“LES VACANCES DE MONSIEUR HULOT”
("LAS VACIONES DE MR. HULOT") JACQUES TATI, 1953
Jacques Tatí nacido el 9
de octubre de 1907, falleció en París el 4 de noviembre de
1982, era un director y
actor francés de origen franco-ruso-itálico-neerlandés. Su
auténtico nombre era Jacques Tatischeff
y como estudiante
resultó ser bastante mediocre, pero también era un apasionado del
deporte. Jugaba al tenis y sobre todo se entregó a la equitación.
Abandonó los estudios a los 16 años y entró como aprendiz en el
negocio familiar, enmarcador, siendo formado por su abuelo. Tras su
paso por el servicio militar en el 10º de Dragones, cursó un año
de estudios en Londres donde
se inició en el rugby, y a su regreso descubrió su vis cómica en
el seno del equipo de rugby, Racing Club de Francia,
cuyo capitán, Alfred Sauvy
era un avalador de Tristán Bernard,
reconocido dramaturgo francés, novelista, periodista y abogado que
falleció en 1947.
Poco después abandonaría el oficio familiar. La crisis económica
mundial también azotó Francia,
especialmente en el mundo del espectáculo y eso hizo que viviera un
periodo realmente muy difícil, aunque ello no le arredró, y elaboró
a pesar de la situación un número cómico llamado “Impresiones
deportivas”,
además de participar en el espectáculo amateur organizado cada año
por Alfred Sauvy.
A
pesar de no existir pruebas de ello hasta el año 1935,
es probable que tuviera otros trabajos remunerados, y es precisamente
en esas fechas cuando comienza su andadura como actor de cine, sin
embargo de nuevo el destino se cruza en su camino y estalla la
segunda guerra mundial. Es movilizado en septiembre de 1939,
y en mayo de 1940
participa
en la batalla del rio Mosa.
Tras la derrota es devuelto a Dordogne
donde finalmente es desmovilizado.
Jacques Tati
es realmente una personalidad compleja que quizás requiere este
pequeño preámbulo para conocer el universo y su recorrido hasta
llegar a convertirse en el director que hoy día conocemos. Este
creador tan inverosímil y sutil funda una productora en 1946
llamada Cady-Films que
a la postre resultará el germen de sus tres primeras películas.
Para
su cine, de aparente ausencia de diálogos, Jacques
Tati
aplicaba un meticuloso cuidado al sonido que conformaba todo el
“status” verbal del que parece carecer. De hecho el realizador no
necesitaba del diálogo para mostrar.
Su
primer largometraje “Jour de fête” (“Día
de fiesta”)
y en el que su propia esposa interpreta un papel, se rodó entre 1947
y
1948,
aunque su estreno en Francia
se dilató hasta julio de 1949
debido
a las reticencias de las distribuidoras. Si fue estrenada
anteriormente en Londres
donde obtuvo un enorme éxito, algo que también sucedería en su
país natal en el momento de su estreno, pero a España
no llegaría hasta 1978.
Más
adelante vendrían otras: “Mon oncle” (“Mi
tío”)
en 1958,
nominada al Óscar
a la mejor película extranjera,
“Play Time” (“Tiempo
de juego”)
de 1968
y que supuso la quiebra de Spectra films,
su segunda productora, y quizás estas junto a “Trafic”
de 1971,
sean con “Les vacances de Monsieur Hulot”
de 1953
sus cintas más representativas. Esta última, de la cual hablaremos
hoy no llegaría a España
hasta un año después, en 1954.
Imaginaros
que estamos en la antigua Grecia,
periodo arcaico de la Historia
del Arte.
Pensad por ejemplo en el Discóbolo
o
en el Poríforo.
Centraros en sus caras, en el marcado hirietismo, su rigidez en las
facciones, su ausencia de emociones. Bien, ahora mantened fresca en
vuestra retina esa imagen y volvamos al presente. Mientras sigue en
vuestras mentes esa imagen, podéis añadir debajo mi nombre, porque
esa fue la cara que me quedó tras las dos horas que dura la obra del
incomparable Tati.
