“THE LAST VALLEY”
(“EL ÚLTIMO VALLE”) JAMES
CLAVELL, 1970
James Clavell,
profesor, novelista y guionista, quizás sea más conocido por sus
novelas “Shogun”,
“Tai-pan”
y “El Rey de las ratas”,
así como co-guionista de la película “The
great escape” (La
gran evasión)
de John Sturges
rodada en 1963,
pero cuenta también con algunos filmes como realizador, como por
ejemplo “To Sir, with love” (Rebelión
en las aulas)
de 1967,
así como la cinta a la que hoy nos referimos “The
last valley” (El
último valle)
de 1970,
una película ambientada en la Guerra
de los treinta años,
donde su historia transcurre desde septiembre de 1637
hasta marzo de 1638,
y supone una adaptación para la gran pantalla de la novela homónima
de John B. Pick,
que nos ilustra un supuesto episodio del conflicto mencionado
centrado en dos hombres, un soldado mercenario y un intelectual, que
huyen de la destrucción y el hambre causados por la guerra
religiosa.
Con
gran acierto el realizador, contó con John Barry
para la composición de la banda sonora, y para la fotografía con
John Wilcox,
quién hizo un trabajo excelente.
Interpretada
por Michael Caine
y Omar Sharif,
un elenco de gran nivel completa el reparto con
Per Oscarsson,
Florinda Bolkan y Niguel Davenport
y un ya no tan primerizo Klaus Kinski.
En
la cinta podemos encontrar influencias de “Los
siete samurais” ,
estrenada en España
en 1967 del
maestro japonés Akira Kurosawa.
aunque quizás la evidente ambición del proyecto, que incluye la
desmitificación histórica y un discurso político-social da unos
resultados aparentes que apuntan a muchas direcciones, aunque no
todas se alcancen.
El
argumento gira en torno a un viejo profesor de universidad, Vogel,
interpretado por el actor egipcio Omar Sharif,
durante uno de sus viajes. En pleno conflicto bélico el profesor
encuentra un valle con un pacífico pueblo que no ha sido afectado
por la guerra que asola los alrededores ya que su aislamiento en las
altas montañas de los Alpes
lo ha mantenido a salvo. Más tarde, un ejercito de mercenarios
liderado por “El Capitán”,
que interpreta el británico Michael Caine,
también lo descubre.
En ese momento la misión de Vogel
será convencer al líder del pueblo, Gruber,
el alcalde interpretado por Nigel Davenport,
de ofrecer a los soldados alimentos y refugio necesarios para el duro
invierno a cambio de la protección del pueblo por parte de los
mercenarios, y al jefe de los soldados,“El
Capitán”,
un superlativo Michael Caine,
que en un papel difícil y complejo compone uno de los mejores
villanos de la historia del cine, de lo inconveniente que sería
arrasar el pueblo en lugar de pertrecharse para un un duro y largo
frio invierno. Un lugar donde descansar del agotador estado al que
están sometidas a diario sus tropas. El caudillo local acepta a
regañadientes la propuesta debido a las circunstancias, pues está
claro que de lo contrario las huestes armadas podrían arrasar la
localidad. Este hecho trastornará la vida del pueblo hasta que
irremediablemente aparecerá la violencia.
Previo
a este encuentro, el director nos muestra cómo Vogel,
al ver llegar a los mercenarios, trata de huir del poblado pero la
perspectiva de muerte y desolación que circunda el valle le obliga a
retornar. Es en esta escena donde Clavell
nos muestra unas impactantes escenas que recrean los estragos de la
peste, y donde John Wilcox
aprovecha, con el uso de la luz, para remarcar la espeluznante y
aterradora visión, reforzando así el pavor que sufre el viejo
profesor. Cuando éste decide volver al pueblo, de nuevo Wilcox
utiliza la luz, que va tornándose más cálida y luminosa, y en ese
instante podemos sentir lo que verdaderamente el profesor desea. Esa
paz al abrigo del valle.
El
invierno arrecia, los alimentos escasean y la peste lo arrasa todo,
lo que hace que “El Capitán”
escuche los consejos del profesor para abastecerse y refugiarse en el
pueblo durante el invierno.
