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viernes, 31 de mayo de 2019

The wild bunch (Grupo salvaje) Sam Peckinpah, 1969


        THE WILD BUNCH (Grupo Salvaje)          Sam Peckinpah, 1969

Es evidente que si hablamos del western el primer nombre que nos viene a la memoria es el de John Ford, pero no es el tema que estableceremos en este artículo. Hoy hablaremos de un clásico que ocupa por construcción épica, por descripción de personajes, por guión, por mostrar el western crepuscular como ninguno, un lugar en el podio de los mejores westerns de la historia. Solo añadir que está dirigido por un director indispensable para comprender los mecanismos del género, Sam Peckinpah. Pasad pues al diván y conozcamos mas de cerca la película “The Wild Bunch”, (“Grupo Salvaje”), rodada en 1969.


Alfred Hitchcok, dijo una vez: “Si quieres que una película sea realmente emocionante has de meter muchos cortes, una película normal no suele tener mas de 600”. Pues bien, “The Wild Bunch” contiene unos 3.462 cortes, así que según este criterio, estamos ante la película mas emocionante de la historia.

La impresionante orgía de violencia descrita en el film, hizo que Peckinpah deslumbrara a medio mundo y escandalizara a la otra mitad. Definitivamente, un realizador innovador en el lenguaje cinamatográfico, que trastocaba las preconcebidas ideas que se tenían en Hollywood.

El director, despedido después de comenzar el rodaje de “The Cincinati Kid”, (“El rey del juego”) interpretada por Steve McQueen en 1965, dirigida por Norman Jewison , y por el que fue sustituido, quedó sin trabajo. Vendió su guión de “Villa Rides”, (“Villa cabalga”), rodada en 1968 y que giraba alrededor de la figura de Pancho Villa, y ese proyecto pasó a manos de Buzz Kulik, un facturador de televisión que aportó a Yul Brynner como protagonista y Peckinpah finalmente se desentendió del filme. El autor prendado por la película “The Hill”, (“La colina”) dirigida por Sidney Lumet en 1965, contacto con Kenneth Hyman, su productor, y el realizador le hizo llegar dos guiones con la esperanza de dirigirlos, así nació “The Wild Bunch”. El guión firmado por Walon Green, un especialista de cine, amigo de Peckinpah esta escrito a partir de un relato de Roy Sickner. Como era habitual en el realizador, retocó el trabajo de Green en algo mas de un 30%, lo cual generó problemas para que fuera acreditado también como guionista, ya que se requiere un 60% (cosas de la industria).
Finalmente lo consiguió, logrando así la única nominación que obtuvo a los Oscar, lo que supone un olvido imperdonable de la Academia, aunque tal vez no fuera ese el motivo, sino la fama de "enfant-terrible" que tenía el director. Finalmente el premio recayó en “Butch Cassidy and Sundance Kidd”, (“Dos hombres y un destino”) rodada por George Roy Hill en el mismo año, algo a todas luces totalmente injusto a mi modo de ver, a pesar de que éste sea también un gran western.


“The Wild Bunch”, en primer lugar, se sustenta en un reparto impecable. Aunque en un principio se pensó en Lee Marvin para el papel de Pike Bishop, Peckinpah desistió, pues Marvin estaba muy involucrado con su proyecto “Cat Ballou”, (“La ingénua explosiva”), dirigida por Elliot Silverstein en 1965. Al tiempo, Marvin consideró que tal vez su personaje podría asemejarse demasiado a su rol en “The Professionals”, (“Los Profesionales”), un western realizado por Richard Brooks en 1966, y si añadimos que a Marvin le pagaron un millón de dólares por “Paint your Wagon”, (“La leyenda de la ciudad sin nombre”), de Joshua Logan, también de 1969, se comprende que el director tuviera sus dudas.
Unas dudas que se disiparon al ver a William Holden. Este no pasaba por un buen momento personal. Habían terminado sus tiempos de galán y como tantos otros, sufría serios problemas de alcohol (roles ambos muy bien definidos por otra parte en “Sunset Boulevard”, (“El crepúsculo de los dioses”), donde se recreaba la decadencia de los actores. Un maravilloso film del gran Billy Wilder de 1950.

