NIGTHMARE ALLEY
(El callejón de las almas perdidas) Edmund Goulding, 1947
"Nightmare Alley", ("El callejón de las
almas perdidas"), es una película dirigida por Edmund Goulding en 1947, y que cuenta con un guión de Jules Furthman basado en la novela de
William Lindsay Gresham, una superlativa fotografía de Lee Garmes y
la excelente banda sonora de Cyril J.Mockridge. El montaje/edición termina de rematar
este magnífico trabajo y corre a cargo de la siempre excelente Barbara McLean.
El reparto lo encabeza Tyrone Power que
interpreta a Stanton Carlisle, un trepa que no duda en engañar y mentir para ascender en su estatus, y esta secundado por Coleen Gray,
Joan Blondell, una maravillosa Helen Walker, en su interpretación de la "femme fatele" de la historia, Taylor Holmes, Mike Mazurki, Julia Dean e
Ian Keith, execelente en su rol de "el monstruo".
"Nightmare Alley", es uno de los
productos más extraños de la época dorada de Hollywood. Su título,
tanto en inglés ("Nightmare Alley") como en español, ("El callejón de las almas
perdidas"), acredita un tiempo sugerente e indefinible. Sin saber de
qué trata, y es realmente dificil averiguarlo por el enunciado, pero
precisamente esa poética indeterminación es lo que atrae.
El film es un extraño y malsano
melodrama que se desarrolla a la manera de un inexorable círculo
vicioso, puesto que comienza en el mismo punto, escenográfico y
dramático, en que concluye.
El escenario es el de una feria ambulante, uno de
esos espacios que existen, en teoría, para convocar la diversión y
la alegría, y que sin embargo poseen un aire siniestro.
La película trata sobre la ambición,
las debilidades psicológicas humanas y el aprovechamiento de las
mismas, el hundimiento moral, la esperanza, el amor y la dura vida en
un modesto espectáculo itinerante.
Es esta cinta de Goulding, un elegante
ejercicio visual, gracias a la estupenda fotografía del mencionado Lee Garmes y
sobre todo una prueba de su enorme talento, para dotar
cada secuencia de una identidad visual clara, próxima al surrealismo
y siempre al servicio de una mirada despiadada sobre el mundo.
Tyrone Power compró personalmente los
derechos de la novela de Gresham y guió el proyecto de principio a
fin. Todo, como parte de su campaña iniciada el año anterior con "The Razor´s edge", ("El filo de la navaja"). Su deseo pasaba por
convertirse en algo mas que un galán de la pantalla, aunque distó
mucho de conseguirlo. En última instancia, al fallar en su objetivo
de ser tomado en serio como actor, volvió a interpretar papeles
románticos, pero su actuación en "El callejón de las almas
perdidas", es prodigiosa, y sin duda, la mejor de su carrera. Su deterioro físico
del arribista atildado de auto-odio y, borracho legañoso, muestra lo
lejos que estaba dispuesto a ir para demoler la imagen que le había
hecho famoso.
Convenció a Darryl Zanuck de que
invirtiera en el proyecto, y este, como Jefe de Producción de 20th
Century Fox, a su vez, consiguió el apoyo de George Jessel para la
Producción Ejecutiva. Así mismo Zanuck impuso a Edmund Goulding
como director.
Goulding, nacido en Middlesex (Reino
Unido) en 1891, fue actor, guionista, letrista de canciones y
novelista, y en 1921 se trasladó a Estados Unidos.
A pesar de que tal vez no sea un
director muy conocido, estaba muy bien considerado por sus trabajos
en dramas y melodramas elegantes. Entre sus títulos figuran
películas como "Grand Hotel" (1932), "Dark Victory", ("Amarga victoria") (1939) o la citada "The Razor´s Edge", ("El filo de la navaja") (1946), también con
Tyrone Power en el papel principal. A destacar, como curiosidad y
aunque no figure en los créditos, la dirección de "Una noche en
Casablanca" con los Hermanos Marx.
Algunos no consideran "Nightmare Alley" como una gran película. Ni siquiera un "film-noir" clásico, pero tiene la
gran ambición de ser audaz y, una vez vista, no se olvida
fácilmente. La ausencia total de policías, gángsteres o armas de
fuego no le pueden negar esa condición, sobretodo gracias a la
iluminación de claroscuros y la impronta expresionista de Lee Garmes
en su dirección fotográfica. Contribuye también el realizador, con una sensación
claustrofóbica donde el mal asoma en cada fotograma a pesar de que
en su mayoría está filmada en exteriores. La excelente recreación
del circo-carnaval es realmente una muestra de ello, y a través de
unos encuadres de opresión asfixiante, y unos primeros planos
turbadores del protagonista tan sumamente hipnóticos que convierten
cada uno de los escenarios donde actúa en un personaje mas en si
mismo.