Alguno
de sus soldados se muestran contrarios al cambio de los planes
iniciales, y aquellos que osan medrar, son eliminados implacablemente
y sin compasión por él mismo, como podemos ver en la terrorífica
escena donde Michael Caine,
con sonrisa lasciva y frialdad poderosa, escucha las quejas de uno de
ellos, y no duda en clavar el pincho que adorna su casco en el
estómago del insurrecto.
En
este punto “El Capitán”
toma el mando del valle y acuerda una serie de normas con las
autoridades del pueblo, su líder y el sacerdote, de modo que vecinos
y extraños puedan convivir en armonía. Impone duras reglas a sus
soldados: violaciones y saqueos serán duramente castigados, cómo
mas tarde tendremos la ocasión de ver cuando ejecuta a alguno de sus
hombres por incumplir dichas normas. Sin embargo, también exige un
número indeterminado de mujeres que deberán saciar las necesidades
sexuales de sus hombres. Es curioso ver aquí como el líder
mercenario, prácticamente otorga las indulgencias que son potestad
del sacerdote a su persona, cuando le exige a éste que bendiga a las
escogidas y les proporcione el perdón que las exonere de sus pecados
pasados y futuros. Durante la estancia de los mercenarios en el
pueblo, “El Capitán”,
establece una relación con la bella amante del alcalde, Florinda
Bolkan,
una
mujer acusada una y otra vez de brujería por el fanático sacerdote
del lugar, un personaje que Per Oscarsson,
en una magnífica interpretación, pone de relieve un fanatismo que
revela el estado de la época.
El
realizador dota la película de los claros arquetipos de poder: el
intelectual, el militar, el religioso y el político, en un poblado
que según va transcurriendo la vida comienzan a surgir los primeros
conflictos entre los dos grupos residentes. De nuevo aquí la
religión y la lucha por el poder, al igual que sucede en el resto
del campo de batalla, son los detonantes de estos enfrentamientos en
los que aparece el fanatismo de la religión en la figura del
sacerdote. Es en estos momentos cuando Clavell
pone de manifiesto los motivos del inicio del conflicto, no solo del
valle, sino de la guerra que se sufre. James
Clavell logra
llevar a cabo un retrato complejo de la identidad de los personajes.
Vogel,
representa al intelectual de la época, un profesor universitario,
inteligente y reflexivo que ha sufrido en sus carnes los horrores de
una guerra que le ha arrebatado a su familia, pero sigue defendiendo
unos valores humanistas y racionales, “El
Capitán”,
es un ser escéptico despojado de todo idealismo. Ejecuta sin
contemplaciones a quién osa entrometerse en su camino, pero Michael
Caine
le dota de tal veracidad que hace no solo comprensibles sus actos,
sino que incluso no resulta cruel para el espectador, que se siente
identificado al ver sus decisiones en torno al caos reinante y la
lucha de poder existente. Actúa por puro instinto de supervivencia,
aunque el valle hará aflorar la humanidad adormecida que lleva
dentro. Gruber,
el alcalde, personifica al burgués. Se somete a los soldados
mientras estos le son útiles, adaptándose en función de lo
ventajoso según le convenga a sus intereses y a su persona. El
sacerdote, un brillante Per Oscarsson,
quién representa de forma espectacular todo el fanatismo que
encerraba el clero y la iglesia. Se considera poseedor de la verdad
absoluta y no deja resquicio alguno para el diálogo racional.
Uno de los grandes aciertos de la cinta, es que se basa en el hecho
de que no hay buenos ni malos, sino una escrupulosa galería de
individuos que luchan, cada uno con sus propios medios en pos de su
supervivencia, al tiempo que confiere una óptica a la cinta
totalmente exenta de sentimentalismos superfluos, facilitando así al
espectador la comprensión de las acciones de unos y otros, más allá
de compartir o no las decisiones o posturas de cada uno de los
personajes.