Todo ello fue determinante para que Sam Peckinpah considerara perfecto a Holden para el papel protagonista, un acierto total para el personaje de Bishop, un hombre marcado por un pasado glorioso que debe sustituir su desaparación por la épica, haciendo lo que mejor sabe en una época que ya termina. Un pistolero, un asesino, pero que en su mirada madura, llena de amargura, hay un halo de esperanza. Un querer haber sido lo que no fue, una buena persona.


”Todos soñamos con volver a la niñez. Aún los peores de nosotros. Quizá sobre todo los peores”, cuenta el personaje. Una frase que resume la esencia de la película. Le acompañaba Ernest Borgnine, en un sublime estado de gracia, como Dutch, su inseparable compañero. A pesar de que el director no estaba muy convencido de la elección, la profesionalidad de Borgnine, terminó por seducirle. Ciertamente la compenetración entre Holden y Borgnine demuestran una armonía que no se aprecia en el resto del reparto.

Si nos centramos en el elenco de los secundarios, no encontramos fisura alguna en la elección. Para comenzar uno de los actores fetiche del realizador, Warren Oates, también tenemos un clásico fordiano como Ben Johson, que de alguna manera representa los valores del western clásico y que junto a Oates, protagonizan la única escena cómica de la cinta. Una borrachera con unas prostitutas de la hacienda controlada por Mapache, minutos antes de la explosión definitiva. Añadamos a estos a un siempre magnífico Robert Ryan, que dejando de lado sus clásicos papeles de cínico, aquí representa el papel de Dick Thornton, otrora compañero de Pike y que ahora lidera la jauría de perseguidores de la banda de su ex-compañero. Un excelente Edmond O'Brian, Ángel Martinez (como el jovencito acompañante de los veteranos y que actúa por ideales de libertad), y los siempre imprescindibles Strother Martin y L.Q.Jones, que junto a un enfermizo Emílio Fernández, como arribista fascista mejicano contrario a la revolución, cierran con gloria uno de los castings mas impecables de la historia del cine.


Desde los créditos inaugurales, la película te encamina por sus derroteros, un viaje de algo mas de dos horas, y en el que la escena inicial es aterradora. Un pequeño pelotón de falsos soldados entran en una ciudad mientras vemos a un grupo de niños que se divierten viendo como un alacrán es devorado por un sinfín de hormigas hambrientas que lo engullen lentamente, para luego prender fuego a las mismas y observar con total impasibilidad tan terrible acto. El autor prácticamente nos cuenta la película en tres minutos, un film que como he dicho se desarrollará en más de dos horas.
Durante los créditos, la cámara enfoca unos primeros planos de los actores que se trasponen en unos dibujos que arrebatan. Parecen fantasmas. Es evidente que la muerte tiene señalados a los personajes. La historia aparece enmarcada por dos tremendos tiroteos. Uno al principio y otro al final. Dos escenas modélicas en concepción y de violencia inusitada. La primera al inicio, una banda se encuentra atrapada en un intento de robo por una serie de pistoleros a sueldo y agentes de la ley, la segunda al final, donde serán cuatro componentes del gang los que se enfrenten a un centenar de enemigos.

Es esta una cinta, que sobre todo se recuerda, por la impresionante, desgarradora, y violenta escena final, donde se da el enfrentamiento de estos anti-héroes contra Mapache, el general mejicano, interpretado por Emílio “Indio” Fernández y en la que Pike, Dutch, Lyle y Tector, deciden ir a rescatar a su amigo Ángel de las garras de Mapache, el auténtico mal.
Saben que será un camino sin retorno. Sólo pueden terminar así, con la coherencia que han vivido, un tributo a sus pecados. Es un momento de tensión narrativa que crece sin detenerse, y después de vivir los dos últimos momentos de paz que los protagonistas disfrutarán, vemos en pantalla una larga caminata que nos lleva al climax. Se detienen, observan como Mapache degüella a su ya torturado amigo Ángel y a continuación Peckinpah nos ofrece una edición deslumbrante: un silencio, unas miradas, planos cortos, tensión, sudor...y de pronto se desatan los infiernos.
El grupo abate a balazos al general asesino. Ese instante, es una de las maravillas que el cine de Peckinpah nos dejó. Un conciso montaje de los rostros de los protagonistas, expectantes ante la reacción de los cientos de mejicanos que hay allí. De nuevo un silencio patente y tenso. El último instante de paz. El último respiro que vivirá ese Grupo Salvaje. El suspense se desborda definitivamente cuando Borgnine, al que vemos en un sublime primerísimo plano, esboza una sarcástica sonrisa, la tensión se libera y estalla la violencia. La muerte se hace presente.

