consistió en el hecho de que su mejor fuese el
hacer pasar tanta vulgaridad mas allá de los Censores de Producción.
En sus imágenes encontramos la
quintaesencia del director, retratándonos a unos personajes tiernos
y heridos, pero también jocosos. Alterna momentos alegres con otros
que hielan la sonrisa, atrapa el alma de la comedia con insultante
simplicidad, repartiendo bofetadas al orden bien-pensante. Era una
época donde el autor estaba pletórico, acababa de entregar dos
obras maestras del nivel de "El Apartamento" y "Uno, dos, tres", y se
encaminaba hacia otra maravilla, "The Cookies fortune" ("En bandeja de
plata").
En "Irma la Dulce" tenía a Jack Lemmon y
a Shirley MacLaine en su mejor momento y dirigidos por él, solo
podía salir una divertida, genial y gozosa comedia.
Un gendarme
enamorado de una prostituta, tal vez no parecía el material más
adecuado para ello, pero los guionistas, Wilder y Diamond, consiguen
adecuarlo a través de la sublimación y la caricatura. El resultado
es tan artificial como delicioso y nada musical. Dejan la música en
el trastero del decorado y se dedican a explorar las posibilidades
cómicas del singular grupo humano que querían retratar.
Siendo la prostituta una de las figuras
mas penetrantes de la literatura, en la pantalla es usualmente
retratada como una hospedera dura o como una figura trágica apoyada
a una farola. Sin embargo en esta cinta estas damas de la calle,
sin importarles sus problemas, forman un grupo bullicioso. Este era
el espíritu que los dos co-guionistas trataron de capturar, ya que
toda la problemática social y personal queda a un lado. No pretenden
juzgarlas ni burlarse de ellas, sino que mas bien pasan por
convertirse en una imagen crítica contra la doble moral y la
hipocresía de la que en realidad son victimas, y lo consiguen
despojando de seriedad y tridimensionalidad a todos los personajes
del filme, que pasan a ser caricaturas que viven en esa ciudad
artificial creada por Alexandre Trauner.
Es en suma una película donde el
asunto es de atmósfera, de sabor y de cierta picardía, aunada a un
inocultable y paradójico candor que sazonan cada una de las
situaciones y las hacen realmente entrañables, sin la sordidez que
un tema como este podría reflejar. Llena de juegos verbales, dobles
sentidos, diálogos chispeantes, unos giros poco convencionales y un
barman, Moustache, interpretado por un Lou Jacobi que en una
interpretación sencillamente genial pasa a ser el narrador perfecto.
Los diálogos, los colores, la
ambientación y la música son de tal referencia gráfica que el
espectador comprende al instante que Billy Wilder no se tomaba en
serio el tema de la película. Estaba rodando una
comedia.
Los críticos cinematográficos del
momento no estaban muy contentos y le dedicaron lindezas del calibre
de “un modelo salaz, de mal gusto, obsceno y ofensivo repleto de
vulgaridad”, o “el espectáculo mas vulgar, vergonzoso y
repugnante del año. Un ejercicio impúdico y ridículo de
pornografía mas adecuado para un prostíbulo que para su exhibición
en salas comerciales".
Aunque sea dicho de paso, y conociendo la
moralidad estadounidense de la época, tampoco es de extrañar. A
pesar de todo constituyó un éxito de taquilla y el realizador les
metió un gol antológico a todos los moradores de la hipocresía,
que abundaban en aquellos años.
Es esta una película de amores
difíciles en una cinta llena de encanto, que continua siendo un
modelo de comedia divertida, fresca, sana y hasta ligeramente ingénua.
Adelantada a su época, de ahí las burdas opiniones de la crítica
que no supieron apreciarla, sigue luciendo un empaque temerario, pero
su contenido es transparente y candoroso.
Una secuencia llena de bromas,
tanto verbales como visuales y en la que el personaje de Lemmon se
prepara para su primera noche carnal, es subrayada por una magnífica
trampa muy seductora, la música, con la que André Pevin escribe una
partitura romántica, no eroticamente romántica, sino dulce y simple
y sin tener en cuenta, en un principio, las bromas. El resultado fue
una escena curiosamente conmovedora. El músico fue galardonado
justamente por la Academia.
Una película totalmente
imprescindible, que recomiendo a todos aquellos que no la hayan visto
e invito a su reviosionado a los que si lo hicieron.
Louis Cypher, como siempre, que tengais buen cine...y mucha suerte.



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