VALS IM BASHIR
(VALS CON BASHIR) ARI FOLMAN, 2008
A mediados de los ochenta Ari
Folman, tras cumplir el servicio militar en el ejercito
israelí, cumplió el sueño de su vida: dar la vuelta al mundo. Al
poco tiempo, algo mas de dos semanas y en el segundo país que
visitaba, se dio cuenta de que eso no era lo suyo, y se instaló en
un modesto alojamiento en el sudeste asiático. Allí comenzó a
escribir a sus amigos relatándoles un falso viaje alrededor del
planeta. Puede que esa experiencia le llevara a estudiar
cinematografía.
Su trabajo de fin de curso,
“Comfortably Numb” de 1991, donde de forma
cómica, absurda e irónica abordaba las vicisitudes de parientes y
familiares durante la Guerra del Golfo,
le valió el Premio al Mejor Documental del Año. Desde entonces
hasta 1996 escribe y guioniza para la televisión, para
posteriormente dedicarse también a la realización. Su primera
incursión en el mundo de la animación data del año 2004, con su
trabajo “The material that love is made off”.
Un corto de animación de tres minutos donde unos científicos
exponen sus teorías sobre la evolución del amor y que preceden al
documental en sí.
No
sería hasta el año 2008 que Ari Folman
se presentaría con “Vals con Bashir”,
un film de animación con estructura documentalista, sobre la matanza
en Sabra y
Chatila (Líbano)
en 1982,
y que él mismo escribe, produce y dirige. Le acompañan Max
Richter,
autor de la música, Declan Quinn en
la dirección fotográfica y Nili Feller
en el montaje.
Estrenada
en Israel, la cinta toma el nombre de una escena de la misma, en la
que Shmuel Frenkel,
comandante de la unidad de infantería, coge una ametralladora MAG y
baila disparando contra los francotiradores que habían rodeado a su
unidad en una calle llena de carteles del político libanés Bashir
Gemayel.
Ese
mismo año el film ganaría el “Globo de Oro”
a la mejor película de habla no inglesa y el “César”
a la mejor película extranjera, entre otros premios. Al tiempo fue
nominada al “Óscar”,
también
a la mejor película de habla no inglesa y al “BAFTA”
como el mejor film de animación.
Hay
películas con imágenes tan poderosas que se te quedan grabadas y
luego cuesta quitárselas de la cabeza, para bien o para mal. “Vals
con Bashir”
es una de esas. No solo por lo que cabe esperar, ni por lo que se
cuenta, sino por cómo lo hace. A través de una composición de
imágenes oníricas y otras realistas de una fuerza y arrebato, que
componen un trabajo casi pictórico de extraordinaria belleza y
pasión exultante, que realmente convierte la cinta en un trago
amargo difícil de digerir. El dramatismo que impregna la obra la
dota de un realismo que se nos aparece con la estructura de
documental que tiene la película, otorgándole al tiempo carácter y
una veracidad desgarradora. Es la historia de la desestructuración
de un ser que desea reencontrarse y que investiga la memoria de un
suceso terrible.
No
es este film un producto comercial al uso, requiere atención y una
predisposición especial para poder consumir y asumir la crudeza de
la narración y la particular composición de sus imágenes. Algunas
de ellas creadas creadas a partir de falsos recuerdos, sueños o
pesadillas. “Esta historia es mi historia”,
declaró Ari Folman.
“La película retrata lo que pasó desde el
momento en que me dí cuenta de que había borrado partes de mi
memoria”,
añadió. El director, además, ha confesado que los cuatro años que
estuvo desarrollando la obra, provocaron en él una confusión muy
intensa.
“Vals con Bashir”, gira en torno a la matanza de
refugiados palestinos en las poblaciones de Sabra y Chatila,
en el Líbano de 1982.
Como hilo conductor, un sueño recurrente al que el propio cineasta
israelí quiere dar sentido. Él es el protagonista de esta película
de animación que se nos aparece en forma de docu-drama, porque lo
fue también de la historia que cuenta, y son sus recuerdos, o la
falta de ellos, los que originaron el film.
Folman
vivió en toda su expresión los terribles hechos que se narran.
