“THE BASKETBALL DIARIES”
(DIARIO DE UN REBELDE) SCOTT KALVERT,
1955
Antes de adentrarnos en la película de
la que hablaremos hoy, sería necesario primero revisar brevemente la
historia de Jim Carroll,
autor del relato en que se basa la película y la cual incluye un
cameo del polifacético artista..
Aparte de ser un gran aficionado a la
escritura, James Dennis Carroll,
conocido cómo Jim Carroll,
nacido en Nueva
York
el 1 de agosto de 1949,
murió el 11 de septiembre de 2009.
Hijo de una familia de clase obrera, era un joven estudiante de
instituto donde jugaba al baloncesto, que le llevó a entrar en la “Biddy League”
a los trece años, participando en la Escuela
Superior Nacional del Juego de Estrellas
en 1966.
Durante
todo este tiempo Carroll,
estaba viviendo una doble vida como un adicto a la heroína que se
prostituía para pagar su hábito, pero también escribía poemas y
participaba en talleres de poesía. Asistió brevemente al Wagner
College
y a la Universidad
de Columbia.
En secundaria publicó su primer poemario “Organic
Trains”.
Algunos literatos locales se interesaron por su obra y comenzó a
publicarse en la revista “Poety Project”,
esto hizo que pronto su obra apareciera también publicada en
revistas literarias como:“Elite Paris Review”.
En
1970
comenzó a trabajar con Andy Warhol,
en la creación de diálogos, pero terminó siendo su particular
co-director teatral, y fue en 1978
cuando publicó “The basketball diaries”,
un relato autobiográfico sobre sus vivencias como adolescente dentro
de una cultura de drogas duras en Nueva
York.
Resume su vida desde los doce hasta los dieciséis años y relata sus
experiencias sexuales, su carrera en el baloncesto y su adicción a
la heroína, en la que había caído desde los trece años.
En
1978
decidió trasladarse a California
para abandonar la heroína y allí fundó una banda punk-rock muy
influenciada por los acordes de Patty Smith,
con la que compartió apartamento en Nueva
York junto
a Robert
Mapplethorpe
y que bautizó cómo:“Jim Carroll Band”.
Colaboró igualmente con músicos como Lou Reed,
Blue Öyster Cult,
Boz Scaggs,
Ray Manzarek,
The Doors,
Pearl Jam o
la Electric Light Orchestra.
Después de trabajar cómo músico, Carroll,
volvió a escribir durante toda la década de los ochenta. Mientras
se encontraba en su mesa de trabajo un repentino ataque al corazón
sesgó su vida a la edad de 60 años.
Unos años antes de fallecer, en 1995, Scott Kalvert
retoma el libreto del relato de Carroll y decide
llevarlo a la pantalla y bajo su dirección tenía toda una selección
de actores y actrices más que interesante. El protagonista, Leonardo
DiCaprio da vida al polifacético artista Jim Carroll,
y le acompañan una, aún no tan veterana en las pantallas, Lorraine
Bracco, un joven Mark Wahlberg y completando el
reparto aparecen Patrick McGaw, Bruno Kirby,
Juliette Lewis, James Madio, Ernie
Hudson, Michael Imperioli, al que veríamos mas
tarde en la conocida serie “The Sopranos” junto a
James Gandolfini y el propio Jim Carroll
interpretando un pequeño papel cómo “Frankie Pinewater”.
El guión lo firma Bryan Goluboff a partir del relato
de Carroll, la fotografía corre a cargo de David
Phillips y Graeme Revell es el autor de la
banda sonora a la cual hay que añadirle las canciones que se
escuchan en el primer disco del artista neoyorkino titulado:“The
Catholic Boy”.
La crónica autobiográfica de Carroll le sirve al
realizador para relatar las experiencias de un grupo de adolescentes,
a los que sus gamberradas escolares les llevan por los oscuros
caminos de la desesperación y sus actos fuera de clase amenazan con
destruirlos.
Caminan por el filo de una navaja a un paso del abismo, esnifan
productos de limpieza, practican pequeños hurtos, se ríen y aunque
no sea visual se masturban con fotografías pornográficas, mientras
el espectador asiste a esa autodestrucción que los convertirá en
“carne de cañón”.
Es la historia de cinco amigos incapaces de mantener la cabeza a
flote cuando pierden el control de si mismos. No se puede decir que
se trate de un argumento novedoso: adolescentes de suburbios o clase
media que caen en el nefasto mundo de las drogas, pero a diferencia
de otras películas donde esta se trata de una forma más conceptual
que empírica, “The Basketball Diaries”, establece
una forma totalmente inversa: la prosa del poeta. Es física, es
táctil. La transpiración, la saliva, los fluidos corporales hacen
de ella una experiencia casi escatológica, dejando en posiciones
ausentes de toda dignidad personal a los personajes. Denigrándolos
tanto o más que los propios personajes se denigran a si mismos. Sin
llegar a ser tan excesivo como Danny Boyle en su
popular y escabrosa “Trainspotting” de 1996,
Scott Kalvert firma una película que resultando algo
más suave, probablemente debido al público a quien va dirigida, es
de alguna manera precursora de la película de Boyle.