A pesar de ser un film lleno de violencia, se atisban matices que el director pone en la mirada de sus personajes malditos. Un vaho, una emanación de esperanza.

En el primer montaje se obvió una parte que finalmente fue restaurada. Un flash-back que rememora la amistad entre Holden y Ryan (Pike y Dick), y que en el montaje definitivo se desvela como un gran acierto para poder comprender la relación entre los dos ex-amigos. Nos descubre su conexión en el pasado. Aunque añoran sus tiempos de amistad, fue una amistad traicionada.

“The Wild Bunch”, fue un gran éxito. Directores como Martin Scorsese o George Lucas, lo consideran como el mejor western jamás realizado.

Con todo, y después de sentar cátedra el maestro John Ford con “The Searchers”, (“Centauros del desierto”) en 1956, y posteriormente con “The man who shot Liberty Valance”, ("El hombre que mató a Liberty Valance”) en 1962, Peckinpah ya comenzaba a sentenciar las claves del western crepuscular con un maravilloso filme, “Ride the High Country”, (“Duelo en la alta sierra”), con Randolph Scott y Joel McCrea como protagonistas, rodada también en 1962, pero que de alguna forma se ve eclipsado por la majestuosa obra de la que hablamos, “The Wild Bunch”, como he dicho, uno de los mejores westerns de la historia. Es una película de importancia capital en la historia del cine. Una obra maestra de inolvidable lirismo e indecible amargura.

Además de un impecable Lucien Ballard en la fotografía, la música del film es otra obra magistral de Jerry Fielding, un compositor muy afín a Pechkinpah y que comenzó en la industria como arreglista con tan solo 18 años, pero perseguido por el McCarthysmo, se le cerraron todas las puertas, y no fue hasta 1967, cuando conoció a Sam Peckinpah durante el rodaje de "Noon Wine", un episodio de la serie de ABC Tv, “Stage 67”, donde se hicieron buenos amigos. Junto al director, compartían varias aficiones: un carácter salvaje, el bourbon y las armas de fuego. Además de trabajar juntos en “The Wild Bunch”, también lo hicieron en “Straw Dogs”, (“Perros de paja”), de 1971 con Dustin Hoffman y Susan George, y “Junior Booner”, (“El rey del rodeo”) en 1972, con Steve McQueen, “Bring me the head of Alfredo García”, (“Quiero la cabeza de Alfredo García”), rodada en 1974 y protagonizada por Warren Oates, uno de sus actores mas habituales y “The killer elite”, (“Los aristócratas del crimen”), con James Caan y Robert Duvall, realizada en 1975. 


Hay también alguna canción en español. Especial protagonismo tiene un popular tema mejicano, “La Golondrina”, que se utiliza un par de veces. Particularmente cuando la banda se despide del pueblo mejicano donde tuvieron su último reposo. Una despedida, un adiós.
Posteriormente se escucha nuevamente al final del filme mientras vemos las imágenes de los hombres caídos.


John Wayne se quejaba de que esta película había derrumbado todos los mitos del viejo west. Tal vez sea sincero si digo que pudiera ser así, puesto que la banda de Pike, jamás da el perfil de héroes o pistoleros justicieros. Seguramente éstos, eran como la golondrina de la canción, seres errantes incapaces de volver a volar. Era su última aventura. Una aventura sin retorno. El fin de una época. El ocaso de los dinosaurios. Los últimos wilderness.

En suma un film que rezuma en sus personajes, poesía, belleza, ternura, sensibilidad, entusiasmo y vehemencia. Una cinta para degustarla de principio a fin. Una película de visionado obligatorio.



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