Entre sorprendido y perplejo, con cara de tonto, eso mostraba mi
rostro.
Antes
de la guerra, el realizador, visitó a unos amigos que poseían una
casa en la playa de Port
Charlote
en Lemoin,
en la costa atlántica francesa y quedó tan impresionado que decidió
volver algún día para rodar una película seducido por otra playa,
Saint Marc sur Mer.
“Les vacances de Monsieur
Hulot”,
ya en el momento de su estreno obtiene el aplauso de crítica y
público a nivel mundial. Recibe varios premios, incluido el Louis
Delluc.
El film sigue siendo uno de los más populares del cine francés de
la época, e incluso en la villa de Saint
Marc sur Mer,
localización del rodaje, renombraron a la playa como La
playa de Mr. Hulot,
y la preside una estatua del personaje realizada por el escultor
Emmanuel Debarre.
El universo del director tiene siempre un tratamiento de la sociedad
en la que vivía, y en esta cinta nos habla de cómo la burguesía
trata de conservar las tradiciones y repetir esquemas cuidando una
moral que pone en vilo su condición. Una moral que a veces aletarga
y en otras asume asediada. Una esquematización que busca copiar para
nunca transformar, y ciertamente esta condición social tiende a
preservar ese estilo de vida, renunciando así a todo lo extraño que
trata de infiltrarse.
Una preservación que tiene su prolongación en los ritos urbanos
establecidos. De clases, circulares, homogéneos, boatos y beatos,
viciados de lo rutinario y lo superficial, pero ¿qué sucede cuando
ese escenario cambia?, ¿qué pasa cuando esa rutina se ve
momentaneamente modificada?. Cuando algo se cuela, aunque sea en
pequeñas dosis, modifica todo el itinerário repetitivo que enmarca
al burgués en una conglomeración infinita. De repente toda la
orquesta organizada empieza a divergir generando una incisión en las
acciones que proviene del riñón de una sociedad estructurada,
rígida e intransigente.
Queda
claro que el personaje recreado por Tati,
Monsieur Hulot,
proviene de la burguesía, de otra manera sería difícil explicar
cómo puede concurrir al mismo balneario, al mismo hotel y practicar
los mismos rituales paganos que esa misma sociedad aburguesada. Sin
embargo, Hulot,
es quizás un bohemio perdido entre épocas y poblado de un
romanticismo que roba y acomete más bien por causas reinvidicativas,
algo así como un Robin Hood
de lo absurdo. Una reflexión que deja al descubierto esa sociedad
aburguesada y sus miserias.
Considerada
por algunos, entre los que me incluyo, como su mejor película, sigue
las inofensivas desventuras de un tímido y encantador francés
mientras disfruta de unas vacaciones en una playa turística
irrumpiendo con su viejo cacharro a motor, un más que desvencijado
Amilcar 1924.
Una entrada triunfal a la que de alguna manera le darían merecido
homenaje Blake Edwards
junto a Peter Sellers,
con la llegada de Hrunda V. Baksi,
personaje que interpreta el actor británico en “The
Party”,
rompiendo la así calma del lugar y de los demás veraneantes.
Esta
cinta de Jacques Tati
satiriza afectuosamente varios aspectos estirados y rígidos de las
clases políticas y económicas de Francia.
Todo un desfile de aburguesados, desde el capitalista regordete y los
presumidos intelectuales marxistas hasta el proletariado diletante y
ordinario, los cuales son incapaces de liberarse de su entorno y sus
compromisos sociales, para poder relajarse realmente y disfrutar de
la vida. Tampoco se olvida de criticar, de nuevo sutil y gentilmente,
la confianza de la sociedad occidental de la postguerra en la
primacía del trabajo sobre el ocio y el valor de lo que para él
supone una tecnología compleja sobre los placeres simples. Una
crítica al acomodaticio burgués con una visión social que iría
plasmando en aumento en sus posteriores películas.
