Facilis descensus averno "El descenso al infierno es fácil" Virgilio, La Eneida

sábado, 5 de octubre de 2019

Les vacances de Monsieur Hulot (Jaques Tati) 1953


“LES VACANCES DE MONSIEUR HULOT” 
("LAS VACIONES DE MR. HULOT") JACQUES TATI, 1953


Jacques Tatí nacido el 9 de octubre de 1907, falleció en París el 4 de noviembre de 1982, era un director y actor francés de origen franco-ruso-itálico-neerlandés. Su auténtico nombre era Jacques Tatischeff y como estudiante resultó ser bastante mediocre, pero también era un apasionado del deporte. Jugaba al tenis y sobre todo se entregó a la equitación. Abandonó los estudios a los 16 años y entró como aprendiz en el negocio familiar, enmarcador, siendo formado por su abuelo. Tras su paso por el servicio militar en el 10º de Dragones, cursó un año de estudios en Londres donde se inició en el rugby, y a su regreso descubrió su vis cómica en el seno del equipo de rugby, Racing Club de Francia, cuyo capitán, Alfred Sauvy era un avalador de Tristán Bernard, reconocido dramaturgo francés, novelista, periodista y abogado que falleció en 1947. Poco después abandonaría el oficio familiar. La crisis económica mundial también azotó Francia, especialmente en el mundo del espectáculo y eso hizo que viviera un periodo realmente muy difícil, aunque ello no le arredró, y elaboró a pesar de la situación un número cómico llamado “Impresiones deportivas”, además de participar en el espectáculo amateur organizado cada año por Alfred Sauvy.

A pesar de no existir pruebas de ello hasta el año 1935, es probable que tuviera otros trabajos remunerados, y es precisamente en esas fechas cuando comienza su andadura como actor de cine, sin embargo de nuevo el destino se cruza en su camino y estalla la segunda guerra mundial. Es movilizado en septiembre de 1939, y en mayo de 1940 participa en la batalla del rio Mosa. Tras la derrota es devuelto a Dordogne donde finalmente es desmovilizado.

Jacques Tati es realmente una personalidad compleja que quizás requiere este pequeño preámbulo para conocer el universo y su recorrido hasta llegar a convertirse en el director que hoy día conocemos. Este creador tan inverosímil y sutil funda una productora en 1946 llamada Cady-Films que a la postre resultará el germen de sus tres primeras películas.
Para su cine, de aparente ausencia de diálogos, Jacques Tati aplicaba un meticuloso cuidado al sonido que conformaba todo el “status” verbal del que parece carecer. De hecho el realizador no necesitaba del diálogo para mostrar.


Su primer largometraje “Jour de fête” (“Día de fiesta”) y en el que su propia esposa interpreta un papel, se rodó entre 1947 y 1948, aunque su estreno en Francia se dilató hasta julio de 1949 debido a las reticencias de las distribuidoras. Si fue estrenada anteriormente en Londres donde obtuvo un enorme éxito, algo que también sucedería en su país natal en el momento de su estreno, pero a España no llegaría hasta 1978.

Más adelante vendrían otras: “Mon oncle” (“Mi tío”) en 1958, nominada al Óscar a la mejor película extranjera, “Play Time” (“Tiempo de juego”) de 1968 y que supuso la quiebra de Spectra films, su segunda productora, y quizás estas junto a “Trafic” de 1971, sean con “Les vacances de Monsieur Hulot” de 1953 sus cintas más representativas. Esta última, de la cual hablaremos hoy no llegaría a España hasta un año después, en 1954.

Imaginaros que estamos en la antigua Grecia, periodo arcaico de la Historia del Arte. Pensad por ejemplo en el Discóbolo o en el Poríforo. Centraros en sus caras, en el marcado hirietismo, su rigidez en las facciones, su ausencia de emociones. Bien, ahora mantened fresca en vuestra retina esa imagen y volvamos al presente. Mientras sigue en vuestras mentes esa imagen, podéis añadir debajo mi nombre, porque esa fue la cara que me quedó tras las dos horas que dura la obra del incomparable Tati. Entre sorprendido y perplejo, con cara de tonto, eso mostraba mi rostro.

