Facilis descensus averno "El descenso al infierno es fácil" Virgilio, La Eneida

lunes, 3 de junio de 2019

Nightmare Alley (El callejón de las almas perdidas) Edmund Goulding, 1947



NIGTHMARE ALLEY 
(El callejón de las almas perdidas) Edmund Goulding, 1947



"Nightmare Alley", ("El callejón de las almas perdidas"), es una película dirigida por Edmund Goulding en 1947, y que cuenta con un guión de Jules Furthman basado en la novela de William Lindsay Gresham, una superlativa fotografía de Lee Garmes y la excelente banda sonora de Cyril J.Mockridge. El montaje/edición termina de rematar este magnífico trabajo y corre a cargo de la siempre excelente Barbara McLean.

El reparto lo encabeza Tyrone Power que interpreta a Stanton Carlisle, un trepa que no duda en engañar y mentir para ascender en su estatus, y esta secundado por Coleen Gray, Joan Blondell, una maravillosa Helen Walker, en su interpretación de la "femme fatele" de la historia, Taylor Holmes, Mike Mazurki, Julia Dean e Ian Keith, execelente en su rol de "el monstruo".

"Nightmare Alley", es uno de los productos más extraños de la época dorada de Hollywood. Su título, tanto en inglés ("Nightmare Alley") como en español, ("El callejón de las almas perdidas"), acredita un tiempo sugerente e indefinible. Sin saber de qué trata, y es realmente dificil averiguarlo por el enunciado, pero precisamente esa poética indeterminación es lo que atrae.


El film es un extraño y malsano melodrama que se desarrolla a la manera de un inexorable círculo vicioso, puesto que comienza en el mismo punto, escenográfico y dramático, en que concluye.
El escenario es el de una feria ambulante, uno de esos espacios que existen, en teoría, para convocar la diversión y la alegría, y que sin embargo poseen un aire siniestro.
La película trata sobre la ambición, las debilidades psicológicas humanas y el aprovechamiento de las mismas, el hundimiento moral, la esperanza, el amor y la dura vida en un modesto espectáculo itinerante.


Es esta cinta de Goulding, un elegante ejercicio visual, gracias a la estupenda fotografía del mencionado Lee Garmes y sobre todo una prueba de su enorme talento, para dotar cada secuencia de una identidad visual clara, próxima al surrealismo y siempre al servicio de una mirada despiadada sobre el mundo.

Tyrone Power compró personalmente los derechos de la novela de Gresham y guió el proyecto de principio a fin. Todo, como parte de su campaña iniciada el año anterior con "The Razor´s edge", ("El filo de la navaja"). Su deseo pasaba por convertirse en algo mas que un galán de la pantalla, aunque distó mucho de conseguirlo. En última instancia, al fallar en su objetivo de ser tomado en serio como actor, volvió a interpretar papeles románticos, pero su actuación en "El callejón de las almas perdidas", es prodigiosa, y sin duda, la mejor de su carrera. Su deterioro físico del arribista atildado de auto-odio y, borracho legañoso, muestra lo lejos que estaba dispuesto a ir para demoler la imagen que le había hecho famoso.
Convenció a Darryl Zanuck de que invirtiera en el proyecto, y este, como Jefe de Producción de 20th Century Fox, a su vez, consiguió el apoyo de George Jessel para la Producción Ejecutiva. Así mismo Zanuck impuso a Edmund Goulding como director.


Goulding, nacido en Middlesex (Reino Unido) en 1891, fue actor, guionista, letrista de canciones y novelista, y en 1921 se trasladó a Estados Unidos.
A pesar de que tal vez no sea un director muy conocido, estaba muy bien considerado por sus trabajos en dramas y melodramas elegantes. Entre sus títulos figuran películas como "Grand Hotel" (1932), "Dark Victory", ("Amarga victoria") (1939) o la citada "The Razor´s Edge", ("El filo de la navaja") (1946), también con Tyrone Power en el papel principal. A destacar, como curiosidad y aunque no figure en los créditos, la dirección de "Una noche en Casablanca" con los Hermanos Marx.