Tal
como mencionaba anteriormente, en la mayor parte del film el diálogo
se limita al papel de los sonidos de fondo, una constante en su cine,
combinándolos siempre con frecuentes tomas largas y con múltiples
personajes. El realizador era un convencido de que el resultado de
aquello mantendría al público enfocando su atención en la cómica
naturaleza humana cuando interactúa como grupo. Para ello utiliza
una meticulosa coreografía visual en la que mostrar sus gags. De
ninguna manera es una comedia muda, puesto que utiliza sonidos
naturales y artificiales no solo para efectos cómicos, sino también
para desarrollar el personaje. Rodada en blanco y negro, toda la
banda sonora está influenciada por el jazz, de hecho casi todos los
temas de la película son variaciones del tema “Quel
temps fit-il à Paris”
y que fueron escritos por Alain Romans.
Como
curiosidad cabe recordar que el personaje de Mr.
Hulot,
está inspirado en un verdadero Sr. Hulot,
que no es otro que el político ambientalista francés Nicolas
Hulot,
aunque según las palabras
del realizador, para las maneras del mismo, su inspiración vino de
un sargento que conoció cuando cumplía el servicio militar.
Esta
monumental película, contiene una sátira visual muy paralela a los
tiempos del cine mudo. Un personaje de piernas largas, ojos saltones
y sempiterna pipa además del particular talento para caracterizar
las conductas sociales tan presente en todas las cintas de Jacques
Tati,
completando su imagen con un particular sombrero, su gabardina y su
paraguas. Una imagen que nuevamente Blake Edwards
y
Peter Sellers retomarían
para recrear su corrosivo y particular Inspector
Clouseau.
“Les vacances de Monsieur
Hulot”,
es un film inusual, sin un aparente verdadero guión, aunque lo
cierto es que lo hay y está realmente trabajado y donde el diálogo,
mínimo, se utiliza para satirizar lo vanal y sin sentido que dicen
los veraneantes. El protagonista Mr. Hulot,
es
un solterón maduro y extremadamente educado. De buen corazón y gran
voluntad, pero también patoso, despistado e inoportuno. Un tipo
anodino, solitario e inadaptado que intenta acercarse con buen
talante a los demás pero no termina de encajar en las reuniones
sociales. Confundido siempre por un excéntrico o un acompañante
molesto.
Es
una película que auna inteligencia, entretenimiento, sensibilidad,
análisis, emoción, magia y poesía. Una expresión lúcida de la
vida que mora en la sabiduría del genio y el corazón del ser
humano. Una cinta sublime con una colección de chistes visuales
jamás reunidos en el celuloide. Una amalgama por el afán de
complacer, de desconcierto ante el mundo moderno que nos retrotrae a
Chaplin,
y una pizca de excentricidad.
Escena
tras escena, cualquier personaje puede protagonizar una situación
cómica basada en lo ridículo de lo convencional, tan solo el
protagonista se sale de lo convencional, siendo capaz de sembrar el
caos en la playa con sus arduas relaciones sociales con el dueño del
hotel o la bella Martine por
ejemplo, y también con los objetos:
la
barca, la caseta de fuegos artificiales, su propio automóvil, el
tocadiscos, etc...
Jacques Tati
construye un fresco sobre la variopinta sociedad playera con irónica
sorna y al tiempo con un entrañable cariño. Presenta una nutrida
galería de personajes singulares entre los que se encuentra un
comandante jubilado, autoritario y susceptible, un aburridísimo y
locuaz idealista de izquierdas, un negociante que vive colgado del
teléfono, una turista inglesa que sólo habla inglés, unos
camareros muy sufridos o la joven rubia más guapa asediada por
moscones.
En
este hotel de la costa bretona donde se reúnen, Mr.
Hulot
es un tipo que no habla mucho y sin embargo no pasa desapercibido
entre sus eventuales convecinos. Un personaje nada desconsiderado y
sí de buenas intenciones, pero que a tenor de su inoportunismo,
todas las situaciones desembocan a menudo en hecatombe, y siendo un
ser social, resulta asocial, por ello no extraña que el primer día
le echen ojeriza alguno de los huéspedes. A pesar de ello no se ve
como un tipo solitario, anárquico, desgarbado y extravagante, sino
que tal vez se imagine a sí mismo como un héroe aventurero y
romántico, semejante al pirata del que se disfraza para poder bailar
con la chica que le tiene enamorado.