Inicialmente
en la historia, todo parece desarrollarse en calma, sobre todo
gracias al buen hacer de Vogel,
y aquí el realizador aprovecha para presentarnos poco a poco a todos
los personajes clave del film, y vamos comprendiendo como han llegado
a esa terrible situación actual. Las tensiones siguen creciendo
paulatinamente. No sólo son los problemas que causa el fanático
sacerdote, también está el hecho ya comentado del intento de
sublevación por parte de algunos mercenarios que quieren eliminar a
su capitán para tomar ellos el mando. De esta forma, y tras varias
intervenciones mortales de “El Capitán”,
es cuando tras el deshielo que hacía impracticables los pasos, dos
ellos escapan para reclutar mas tropas y poder saquear el lugar.
“El Capitán” y
Vogel organizan
la defensa y al campesinado consiguiendo derrotar a los incursores,
en una escena del asalto rodado muy eficazmente, en especial la
secuencia donde se defiende un pequeño puente de acceso.
Con
el deshielo final, llegan noticias de que el ejército Imperial está
tomando posiciones y los protestantes deben hacerles frente. A estas
alturas el personaje interpretado por Michael
Caine,
ha visto tantas miserias que ha perdido cualquier atisbo de fe o
creencia, sin embargo toma partido por los protestantes y abandona el
pueblo. Decide abandonar su habitual postura de neutralidad y se
posiciona al lado de Bernardo
de Sajonia-Weimar,
príncipe alemán que en 1635
pasó a servir a Francia,
que aún siendo católica, rivalizaba con el Sacro
Imperio Romano Germánico y
España.
mientras, el viejo profesor y algunos habitantes ya acostumbrados a
la vida en paz, permanecen en el remanso del escondido oasis. De esa
forma y en ausencia de la autoridad militar, el alcalde y el
sacerdote no tardan en tomar de nuevo el control del poblado.
En
esta batalla ocurrida en 1638,
el puente de Rheinfelden,
debía ser tomado por
las
fuerzas protestantes para hacerse con el control del Rin.
Finalmente Bernardo
de Sajonia
consigue derrotar al Ejército
Imperial
tomando posteriormente la población de Breisach,
interrumpiendo así las rutas españolas entre el norte de Italia
y los Países Bajo
abriendo camino hacia el corazón de Alemania.
La
película contiene unas impactantes imágenes del ataque a la ciudad
de Rheinfelden,
donde se muestra a las fuerzas protestantes obligadas a tomar el río
de la ciudad para poder cruzar el Rin.
Inicialmente sus ataques fueron frenados por las fuerzas imperiales,
pero un pequeño contingente consiguió cruzar el río más abajo
para contraatacar y tomar por sorpresa al enemigo.
Durante
esta batalla “El Capitán”
resulta herido y su unidad aniquilada, decidiendo volver al valle con
los pocos soldados que le quedan. Pero lo que era un paraíso para
él, ha dejado de serlo. Aquí el alcalde, que de nuevo ostenta el
poder le prepara una encerrona en el bosque. El profesor, viendo que
su estancia comienza a ser peligrosa, trata de huir de la villa, pero
al enterarse de los planes de Gruber,
va en busca del capitán para advertirle. Aquí, en esta escena
final, es donde el personaje de Caine
da muestras del sinsentido de la guerra: “-¿La
batalla?, ¿el príncipe Bernardo?”
le pregunta Vogel
al encontrarlo. “-Él ganó Vogel, pero
nosotros perdimos”,
responde un moribundo capitán.
“The last valley”
es una magnífica recreación de James Clavell
sobre la contienda librada en la Europa
central,
principalmente en Alemania
entre 1618
y 1648,
en la que intervinieron la mayoría de las potencias europeas del
momento. Reconstruye de forma muy ilustrativa un aspecto generalizado
de esta guerra, donde por medio de mercenarios se producían
devastaciones de regiones enteras y las poblaciones eran esquilmadas
en busca de provisiones y otros suministros.
