Facilis descensus averno "El descenso al infierno es fácil" Virgilio, La Eneida

sábado, 10 de agosto de 2019

The Basketball Diaries (Scott Kalvert) 1995


“THE BASKETBALL DIARIES”
(DIARIO DE UN REBELDE) SCOTT KALVERT, 1955


Antes de adentrarnos en la película de la que hablaremos hoy, sería necesario primero revisar brevemente la historia de Jim Carroll, autor del relato en que se basa la película y la cual incluye un cameo del polifacético artista..

Aparte de ser un gran aficionado a la escritura, James Dennis Carroll, conocido cómo Jim Carroll, nacido en Nueva York el 1 de agosto de 1949, murió el 11 de septiembre de 2009. Hijo de una familia de clase obrera, era un joven estudiante de instituto donde jugaba al baloncesto, que le llevó a entrar en la Biddy League” a los trece años, participando en la Escuela Superior Nacional del Juego de Estrellas en 1966.
Durante todo este tiempo Carroll, estaba viviendo una doble vida como un adicto a la heroína que se prostituía para pagar su hábito, pero también escribía poemas y participaba en talleres de poesía. Asistió brevemente al Wagner College y a la Universidad de Columbia. En secundaria publicó su primer poemario “Organic Trains”. Algunos literatos locales se interesaron por su obra y comenzó a publicarse en la revista “Poety Project”, esto hizo que pronto su obra apareciera también publicada en revistas literarias como:“Elite Paris Review”.


En 1970 comenzó a trabajar con Andy Warhol, en la creación de diálogos, pero terminó siendo su particular co-director teatral, y fue en 1978 cuando publicó “The basketball diaries”, un relato autobiográfico sobre sus vivencias como adolescente dentro de una cultura de drogas duras en Nueva York. Resume su vida desde los doce hasta los dieciséis años y relata sus experiencias sexuales, su carrera en el baloncesto y su adicción a la heroína, en la que había caído desde los trece años.
En 1978 decidió trasladarse a California para abandonar la heroína y allí fundó una banda punk-rock muy influenciada por los acordes de Patty Smith, con la que compartió apartamento en Nueva York junto a Robert Mapplethorpe y que bautizó cómo:“Jim Carroll Band”. Colaboró igualmente con músicos como Lou Reed, Blue Öyster Cult, Boz Scaggs, Ray Manzarek, The Doors, Pearl Jam o la Electric Light Orchestra. Después de trabajar cómo músico, Carroll, volvió a escribir durante toda la década de los ochenta. Mientras se encontraba en su mesa de trabajo un repentino ataque al corazón sesgó su vida a la edad de 60 años.

Unos años antes de fallecer, en 1995, Scott Kalvert retoma el libreto del relato de Carroll y decide llevarlo a la pantalla y bajo su dirección tenía toda una selección de actores y actrices más que interesante. El protagonista, Leonardo DiCaprio da vida al polifacético artista Jim Carroll, y le acompañan una, aún no tan veterana en las pantallas, Lorraine Bracco, un joven Mark Wahlberg y completando el reparto aparecen Patrick McGaw, Bruno Kirby, Juliette Lewis, James Madio, Ernie Hudson, Michael Imperioli, al que veríamos mas tarde en la conocida serie “The Sopranos” junto a James Gandolfini y el propio Jim Carroll interpretando un pequeño papel cómo “Frankie Pinewater”.


El guión lo firma Bryan Goluboff a partir del relato de Carroll, la fotografía corre a cargo de David Phillips y Graeme Revell es el autor de la banda sonora a la cual hay que añadirle las canciones que se escuchan en el primer disco del artista neoyorkino titulado:“The Catholic Boy”.

La crónica autobiográfica de Carroll le sirve al realizador para relatar las experiencias de un grupo de adolescentes, a los que sus gamberradas escolares les llevan por los oscuros caminos de la desesperación y sus actos fuera de clase amenazan con destruirlos.
Caminan por el filo de una navaja a un paso del abismo, esnifan productos de limpieza, practican pequeños hurtos, se ríen y aunque no sea visual se masturban con fotografías pornográficas, mientras el espectador asiste a esa autodestrucción que los convertirá en “carne de cañón”.


Es la historia de cinco amigos incapaces de mantener la cabeza a flote cuando pierden el control de si mismos. No se puede decir que se trate de un argumento novedoso: adolescentes de suburbios o clase media que caen en el nefasto mundo de las drogas, pero a diferencia de otras películas donde esta se trata de una forma más conceptual que empírica, “The Basketball Diaries”, establece una forma totalmente inversa: la prosa del poeta. Es física, es táctil. La transpiración, la saliva, los fluidos corporales hacen de ella una experiencia casi escatológica, dejando en posiciones ausentes de toda dignidad personal a los personajes. Denigrándolos tanto o más que los propios personajes se denigran a si mismos. Sin llegar a ser tan excesivo como Danny Boyle en su popular y escabrosa “Trainspotting” de 1996, Scott Kalvert firma una película que resultando algo más suave, probablemente debido al público a quien va dirigida, es de alguna manera precursora de la película de Boyle.