Romántico empedernido y patoso
al tiempo, inconsciente e involuntariamente hace cosas nimias que
desencadenan grandes catástrofes colectivas. Sin saberlo ni quererlo
infringe las reglas de la convivencia y las de los juegos que
practica: interrumpe los horarios de las comidas, las reglas del
tenis y las del ping-pong, con lo que provoca desórdenes,
perplejidades y desbarajustes. Rompe la calma del lugar, uno de sus
principales atractivos: enciende por error fuegos artificiales en
plena noche. Provoca situaciones imprevisibles que generan
confusiones: despedida del duelo en el camposanto, y a veces se
comporta de manera inapropiada: ensucia el suelo con sus zapatos
embarrados.
En un plano para nada baladí que nos muestra por primera vez la
playa, vemos unas cabezas infantiles en primer término con el
significado de descubrimiento que eso conlleva. Sobreviene al
espectador el recuerdo de la primera vez que vio el mar. El
realizador lleva a cabo un ejercicio donde el humor no nace de la
realidad misma, sino de cuestionarla. Una visión personal de lo más
irrisorio respecto a la conducta social, aunque todo creo nace del
hecho de que las situaciones representadas son reconocibles para el
espectador.
El
particular cine de Tati
puede hacer comprensible que haya gente que lo fusile y reniege de
él. Era un perfeccionista , de ahí esos gags tan efectivos y de
gran fuerza visual.
De entrada hasta te mosquea un poco el tal Mr. Hulot,
como que no tienes ganas de sentarte con él a comer después de una
mañana tranquila y relajada en la playa. Presientes que te la va a
liar, aunque sea sin querer, eso sin contar la percepción de que el
tipo le cae fatal a los camareros y al resto de huéspedes. Un hecho
que se corrobora cuando vemos que va de estropicio en estropicio como
el que no quiere la cosa.
En
palabras de Erich Fromm
refiriéndose al realizador, citaba al profesor Souvirón
en uno de sus libros: “Tener la fe en la
posibilidad del amor como un fenómeno social y no solo excepcional e
individual, es tener una fe racional basada en la comprensión de la
naturaleza misma del hombre”.
“Les vacances de Monsieur
Hulot”,
lejos de los avances tecnológicos, de la globalización y de los
agobios, son unas vacaciones llenas de optimismo, con un cuadro
social humanizado totalmente muy fácil de notar; y muy importante,
siempre serán unas vacaciones para una película fresca y original.
Tras
el visionado si logras divertirte en ese hotel y con los personajes
que aparecen, Jacques Tati
permanecerá siempre en tus recuerdos. Mientras aquellos que observen
personajes sin alma y gags forzados, sin chispa o academicistas,
aburridos, incoherentes y timoratos, solo decirles que probablemente
sean un formato de “replicante” incompatible con este humor, mi
consejo es que se abstengan de proseguir y así ahorrarse casi dos
horas de una supuesta insustancial nada.
En caso de visionado accidental, visite a su humorista de cabecera
para desintoxicarse.
Sin
embargo para aquellos que la disfruten y por tanto no necesiten de
cuidados médicos, tan solo decirles que el ambiente en el que se
desarrolla esta película, la primera donde aparece éste personaje,
es una somnolienta ciudad veraniega durante unas vacaciones en las
que Mr. Hulot,
provoca el caos por doquier, pero los numerosos gags, insisto, de
gran fuerza visual, no resultan nunca forzados ni destruyen la
atmósfera de la Francia
provinciana tan bellamente captada por Jacques
Tati,
un realizador con sello personal muy definido. Un verdadero génio.
Así llegamos al final de esta sesión en El diván de Louis Cypher,
como siempre solo desearos buen cine... y mucha suerte.










No hay comentarios:
Publicar un comentario