Destinado a esa zona de convulsión cómo soldado, su memoria le
traiciona y quiere averiguar hasta que punto ese sueño es real o
totalmente inventado. Esa necesidad de recordar la verdad le revelará
la estupidez, el horror y todas las consecuencias de un conflicto
bélico absolutamente absurdo y despreciable.
Cuenta
la cinta con una excelente banda sonora original compuesta por el
músico minimalista inglés de origen alemán, Max
Richter.
Incluye también una lista de canciones antibelicistas como “Enola
Gay”,
“This is not a love song”,
“Good morning Lebanon”
y una versión de “I bombed Korea”,
reescrita para la película y bautizada como “I
bombed Lebanon”.
Es preciso remarcar que la música en este film es de una importancia
capital, ya que se convierte en un personaje mas, describiendo las
escenas como si fuera un comentarista de los eventos sucedidos en la
guerra. Recurso que especialmente Francis Ford
Coppola,
utilizó en su majestuosa “Apocalypse Now” en
1979
y recientemente también Fernando León de Aranoa
para su “A perfect day”
de 2015,
donde nos habla de la situación de unos cooperantes en pleno
conflicto de los Balcanes.
El
israelí Ari Folman,
nos presenta una obra que trata de la memoria del individuo y sobre
su experiencia en la guerra y de forma global nos retrata al ser
humano y sus límites, su capacidad de supervivencia y adaptación al
medio, mientras le envuelve un caos de violencia descerebrada.
En
“Vals con Bashir”,
podemos reconocer técnicas de animación que Richard
Linklater
ya llevó a cabo con “Waking Life”
de 2001 o
“A Scanner Darkly”
(“Una mirada a la oscuridad”)
de 2006,
aunque en realidad Folman
no recurrió a la rotoscópia, sino que se grabó en vídeo primero
en estudio, y posteriormente se editó y se crearon más de 2.000
“story-boards”. Esa supuso la base para embarcarse en una
aventura de producción partiendo desde cero.
El resultado es realmente sorprendente y extraordinario, todo un
acierto y animo al espectador a no asustarse ante esta propuesta
porqué sea un documental, ni por el tema que trata, y mucho menos
por el hecho de que sea una cinta de animación.
El
trabajo es extraordinario, con unas escenas que inquietan, conmueven,
emocionan y de tal fascinante belleza que logran inducir al
espectador a una seria reflexión. Desde la demoledora escena
inicial, que nos recuerda a “Apocalypse Now”,
Folman
conforma una espectacular película, única por novedosa en su forma
de conjugar distintos formatos y géneros. Una superlativa capacidad
para evocar el drama en toda su crudeza mediante elementos nada
realistas, con unos dibujos de portentosos claroscuros que retratan
la memoria y lo que de ella falta. Reconstruye memorias, fantasías,
alucinaciones y posibilidades, con contundencia y de manera
devastadora.
El
director, trata de recordar qué ocurrió durante su época como
soldado destinado a zona de guerra durante la invasión del Líbano
a
las órdenes de Sharon,
y utiliza el cine como una terapia, y a base de una catarsis de
escenas bélicas, recreadas en animación, reconstruye lo que su
memoria le oculta. Introduce la amnesia en el personaje, reservándose
para el final de la película la información más impactante sobre
la ocupación de Beirut.
El director hecha mano de todos los instrumentos a su alcance para de
alguna manera encauzar un mensaje que no sea tomado como maniqueista.
La
obra del realizador no mantiene un tono documental constante ya que
desde el inicio, el enfoque aunque está personalizado, adquiere un
tono de realidad, una realidad que Folman
se encarga de traducir a ficción; desde el amigo que relata su sueño
al inicio, hecho que desencadena la necesidad de recordar, como todos
los demás amigos que entrevista, que a pesar de que ciertamente son
reales, él los plantea como personajes. Algo que remarca
acertadamente cuando los retrata con sus detalles y manías. De todas
formas los “flashbacks” aparecen en “voz en off”, hecho que
argumenta más si cabe el documentalismo que pretende el film.
