LA
PALOMA
Daniel Schmid, 1974
La Paloma es una película de
coproducción suizo-francesa, dirigida y guionizada por Daniel Schmid
(1941-2006), y rodada en 1974.
Podríamos enmarcarla en un género de
Drama-Fantástico-Romance. Es este un filme dificilmente comprensible
sin la ópera, La ciudad muerta compuesta por Erich Wolfgang Korngold
(1897-1957). La música corre a cargo del genial Max Steiner y de
Gottfried Hünsberg, además de incluir ocasionalmente la ópera de
Korngold, que el director habilmente utiliza al incluir el Lied de
Marietta del compositor para poner música a una situación dramática
distinta, creando un remanso de paz en medio de la pesadilla
surrealista de la trama. La fotografía, durante la apertura del filme
es del propio Daniel Schmid, para pasar a tomar las riendas, durante
el resto de la cinta, el director de fotografía Renato Berta, que se
vale del expresionismo alemán para configurar las imágenes.
En el reparto, además de alguna
habitual de Fassbinder como Bulle Ogier, genial aquí en su trabajo
aunque tal vez algo maltratada y una actriz como Ingrid Caven,
tremendamente increíble en este tipo de films. También están Peter
Kern, Peter Chatel, Beatrice Stoll, Ludmilla Tudcek, Irene Olgiattti,
Manon, Pierre Edernac y Roland Jouby que completan el cast.
La película nos cuenta la historia de
Viola Schlump, de nombre artístico: La Paloma. Allí donde le toque
a la diva presentarse, siempre se encuentra entre el público el
conde Isidor Palewski, un joven corpulento que la ha seguido de un
tugurio a otro durante años, a pesar de sus continuos fracasos por
llamar su atención. Tras serle diagnosticada una tuberculosis
avanzada, finalmente Viola accederá a convertirse en amante del
conde. Isidor la lleva a las mejores clínicas europeas donde Viola
se recupera inesperadamente y comienza a enamorarse, no tanto de
Isidor como de su amor por ella, hasta aceptar casarse con él. Pero
cuando la fe en su amor empiece a flaquear, Viola volverá a
enfermarse y se dispondrá a emprender una venganza.
La Paloma es un trabajo mucho mas
inescrutable y posiblemente más distintivo del director que
cualquiera de sus otras obras. Una trama sobre un amor increiblemente
extremo, y la confusión y los límites que este tipo de amor
imposible puede traer también.
El realizador convierte a este cuento
en un poema, un juego de asociaciones alrededor de los temas
románticos, del amor, la muerte y la tumba. Incluso podemos añadir
que Schmid, muestra una fascinación casi atormentada por el deseo de
examinar a las criaturas de la noche, los materiales de la nostalgia
y la desesperación.
Algo similar a las películas de Werner
Schroeter, considerado un innovador, radical y destacado actor,
guionista, director teatral y cineasta de la postguerra, del mismo
periodo de tiempo, el director utiliza la música de Korngold, en una
de las similitudes cinematográficas respecto de la música pop que
usaba Schroeter, y la sacarina de los años 20, aunque lo hace con
gran eficacia consiguiendo motivar la trama.
Aunque tal vez la película de Schmid
no es tan vertiginosa como las películas de Schroeter, si se adapta
mejor a su ritmo, con un estilo que le acerca a trabajos mas
complejos e impenetrables como los de Hans-Jürgen Syberberg, acólito
de Fassbinder, menos conocido, sean una mejor comparación,
particularmente en relación con la escasa cantidad de diálogo. Unas
comparaciones, que tal vez puedan considerarse, probablemente
inadecuadas para expresar cuan alusivas y difíciles de precisar son
las que encontramos en La Paloma.
La cinta es un ejercicio embriagador
sobre el exceso. El realizador, mezcla la pasión operística de La
Traviatta, la decadencia estilizada de Stroheim y Sternberg y la
alegría macabra del Grand Guignol. En parte ópera, en parte
victoriana y de romance gótico, con una buena dosis de surrealismo
que juega con una lentitud intensamente educada, casi sonambulante,
especialmente en una larga escena, casi sin diálogo, en la que la
película da muestras de esa impenetrabilidad comentada. Incluso
cuando cuando finalmente la obra se asienta en una historia,
relativamente mas coherente de amor condenado e inalcanzable, Schmid
hace muy pocas concesiones a una posible audiéncia convencional.
Con el ritmo de la fusión húmeda y
los actores que se detienen por un tiempo excesivo antes de entregar
cada línea de apoyo, la película, por momentos, casi corre el
riesgo de interpretarse como una autoparodia de lo que algunas
personas creen son este tipo de cintas, tildándolas de films de arte
extranjero pretenciosas, aunque ciertamente existen algunas que
merecen ese calificativo.
A pesar de todo ello, Schmid, demuestra
tener un gran ojo para los efectos visuales, como también podemos
comprobar en otra de sus películas, Shadow of Angels (La sombra de los ángeles) rodada en 1976, pero en La Paloma particularmente, traza una iluminación llamativa, unos disfraces opulentos y una
escenografía y paisajes suizos pintorescos que la dotan de una
impronta mas personal. Un esplendor visual que tampoco facilita la
comprensión del filme para el espectador medio, haciéndola una obra
compleja y difícil de entender, pero si que le aporta, cuando menos,
un distintivo único. Algo muy propio de los artistas en general, y
que sin embargo es un escaparate valioso para los idiosincráticos
talentos de este director suizo.
Podemos concluir que La Paloma, es una
estilización de lo melodramático con elementos narrativos ajenos a
lo convencional y que deja una impresión perdurable sin necesidad de
brutalidades ni crueldad y de cierto aire kitsch. Algo que se
comprueba en medio de la acción dramática cuando la bella y turbia
protagonista, en un decorado ajeno a la realidad del filme, se pone a
cantar el Lied de Marietta, del primer acto de La ciudad muerta de
Korngold y aparece el corpulento conde que la pretendia, sobre un
paisaje celestial de pintura y luz eléctrica.
Reseñar también que Erich Wolfgang
Korngold, que había estrenado con éxito esa ópera en 1920, fue un
creador trascendental en la historia del séptimo arte, creando las
partituras para películas como: Another Dawn (Otro amanecer) de
William Deterle, 1937 y The sea hawk (El halcón del mar) de Michael
Curtiz, 1940, fue el auténtico pionero de la fórmula de la música
cinematográfica vigente durante casi dos décadas, siendo
reivindicado con su propia música por compositores como John
Williams.
Hoy en día se considera que La ciudad
muerta, es una de las diez grandes ópera del siglo pasado, y tal vez
por ello, Daniel Schmid, que lo intuyó mucho antes, rinde de alguna
forma un sentido y gran homenaje al compositor, en esta surrealista
y sugerente cinta como es La Paloma.


No hay comentarios:
Publicar un comentario