Todo esto apoyado por un
montaje/edición de Barbara McLean., que raya la exceléncia, a pesar de la cantidad de
elipsis que incluye el guión, gracias a una magnífica planificación
de escenas y el ritmo con que las encadena.
Es importante reseñar al tiempo la
banda sonora, donde se entremezclan clásicos sonidos de feria de
forma reiterativa y casi en bucle, y unos solos de piano inquietantes
en los momentos mas íntimos. Un trabajo
excepcional de Cyril J. Mockridge, que compone un magnífico fresco
musical que otorga vida a las imágenes.
El maravilloso guión que firma Jules
Furtham, es inteligente e imprevisible, y de ocurrente y espléndida
construcción. Personajes de los bajos fondos y una visión del mundo
decididamente sombría, muestran, obviamente, una tragedia. Un anti
héroe engañado en un camino de arrogancia, donde lo que se eleva
demasiado alto debe venirse abajo irremisiblemente, y no hay más
abajo para ir que el "friki" del circo-carnaval. Reducido a morder las
cabezas de pollos vivos a cambio de un suministro regular de alcohol
y un lugar para dormir la mona.
Desde el instante, al principio de la
película, cuando expresa su fascinación y repulsión con esta
figura explotada ,"¿Nace el hombre de esa manera?, no puedo entender
cómo alguien puede caer tan bajo", se pregunta el protagonista, dejando meridianamente claro exactamente a dónde se dirige Stanton, (Tyrone Power).
Cabe destacar en esta película el
trabajo de Helen Walker como la mujer fatal, Lilith Ritter. Vestida
con atuendo casi masculino y jugando fríamente con Stanton, tanto
como el juega con sus “tontos”, dejando al espectador con un
sentimiento de confusión y manipulado como el propio personaje de Tyrone Power. El pobre mentalísta sabe que ha sido golpeado en su propio
juego y le supone un golpe a su confianza masculina del que nunca se puede
recuperar.
El guión original de la película
terminaba con el protagonista preguntándole al director del Carnaval si podía
hacer el trabajo del "friki", y declarando en un momento de
auto-conocimiento horrible, “Señor, yo estaba hecho para ello”.
Por desgracia la Fox, y su jefe de
producción Darryl Zanuck, eran demasiado pesimistas con la idea de
obtener la aprobación del Código de la Producción, y así,
asintieron en la adición de una coda de desenlace redentora, pero que incluso con
esto, sigue siendo uno de los celuloides mas oscuros del cine negro
de Hollywood.
Antes de "Nightmare Alley", se había
tratado a la profesión de la psicología con reverencia, pero aquí
por primera vez se representa como una estafa elaborada, más
sofisticada, si no menos manipuladora de carnaval-espectáculo. Así
como cínica es la representación de la religión, y para ello se
derrumba insidiosamente la distinción entre la fe devota y
credulidad fuera de lugar, con sermones piadosos y la charlatanería
de un tramposo. Incluso si en una aparente concesión en la que
prevalece la ideología cristiana, la caída de Stanton está
parcialmente enmarcada como un castigo divino por su postura
pseudo-sacerdotal. Realmente el único verdadero poder sobrenatural
en la película no viene desde el púlpito, si no de una baraja de
tarot. No es extraño entonces que la película provocara cartas de
quejas de los intereses religiosos, incluso antes de su lanzamiento.
"El callejón de las almas perdidas", es
una rareza que no llega a alcanzar la grandeza, ya que pone freno a
la sordidez en el nombre del buen gusto, sin embargo, todavía ofrece
un melodrama inflexible en su mirada al lado sórdido de la
vida-carnaval. Es un fascinante filme de cine negro, que describe con
precisión a los farsantes y gente crédula que se sienten atraídos
a la atmósfera del circo-carnaval.
Es en suma, una magnífica cinta cuyo
visionado recomiendo a todos los que la desconocen. Una cinta sorprendente y que a nadie deja indiferente (lo cual es casi lo mejor
que se puede decir de una película). De una profundidad psicológica
muy adelantada a la época y con un tratamiento del personaje de
Tyrone Power absolutamente magistral. Sencillamente hay que verla
para poder tener opinión sobre esta majestuosa rareza, que a nadie,
a buen seguro, defraudará. Un film extraño y bastante enfermo hecho
por personas de gran talento, y que junto a "Freaks" de Todd Browning (1932), son dos películas que retratan el sombrío lugar de la humanidad en
el cruel circo de la vida.
“El engaño es la perfecta exposición
de la condición. En todos los sentidos. Prisioneros de una ilusión
que intentamos apurar al máximo, hasta que en un momento, por un
paso en falso, todo se va al traste. Un paroxismo que concluye en una
horrible espiral en que comprendemos al monstruo del principio.
Somos, simplemente nosotros”.
Un film provocador que te sumerge en un gran desasosiego.





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