Nos encontramos ante dos estilos muy diferenciados y probablemente el
que mayormente consigue su propósito sea el del documental, ya que
se apoya en hechos más que documentados de gran fuerza. Tal vez la
otra parte, la que relata lo personal, no consiga ese mismo climax de
intensidad, pero que duda cabe que, con un estilo demoledor, Ari
Folman, consigue provocar una impactante catarsis de ilusión,
imaginación, dolor y vergüenza, que convierten el visionado en algo
obligatorio e imprescindible para cualquier aficionado al séptimo
arte, además de una ocasión incomparable para comprender el horror
que supone una situación de ese calado. El horror de un conflicto
permanente, que aunque cambie de fronteras sigue perenne en su camino
inexorable.
Debido a una perdida de definición de los personajes, ya que a veces
sólo aportan sus recuerdos, estos pueden parecernos indiferentes, y
es en estos momentos del film cuando el realizador utiliza las
batallas como hilo conductor de la historia. Recurso utilizado por
Stanley Kubrick en su magnífica “Full metal
jacket” (“La chaqueta metálica”) de
1987, consiguiendo así que la película parezca una
acumulación de momentos históricos aislados y no una narración
lineal, reforzando y manteniendo el énfasis en el documentalismo y
la veracidad.
En ningún momento se presenta a Israel como un país ecuánime o
pacífico, al igual que de ninguna manera se justifican las
decisiones de Ariel Sharon, entendiendo que se
produce una terapia reparadora, ya que no tan sólo sale a la luz lo
ocurrido, o hasta que punto el realizador se agarra a un clavo
ardiendo en busca de esa redención. Esa cruenta matanza de
refugiados palestinos en 1982, conforman los acontecimientos
que dan pié al israelí Ari Folman, para reconstruir
la memoria borrada o escondida en su mente. Eso le permite lanzar un
mensaje claro, duro, seco y antibelicista y que de forma original se
atreve a dibujar el horror de una dura historia que hipnotiza y que
es capaz de secar la garganta al menos sensible. La cinta derrocha y
se perfuma de compromiso y riesgo con una inusitada fuerza visual.
Utilizando la estética Cómic consigue una libertad
total para poner de manifiesto el escenario del conflicto, logrando
transmitir el mensaje con una magnitud especial que no obvia la
crítica que existe hacia su país. Juega de forma
inquietante con los límites de la realidad en un ejercicio para
valientes, lleno de osadía y acierto para construir un escenario
bélico difícil de olvidar en una zona donde de manera constante se
vive una tensión que palidece la mirada y la subsistencia sigue
siendo actualidad.
Un
proyecto que llevó cuatro años para completarse. Un trabajo inusual
por lo que supone que un documental se lleve a cabo con cine de
animación, de ilustración elegante, trazo grueso y un coloreado
sobrio que no aleja de la realidad, sino que refuerzan la dureza de
las historias que se relatan. Una cinta que se apoya acertadamente en
la combinación de música clásica con canciones de los años 80 y
que maneja unos códigos espectaculares con gráficos realistas y
escenas surrealistas, añadiendo una presencia más como relator, el
Cómic,
como testigo de sus tiempos, en un guiño al auge que vivían en
aquellos años.
Puede
que el público llegue a regatear la contundencia de los hechos que
se muestran a pesar de que se conozcan. Tal vez sea por el formato
animado, en lugar de real, por más que los dibujos busquen el
realismo. Cabe recordar que al final del film, el único momento en
el que las imágenes son reales, un segmento que muestra el horror
verdadero, el director parece recalcar los hechos como dándoles una
áurea de veracidad. En cualquier caso Folman,
la valoración de ese tramo la dejó al libre albedrío del
espectador. Por mi parte considero que esta secuencia no es necesaria
y que la armonía, de lo que creo es una obra redonda, parece quedar
desprestigiada así cómo el fresco dibujado hasta ese momento.
Siempre cabe la posibilidad de que el autor, con el deseo de llamar
la atención sobre los hechos, se planteara este final a costa de
romper la terrible belleza del conjunto. Una cinta que te sumerge en
la odisea de una pesadilla, recorriendo recuerdos olvidados y
alucinaciones que ponen en pié un rompecabezas para alcanzar ese
hipnotismo visual que el autor persigue. “Vals
con Bashir”
es una película capaz de remover conciencias, es desgarradora y
provocadora.
Hasta un próximo artículo, buen cine...y mucha suerte.









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