Antes de la guerra, el realizador, visitó a unos amigos que poseían una casa en la playa de Port Charlote en Lemoin, en la costa atlántica francesa y quedó tan impresionado que decidió volver algún día para rodar una película seducido por otra playa, Saint Marc sur Mer.


Les vacances de Monsieur Hulot”, ya en el momento de su estreno obtiene el aplauso de crítica y público a nivel mundial. Recibe varios premios, incluido el Louis Delluc. El film sigue siendo uno de los más populares del cine francés de la época, e incluso en la villa de Saint Marc sur Mer, localización del rodaje, renombraron a la playa como La playa de Mr. Hulot, y la preside una estatua del personaje realizada por el escultor Emmanuel Debarre.


El universo del director tiene siempre un tratamiento de la sociedad en la que vivía, y en esta cinta nos habla de cómo la burguesía trata de conservar las tradiciones y repetir esquemas cuidando una moral que pone en vilo su condición. Una moral que a veces aletarga y en otras asume asediada. Una esquematización que busca copiar para nunca transformar, y ciertamente esta condición social tiende a preservar ese estilo de vida, renunciando así a todo lo extraño que trata de infiltrarse.
Una preservación que tiene su prolongación en los ritos urbanos establecidos. De clases, circulares, homogéneos, boatos y beatos, viciados de lo rutinario y lo superficial, pero ¿qué sucede cuando ese escenario cambia?, ¿qué pasa cuando esa rutina se ve momentaneamente modificada?. Cuando algo se cuela, aunque sea en pequeñas dosis, modifica todo el itinerário repetitivo que enmarca al burgués en una conglomeración infinita. De repente toda la orquesta organizada empieza a divergir generando una incisión en las acciones que proviene del riñón de una sociedad estructurada, rígida e intransigente.


Queda claro que el personaje recreado por Tati, Monsieur Hulot, proviene de la burguesía, de otra manera sería difícil explicar cómo puede concurrir al mismo balneario, al mismo hotel y practicar los mismos rituales paganos que esa misma sociedad aburguesada. Sin embargo, Hulot, es quizás un bohemio perdido entre épocas y poblado de un romanticismo que roba y acomete más bien por causas reinvidicativas, algo así como un Robin Hood de lo absurdo. Una reflexión que deja al descubierto esa sociedad aburguesada y sus miserias.

Considerada por algunos, entre los que me incluyo, como su mejor película, sigue las inofensivas desventuras de un tímido y encantador francés mientras disfruta de unas vacaciones en una playa turística irrumpiendo con su viejo cacharro a motor, un más que desvencijado Amilcar 1924. Una entrada triunfal a la que de alguna manera le darían merecido homenaje Blake Edwards junto a Peter Sellers, con la llegada de Hrunda V. Baksi, personaje que interpreta el actor británico en “The Party”, rompiendo la así calma del lugar y de los demás veraneantes.


Esta cinta de Jacques Tati satiriza afectuosamente varios aspectos estirados y rígidos de las clases políticas y económicas de Francia. Todo un desfile de aburguesados, desde el capitalista regordete y los presumidos intelectuales marxistas hasta el proletariado diletante y ordinario, los cuales son incapaces de liberarse de su entorno y sus compromisos sociales, para poder relajarse realmente y disfrutar de la vida. Tampoco se olvida de criticar, de nuevo sutil y gentilmente, la confianza de la sociedad occidental de la postguerra en la primacía del trabajo sobre el ocio y el valor de lo que para él supone una tecnología compleja sobre los placeres simples. Una crítica al acomodaticio burgués con una visión social que iría plasmando en aumento en sus posteriores películas.

