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miércoles, 29 de mayo de 2019

La Paloma (Daniel Schmid, 1974) 1


  LA PALOMA

     Daniel Schmid, 1974  


La Paloma es una película de coproducción suizo-francesa, dirigida y guionizada por Daniel Schmid (1941-2006), y rodada en 1974.
Podríamos enmarcarla en un género de Drama-Fantástico-Romance. Es este un filme dificilmente comprensible sin la ópera, La ciudad muerta compuesta por Erich Wolfgang Korngold (1897-1957). La música corre a cargo del genial Max Steiner y de Gottfried Hünsberg, además de incluir ocasionalmente la ópera de Korngold, que el director habilmente utiliza al incluir el Lied de Marietta del compositor para poner música a una situación dramática distinta, creando un remanso de paz en medio de la pesadilla surrealista de la trama. La fotografía, durante la apertura del filme es del propio Daniel Schmid, para pasar a tomar las riendas, durante el resto de la cinta, el director de fotografía Renato Berta, que se vale del expresionismo alemán para configurar las imágenes.
En el reparto, además de alguna habitual de Fassbinder como Bulle Ogier, genial aquí en su trabajo aunque tal vez algo maltratada y una actriz como Ingrid Caven, tremendamente increíble en este tipo de films. También están Peter Kern, Peter Chatel, Beatrice Stoll, Ludmilla Tudcek, Irene Olgiattti, Manon, Pierre Edernac y Roland Jouby que completan el cast.

La película nos cuenta la historia de Viola Schlump, de nombre artístico: La Paloma. Allí donde le toque a la diva presentarse, siempre se encuentra entre el público el conde Isidor Palewski, un joven corpulento que la ha seguido de un tugurio a otro durante años, a pesar de sus continuos fracasos por llamar su atención. Tras serle diagnosticada una tuberculosis avanzada, finalmente Viola accederá a convertirse en amante del conde. Isidor la lleva a las mejores clínicas europeas donde Viola se recupera inesperadamente y comienza a enamorarse, no tanto de Isidor como de su amor por ella, hasta aceptar casarse con él. Pero cuando la fe en su amor empiece a flaquear, Viola volverá a enfermarse y se dispondrá a emprender una venganza.

La Paloma es un trabajo mucho mas inescrutable y posiblemente más distintivo del director que cualquiera de sus otras obras. Una trama sobre un amor increiblemente extremo, y la confusión y los límites que este tipo de amor imposible puede traer también.

El realizador convierte a este cuento en un poema, un juego de asociaciones alrededor de los temas románticos, del amor, la muerte y la tumba. Incluso podemos añadir que Schmid, muestra una fascinación casi atormentada por el deseo de examinar a las criaturas de la noche, los materiales de la nostalgia y la desesperación.
Algo similar a las películas de Werner Schroeter, considerado un innovador, radical y destacado actor, guionista, director teatral y cineasta de la postguerra, del mismo periodo de tiempo, el director utiliza la música de Korngold, en una de las similitudes cinematográficas respecto de la música pop que usaba Schroeter, y la sacarina de los años 20, aunque lo hace con gran eficacia consiguiendo motivar la trama.
Aunque tal vez la película de Schmid no es tan vertiginosa como las películas de Schroeter, si se adapta mejor a su ritmo, con un estilo que le acerca a trabajos mas complejos e impenetrables como los de Hans-Jürgen Syberbergacólito de Fassbinder, menos conocido, sean una mejor comparación, particularmente en relación con la escasa cantidad de diálogo. Unas comparaciones, que tal vez puedan considerarse, probablemente inadecuadas para expresar cuan alusivas y difíciles de precisar son las que encontramos en La Paloma.

La cinta es un ejercicio embriagador sobre el exceso. El realizador, mezcla la pasión operística de La Traviatta, la decadencia estilizada de Stroheim y Sternberg y la alegría macabra del Grand Guignol. En parte ópera, en parte victoriana y de romance gótico, con una buena dosis de surrealismo que juega con una lentitud intensamente educada, casi sonambulante, especialmente en una larga escena, casi sin diálogo, en la que la película da muestras de esa impenetrabilidad comentada. Incluso cuando cuando finalmente la obra se asienta en una historia, relativamente mas coherente de amor condenado e inalcanzable, Schmid hace muy pocas concesiones a una posible audiéncia convencional.

Con el ritmo de la fusión húmeda y los actores que se detienen por un tiempo excesivo antes de entregar cada línea de apoyo, la película, por momentos, casi corre el riesgo de interpretarse como una autoparodia de lo que algunas personas creen son este tipo de cintas, tildándolas de films de arte extranjero pretenciosas, aunque ciertamente existen algunas que merecen ese calificativo.

A pesar de todo ello, Schmid, demuestra tener un gran ojo para los efectos visuales, como también podemos comprobar en otra de sus películas, Shadow of Angels (La sombra de los ángeles) rodada en 1976, pero en La Paloma particularmente, traza una iluminación llamativa, unos disfraces opulentos y una escenografía y paisajes suizos pintorescos que la dotan de una impronta mas personal. Un esplendor visual que tampoco facilita la comprensión del filme para el espectador medio, haciéndola una obra compleja y difícil de entender, pero si que le aporta, cuando menos, un distintivo único. Algo muy propio de los artistas en general, y que sin embargo es un escaparate valioso para los idiosincráticos talentos de este director suizo.

Podemos concluir que La Paloma, es una estilización de lo melodramático con elementos narrativos ajenos a lo convencional y que deja una impresión perdurable sin necesidad de brutalidades ni crueldad y de cierto aire kitsch. Algo que se comprueba en medio de la acción dramática cuando la bella y turbia protagonista, en un decorado ajeno a la realidad del filme, se pone a cantar el Lied de Marietta, del primer acto de La ciudad muerta de Korngold y aparece el corpulento conde que la pretendia, sobre un paisaje celestial de pintura y luz eléctrica.


Reseñar también que Erich Wolfgang Korngold, que había estrenado con éxito esa ópera en 1920, fue un creador trascendental en la historia del séptimo arte, creando las partituras para películas como: Another Dawn (Otro amanecer) de William Deterle, 1937 y The sea hawk (El halcón del mar) de Michael Curtiz, 1940, fue el auténtico pionero de la fórmula de la música cinematográfica vigente durante casi dos décadas, siendo reivindicado con su propia música por compositores como John Williams.

Hoy en día se considera que La ciudad muerta, es una de las diez grandes ópera del siglo pasado, y tal vez por ello, Daniel Schmid, que lo intuyó mucho antes, rinde de alguna forma un sentido y gran homenaje al compositor, en esta surrealista y sugerente cinta como es La Paloma.



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