Sin ser una gran obra, si podemos decir que es una película muy
honesta con un acurado sentido de la mesura y que contiene escenas
realmente duras pero ciertamente son las justas y necesarias, al
tiempo que todo el elenco raya a gran altura con unas excelentes
interpretaciones a pesar de su juventud.
La película comienza con un joven Carroll,
interpretado por Leonardo DiCaprio, que había visto
como a pesar de su gran talento se derrumbaba su sueño de pasar de
gran promesa del baloncesto, a estrella, y jugar en la liga
profesional.
Ahora, en su lugar, él y sus amigos se veían inmersos en una
espiral de drogas, prostitución y delincuencia, conociendo el lado
más oscuro de la vida. Al tiempo, Jim, contaba sus
vivencias en su diario, donde confesaba todos sus actos.
El film está impregnado, a través de sus textos, de toda la
contracultura que había vivido el autor del relato, y su música, da
pie a un acelerado “Facilis descensus averno” que
citaba Virgilio en “La Eneida”, ese
fácil descenso al infierno por el que transitan los personajes de la
obra, pero que hacen de la cinta una película algo irregular.
El primer nombre que se barajaba para el papel protagonista era el de
River Phoenix, pero falleció antes de que comenzara la
producción y finalmente se contó con un extraordinario DiCaprio
que nos deleita con una actuación portentosa. Hay que recordar que
en aquellos años Mark Wahlberg era modelo de ropa
interior para Calvin Klein, y DiCaprio
aún no era un polizón ni tampoco se había hundido con el
“Titanic”, ni le había vacilado a todo un FBI y
ni mucho menos se había tomado un Martini con Scorsese
que aparece junto al actor en un “cameo” del director en esta
dura película para los adolescentes de aquella época, con un
contenido totalmente pensado para un público del mismo rango de
edad.
Esta autobiografía del músico, escritor y poeta neoyorkino
protagonizada por el actor californiano, resulta un duro drama de
adolescentes, drogas y desengaños en la que DiCaprio,
demostrando ya en su juventud el talento interpretativo que se
avecinaba, compone un personaje superlativo, atención especial a la
escena en que le suplica ayuda a su madre desde el otro lado de la
puerta.
Una escena brutal y angustiosa compartida con una excelente
Lorraine Bracco que interpreta a su progenitora. Junto
a ellos dos, además de todo el reparto en general, merecen atención
especial los trabajos de Mark Wahlberg y Juliette
Lewis, esta última venía de concluir el rodaje de “Cape
Fear” (“El Cabo del miedo”) dirigida por
Martin Scorsesse en 1991, quienes también ya
avecinan su futuro en la industria.
Hay en el film dos partes radicalmente diferenciadas; la primera
parte se centra en la belleza de la juventud, mientras la segunda va
directa al pozo de heroína. “Diario de un rebelde”
es una película que no tiene la fama que se merece. Una historia
contada perfectamente y que en ningún momento se hace pesada a pesar
de algún altibajo. Esta cinta debería considerarse de culto. Pocas
películas cuentan la realidad de las drogas mejor que esta.
Puede parecer extraño que en medio de esos turbios ambientes,
celosamente sucios y olvidados, se escuchen frases cómo:“Caen
las lluvias del mes sobre mi animo”, pero el hecho de que
el protagonista sea un adolescente con educación y de aspiraciones
poéticas, complementa una obra que de no ser así podría haber
quedado en la superficie de las adicciones. Algo que si sucede en el
morbo alucinado de “Trainspotting” o en películas
cómo: “Christiane F.” dirigida por Uli Edel
en 1981 o “Requiem por un sueño” de Darren
Aronofsky estrenada en 2001, mientras Kalvert
opta por hacernos fluctuar entre la imagen babosamente auto-explícita
y la fluidez narrativa de un poeta.
Entiendo que la postura del director no es gratuita ya que en el film
hay dos puntos claramente enfrentados. Por un lado el de los jóvenes,
por otro el de las instituciones sociales básicas. Liberación y
conservadurismo. Leonardo DiCaprio, brillante y al
límite de la excelencia, en la piel del protagonista Jim,
es rechazado por la Iglesia más de una vez. Es esta una imagen
castradora, que muestra lo establecido al igual que la escuela, y
también la familia, llevada en última instancia a una posición de
contención inquietante y falta de piedad.
Scott Kalvert,
mediante la película, casi
de soslayo y con disimulo, lanza sobre la mesa una reflexión muy
incómoda de contestar: ¿Será la destrucción de los antiguos
estatutos sociales, hoy ya decadentes y represivos, una de las causas
que lleva a esta juventud a una situación cada vez más descarriada
y delictiva?.
Para cuando el espectador se hace la pregunta y la película utiliza
esta arma secreta, el punto de vista se adueña pura y exclusivamente
del protagonista, convirtiendo la trama en una cuestión totalmente
personal.
Algunas
de las razones por las que merece la pena el visionado de esta cinta
son la grandiosa interpretación de Leonardo
DiCaprio
y una gran y desgarradora historia contada a ritmo de fotogramas, y
por esgrimir alguna razón para no verla, quizás aducir que haya
algunas imágenes que puedan herir sensibilidades. En definitiva es
una película lúcida, honesta y muy personal, un film maldito que
pocos recuerdan y que merece ser revisado.
Hasta aquí la sesión de hoy, como siempre, buen cine...y mucha
suerte.









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