Tal como mencionaba anteriormente, en la mayor parte del film el diálogo se limita al papel de los sonidos de fondo, una constante en su cine, combinándolos siempre con frecuentes tomas largas y con múltiples personajes. El realizador era un convencido de que el resultado de aquello mantendría al público enfocando su atención en la cómica naturaleza humana cuando interactúa como grupo. Para ello utiliza una meticulosa coreografía visual en la que mostrar sus gags. De ninguna manera es una comedia muda, puesto que utiliza sonidos naturales y artificiales no solo para efectos cómicos, sino también para desarrollar el personaje. Rodada en blanco y negro, toda la banda sonora está influenciada por el jazz, de hecho casi todos los temas de la película son variaciones del tema “Quel temps fit-il à Paris” y que fueron escritos por Alain Romans.

Como curiosidad cabe recordar que el personaje de Mr. Hulot, está inspirado en un verdadero Sr. Hulot, que no es otro que el político ambientalista francés Nicolas Hulot, aunque según las palabras
del realizador, para las maneras del mismo, su inspiración vino de un sargento que conoció cuando cumplía el servicio militar.

Esta monumental película, contiene una sátira visual muy paralela a los tiempos del cine mudo. Un personaje de piernas largas, ojos saltones y sempiterna pipa además del particular talento para caracterizar las conductas sociales tan presente en todas las cintas de Jacques Tati, completando su imagen con un particular sombrero, su gabardina y su paraguas. Una imagen que nuevamente Blake Edwards y Peter Sellers retomarían para recrear su corrosivo y particular Inspector Clouseau.


Les vacances de Monsieur Hulot”, es un film inusual, sin un aparente verdadero guión, aunque lo cierto es que lo hay y está realmente trabajado y donde el diálogo, mínimo, se utiliza para satirizar lo vanal y sin sentido que dicen los veraneantes. El protagonista Mr. Hulot, es un solterón maduro y extremadamente educado. De buen corazón y gran voluntad, pero también patoso, despistado e inoportuno. Un tipo anodino, solitario e inadaptado que intenta acercarse con buen talante a los demás pero no termina de encajar en las reuniones sociales. Confundido siempre por un excéntrico o un acompañante molesto.

Es una película que auna inteligencia, entretenimiento, sensibilidad, análisis, emoción, magia y poesía. Una expresión lúcida de la vida que mora en la sabiduría del genio y el corazón del ser humano. Una cinta sublime con una colección de chistes visuales jamás reunidos en el celuloide. Una amalgama por el afán de complacer, de desconcierto ante el mundo moderno que nos retrotrae a Chaplin, y una pizca de excentricidad.
Escena tras escena, cualquier personaje puede protagonizar una situación cómica basada en lo ridículo de lo convencional, tan solo el protagonista se sale de lo convencional, siendo capaz de sembrar el caos en la playa con sus arduas relaciones sociales con el dueño del hotel o la bella Martine por ejemplo, y también con los objetos: la barca, la caseta de fuegos artificiales, su propio automóvil, el tocadiscos, etc...


Jacques Tati construye un fresco sobre la variopinta sociedad playera con irónica sorna y al tiempo con un entrañable cariño. Presenta una nutrida galería de personajes singulares entre los que se encuentra un comandante jubilado, autoritario y susceptible, un aburridísimo y locuaz idealista de izquierdas, un negociante que vive colgado del teléfono, una turista inglesa que sólo habla inglés, unos camareros muy sufridos o la joven rubia más guapa asediada por moscones.
En este hotel de la costa bretona donde se reúnen, Mr. Hulot es un tipo que no habla mucho y sin embargo no pasa desapercibido entre sus eventuales convecinos. Un personaje nada desconsiderado y sí de buenas intenciones, pero que a tenor de su inoportunismo, todas las situaciones desembocan a menudo en hecatombe, y siendo un ser social, resulta asocial, por ello no extraña que el primer día le echen ojeriza alguno de los huéspedes. A pesar de ello no se ve como un tipo solitario, anárquico, desgarbado y extravagante, sino que tal vez se imagine a sí mismo como un héroe aventurero y romántico, semejante al pirata del que se disfraza para poder bailar con la chica que le tiene enamorado.