Sin ser una gran obra, si podemos decir que es una película muy honesta con un acurado sentido de la mesura y que contiene escenas realmente duras pero ciertamente son las justas y necesarias, al tiempo que todo el elenco raya a gran altura con unas excelentes interpretaciones a pesar de su juventud.

La película comienza con un joven Carroll, interpretado por Leonardo DiCaprio, que había visto como a pesar de su gran talento se derrumbaba su sueño de pasar de gran promesa del baloncesto, a estrella, y jugar en la liga profesional.
Ahora, en su lugar, él y sus amigos se veían inmersos en una espiral de drogas, prostitución y delincuencia, conociendo el lado más oscuro de la vida. Al tiempo, Jim, contaba sus vivencias en su diario, donde confesaba todos sus actos.


El film está impregnado, a través de sus textos, de toda la contracultura que había vivido el autor del relato, y su música, da pie a un acelerado “Facilis descensus averno” que citaba Virgilio en “La Eneida”, ese fácil descenso al infierno por el que transitan los personajes de la obra, pero que hacen de la cinta una película algo irregular.


El primer nombre que se barajaba para el papel protagonista era el de River Phoenix, pero falleció antes de que comenzara la producción y finalmente se contó con un extraordinario DiCaprio que nos deleita con una actuación portentosa. Hay que recordar que en aquellos años Mark Wahlberg era modelo de ropa interior para Calvin Klein, y DiCaprio aún no era un polizón ni tampoco se había hundido con el “Titanic”, ni le había vacilado a todo un FBI y ni mucho menos se había tomado un Martini con Scorsese que aparece junto al actor en un “cameo” del director en esta dura película para los adolescentes de aquella época, con un contenido totalmente pensado para un público del mismo rango de edad.
Esta autobiografía del músico, escritor y poeta neoyorkino protagonizada por el actor californiano, resulta un duro drama de adolescentes, drogas y desengaños en la que DiCaprio, demostrando ya en su juventud el talento interpretativo que se avecinaba, compone un personaje superlativo, atención especial a la escena en que le suplica ayuda a su madre desde el otro lado de la puerta. 


Una escena brutal y angustiosa compartida con una excelente Lorraine Bracco que interpreta a su progenitora. Junto a ellos dos, además de todo el reparto en general, merecen atención especial los trabajos de Mark Wahlberg y Juliette Lewis, esta última venía de concluir el rodaje de “Cape Fear” (“El Cabo del miedo”) dirigida por Martin Scorsesse en 1991, quienes también ya avecinan su futuro en la industria.

Hay en el film dos partes radicalmente diferenciadas; la primera parte se centra en la belleza de la juventud, mientras la segunda va directa al pozo de heroína. “Diario de un rebelde” es una película que no tiene la fama que se merece. Una historia contada perfectamente y que en ningún momento se hace pesada a pesar de algún altibajo. Esta cinta debería considerarse de culto. Pocas películas cuentan la realidad de las drogas mejor que esta.

Puede parecer extraño que en medio de esos turbios ambientes, celosamente sucios y olvidados, se escuchen frases cómo:Caen las lluvias del mes sobre mi animo”, pero el hecho de que el protagonista sea un adolescente con educación y de aspiraciones poéticas, complementa una obra que de no ser así podría haber quedado en la superficie de las adicciones. Algo que si sucede en el morbo alucinado de “Trainspotting” o en películas cómo: “Christiane F.” dirigida por Uli Edel en 1981 o “Requiem por un sueño” de Darren Aronofsky estrenada en 2001, mientras Kalvert opta por hacernos fluctuar entre la imagen babosamente auto-explícita y la fluidez narrativa de un poeta.


Entiendo que la postura del director no es gratuita ya que en el film hay dos puntos claramente enfrentados. Por un lado el de los jóvenes, por otro el de las instituciones sociales básicas. Liberación y conservadurismo. Leonardo DiCaprio, brillante y al límite de la excelencia, en la piel del protagonista Jim, es rechazado por la Iglesia más de una vez. Es esta una imagen castradora, que muestra lo establecido al igual que la escuela, y también la familia, llevada en última instancia a una posición de contención inquietante y falta de piedad.

Scott Kalvert, mediante la película, casi de soslayo y con disimulo, lanza sobre la mesa una reflexión muy incómoda de contestar: ¿Será la destrucción de los antiguos estatutos sociales, hoy ya decadentes y represivos, una de las causas que lleva a esta juventud a una situación cada vez más descarriada y delictiva?.
Para cuando el espectador se hace la pregunta y la película utiliza esta arma secreta, el punto de vista se adueña pura y exclusivamente del protagonista, convirtiendo la trama en una cuestión totalmente personal.


Algunas de las razones por las que merece la pena el visionado de esta cinta son la grandiosa interpretación de Leonardo DiCaprio y una gran y desgarradora historia contada a ritmo de fotogramas, y por esgrimir alguna razón para no verla, quizás aducir que haya algunas imágenes que puedan herir sensibilidades. En definitiva es una película lúcida, honesta y muy personal, un film maldito que pocos recuerdan y que merece ser revisado.


Hasta aquí la sesión de hoy, como siempre, buen cine...y mucha suerte.

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