Algunos no consideran "Nightmare Alley" como una gran película. Ni siquiera un "film-noir" clásico, pero tiene la gran ambición de ser audaz y, una vez vista, no se olvida fácilmente. La ausencia total de policías, gángsteres o armas de fuego no le pueden negar esa condición, sobretodo gracias a la iluminación de claroscuros y la impronta expresionista de Lee Garmes en su dirección fotográfica. Contribuye también el realizador, con una sensación claustrofóbica donde el mal asoma en cada fotograma a pesar de que en su mayoría está filmada en exteriores. La excelente recreación del circo-carnaval es realmente una muestra de ello, y a través de unos encuadres de opresión asfixiante, y unos primeros planos turbadores del protagonista tan sumamente hipnóticos que convierten cada uno de los escenarios donde actúa en un personaje mas en si mismo.
Todo esto apoyado por un montaje/edición de Barbara McLean., que raya la exceléncia, a pesar de la cantidad de elipsis que incluye el guión, gracias a una magnífica planificación de escenas y el ritmo con que las encadena.
Es importante reseñar al tiempo la banda sonora, donde se entremezclan clásicos sonidos de feria de forma reiterativa y casi en bucle, y unos solos de piano inquietantes en los momentos mas íntimos. Un trabajo excepcional de Cyril J. Mockridge, que compone un magnífico fresco musical que otorga vida a las imágenes.
El maravilloso guión que firma Jules Furtham, es inteligente e imprevisible, y de ocurrente y espléndida construcción. Personajes de los bajos fondos y una visión del mundo decididamente sombría, muestran, obviamente, una tragedia. Un anti héroe engañado en un camino de arrogancia, donde lo que se eleva demasiado alto debe venirse abajo irremisiblemente, y no hay más abajo para ir que el "friki" del circo-carnaval. Reducido a morder las cabezas de pollos vivos a cambio de un suministro regular de alcohol y un lugar para dormir la mona.


Desde el instante, al principio de la película, cuando expresa su fascinación y repulsión con esta figura explotada ,"¿Nace el hombre de esa manera?, no puedo entender cómo alguien puede caer tan bajo", se pregunta el protagonista, dejando meridianamente claro exactamente a dónde se dirige Stanton, (Tyrone Power).

Cabe destacar en esta película el trabajo de Helen Walker como la mujer fatal, Lilith Ritter. Vestida con atuendo casi masculino y jugando fríamente con Stanton, tanto como el juega con sus “tontos”, dejando al espectador con un sentimiento de confusión y manipulado como el propio personaje de Tyrone Power. El pobre mentalísta sabe que ha sido golpeado en su propio juego y le supone un golpe a su confianza masculina del que nunca se puede recuperar.


El guión original de la película terminaba con el protagonista preguntándole al director del Carnaval si podía hacer el trabajo del "friki", y declarando en un momento de auto-conocimiento horrible, “Señor, yo estaba hecho para ello”.
Por desgracia la Fox, y su jefe de producción Darryl Zanuck, eran demasiado pesimistas con la idea de obtener la aprobación del Código de la Producción, y así, asintieron en la adición de una coda de desenlace redentora, pero que incluso con esto, sigue siendo uno de los celuloides mas oscuros del cine negro de Hollywood.

Antes de "Nightmare Alley", se había tratado a la profesión de la psicología con reverencia, pero aquí por primera vez se representa como una estafa elaborada, más sofisticada, si no menos manipuladora de carnaval-espectáculo. Así como cínica es la representación de la religión, y para ello se derrumba insidiosamente la distinción entre la fe devota y credulidad fuera de lugar, con sermones piadosos y la charlatanería de un tramposo. Incluso si en una aparente concesión en la que prevalece la ideología cristiana, la caída de Stanton está parcialmente enmarcada como un castigo divino por su postura pseudo-sacerdotal. Realmente el único verdadero poder sobrenatural en la película no viene desde el púlpito, si no de una baraja de tarot. No es extraño entonces que la película provocara cartas de quejas de los intereses religiosos, incluso antes de su lanzamiento.

"El callejón de las almas perdidas", es una rareza que no llega a alcanzar la grandeza, ya que pone freno a la sordidez en el nombre del buen gusto, sin embargo, todavía ofrece un melodrama inflexible en su mirada al lado sórdido de la vida-carnaval. Es un fascinante filme de cine negro, que describe con precisión a los farsantes y gente crédula que se sienten atraídos a la atmósfera del circo-carnaval.

Es en suma, una magnífica cinta cuyo visionado recomiendo a todos los que la desconocen. Una cinta sorprendente y que a nadie deja indiferente (lo cual es casi lo mejor que se puede decir de una película). De una profundidad psicológica muy adelantada a la época y con un tratamiento del personaje de Tyrone Power absolutamente magistral. Sencillamente hay que verla para poder tener opinión sobre esta majestuosa rareza, que a nadie, a buen seguro, defraudará. Un film extraño y bastante enfermo hecho por personas de gran talento, y que junto a "Freaks" de Todd Browning (1932), son dos películas que retratan el sombrío lugar de la humanidad en el cruel circo de la vida.



“El engaño es la perfecta exposición de la condición. En todos los sentidos. Prisioneros de una ilusión que intentamos apurar al máximo, hasta que en un momento, por un paso en falso, todo se va al traste. Un paroxismo que concluye en una horrible espiral en que comprendemos al monstruo del principio. Somos, simplemente nosotros”.

Un film provocador que te sumerge en un gran desasosiego.




No hay comentarios:

Publicar un comentario