Romántico empedernido y patoso al tiempo, inconsciente e involuntariamente hace cosas nimias que desencadenan grandes catástrofes colectivas. Sin saberlo ni quererlo infringe las reglas de la convivencia y las de los juegos que practica: interrumpe los horarios de las comidas, las reglas del tenis y las del ping-pong, con lo que provoca desórdenes, perplejidades y desbarajustes. Rompe la calma del lugar, uno de sus principales atractivos: enciende por error fuegos artificiales en plena noche. Provoca situaciones imprevisibles que generan confusiones: despedida del duelo en el camposanto, y a veces se comporta de manera inapropiada: ensucia el suelo con sus zapatos embarrados.

En un plano para nada baladí que nos muestra por primera vez la playa, vemos unas cabezas infantiles en primer término con el significado de descubrimiento que eso conlleva. Sobreviene al espectador el recuerdo de la primera vez que vio el mar. El realizador lleva a cabo un ejercicio donde el humor no nace de la realidad misma, sino de cuestionarla. Una visión personal de lo más irrisorio respecto a la conducta social, aunque todo creo nace del hecho de que las situaciones representadas son reconocibles para el espectador.

El particular cine de Tati puede hacer comprensible que haya gente que lo fusile y reniege de él. Era un perfeccionista , de ahí esos gags tan efectivos y de gran fuerza visual.


De entrada hasta te mosquea un poco el tal Mr. Hulot, como que no tienes ganas de sentarte con él a comer después de una mañana tranquila y relajada en la playa. Presientes que te la va a liar, aunque sea sin querer, eso sin contar la percepción de que el tipo le cae fatal a los camareros y al resto de huéspedes. Un hecho que se corrobora cuando vemos que va de estropicio en estropicio como el que no quiere la cosa.

En palabras de Erich Fromm refiriéndose al realizador, citaba al profesor Souvirón en uno de sus libros: “Tener la fe en la posibilidad del amor como un fenómeno social y no solo excepcional e individual, es tener una fe racional basada en la comprensión de la naturaleza misma del hombre”.

Les vacances de Monsieur Hulot”, lejos de los avances tecnológicos, de la globalización y de los agobios, son unas vacaciones llenas de optimismo, con un cuadro social humanizado totalmente muy fácil de notar; y muy importante, siempre serán unas vacaciones para una película fresca y original.


Tras el visionado si logras divertirte en ese hotel y con los personajes que aparecen, Jacques Tati permanecerá siempre en tus recuerdos. Mientras aquellos que observen personajes sin alma y gags forzados, sin chispa o academicistas, aburridos, incoherentes y timoratos, solo decirles que probablemente sean un formato de “replicante” incompatible con este humor, mi consejo es que se abstengan de proseguir y así ahorrarse casi dos horas de una supuesta insustancial nada.

En caso de visionado accidental, visite a su humorista de cabecera para desintoxicarse.

Sin embargo para aquellos que la disfruten y por tanto no necesiten de cuidados médicos, tan solo decirles que el ambiente en el que se desarrolla esta película, la primera donde aparece éste personaje, es una somnolienta ciudad veraniega durante unas vacaciones en las que Mr. Hulot, provoca el caos por doquier, pero los numerosos gags, insisto, de gran fuerza visual, no resultan nunca forzados ni destruyen la atmósfera de la Francia provinciana tan bellamente captada por Jacques Tati, un realizador con sello personal muy definido. Un verdadero génio.

Así llegamos al final de esta sesión en El diván de Louis Cypher, como siempre solo desearos buen cine... y mucha suerte.


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