Ésta
contienda que sirve de escenario para la cinta, surgió inicialmente
de un conflicto religioso entre los partidarios de la “Reforma”
y de la “Contra-reforma”
dentro del propio Sacro
Imperio Romano Germánico,
aunque sin embargo la paulatina intervención de las distintas
potencias europeas, entre ellas el Imperio
Español,
quién representó un papel protagonista, se convirtió gradualmente
en la disputa de una guerra general por toda Europa.
Los motivos que sostuvieron su curso durante tan largo tiempo, se
fueron alejando del inicial pretexto religioso, dando paso a la
búsqueda de una situación de equilibrio político y al
enfrentamiento entre diferentes potencias rivales, como es el caso de
España vs.
Francia,
o a la pretensión de alcanzar la hegemonía del escenario europeo,
siendo éstas al fin, las verdaderas motivaciones del conflicto.
Sorprende
que este film lo dirigiera James Clavell,
un novelista, pero quizás ello explique la honestidad con la que
adaptó la novela de J. B. Pick,
al tiempo que esclarece el hecho de que aparezcan escenas tan crudas
y al tiempo tan reales, cómo la de los niños soldado, las
ejecuciones por fanatismo religioso, la peste, etc...La película
funciona como
la antítesis de la “Kermesse heroica”
de 1935,
del director Jacques Feyder,
ya que el realizador Janes Clavell,
intenta reflejar todas las miserias y desgracias que sucedieron
durante estos treinta años de oscuridad sangrienta, y lo hace a
través de la historia de un pequeño pueblo escondido en un valle
que aún no ha sido violado por la contienda.
Es una película sorprendente, llena de matices que plasman fielmente
diferentes aspectos del ambiente tardío-medieval del momento: el
amplio y voluble espectro religioso, la influencia y el poder
despótico de la iglesia sobre un pueblo analfabeto, la caza de
brujas, que supuso un auténtico genocidio contra las mujeres, la
utilización de niños soldado, y el caos e involución reinantes que
promueven una burguesía y una iglesia que unicamente pretenden
mantener su “Status Quo”.
Hay que destacar la banda sonora compuesta por John Barry,
cuando la escuchamos junto a unos espeluznantes títulos de crédito
que parecen rememorar las imágenes de la espectacular obra del
renacimiento nórdico que pintaba Pieter Brueghel,
especialmente “El triunfo de la muerte”. Son unos créditos
sobrecogedores que intimidan y avanzan el desarrollo de la historia
que se nos va a contar.
Filmada con el sistema Todd-Ao, al igual que la conocida
“Around the world in 80 days” (La vuelta al
mundo en 80 días), rodada en 1956 por Michael
Anderson, creo sinceramente que es una obra maestra del cine.
Un film que supone una maravilla en todos los sentidos: la música,
la fotografía, el guión, las actuaciones y el ritmo y veracidad que
imprime el director. Una joya cruel, dura y despiadada, en la que
Clavell sabe tocar perfectamente todas las teclas
inherentes al drama histórico: amor, celos, guerra, desengaño,
violencia y una lucha de poder político-religioso. Todo un portento
que debería ser recordado y alabado cómo se merece.
Obviamente no es una película politicamente correcta, todo lo
contrario, no es nada complaciente, está exenta de concesiones a la
galería y es despiadada. “The last valley”, es
quizás un clásico absoluto y pienso que si no ocupa el lugar que
merece con justicia en la historia del séptimo arte, se debe a la
terrible mala leche que desprende y vierte sobre los temas
sacrosantos de siempre: religión, política, economía y poder.
No es una película complaciente, pero es una joya del cine histórico
injustamente olvidada, quizás por que su director no tenga el mismo
reconocimiento que tiene como novelista. Hoy en día parece que ser
irrespetuoso con la religión se limite a rodar cosas cómo “The
Da Vinci code” (El código Da Vinci) rodada
en 2006 por Ron Howard, un film infinitamente
mas laxo con el poder de la institución eclesiástica.
Tengo la certeza de que esta es una cinta que no decepcionará y por
supuesto no dejará indiferente. Recomiendo fervientemente su
visionado. Juzguen ustedes mismos.
Solo queda agradecer, cómo siempre en este diván, vuestra atención.
Buen cine...y mucha suerte.











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