Facilis descensus averno "El descenso al infierno es fácil" Virgilio, La Eneida

lunes, 29 de julio de 2019

Muerte de un ciclista (Juan Antonio Bardém), 1955


MUERTE DE UN CICLISTA
(JUAN ANTONIO BARDEM), 1955


Muerte de un ciclista”, es una coproducción hispano-italiana dirigida por Juan Antonio Bardem en 1955, y en la que el realizador nos presenta un gran film enmarcado en el cine negro, un trabajo de alto nivel técnico, donde la tarea del elenco de actores así como el desarrollo narrativo y visual resultan impecables.
Además de la dirección de Bardem, hay que destacar la valiosa elección de tomas y escenarios fotográficos hecha por Alfredo Fraile. El guión fue escrito conjuntamente por Luis Fernándo de Igoa y el propio director y contó con la producción de Manuel Goyanes. El maestro Isidro B. Maiztegui fue el autor de la banda sonora. El montaje lo realizó Margarita Ochoa y la escenografía quedó en manos de Enrique Alarcón, y se tuvo gran cura en la elección de los actores y actrices, un elenco de gran altura que además de Alberto Closas y Lucía Bosé, estaban Otello Tosso, Bruna Corrá, Carlos Casaravilla, Manuel Alexandre, Matilde Muñoz Sampedro y Júlia Delgado Caro.


La película nos cuenta la historia de María José, personaje interpretado por la actríz Lucía Bosé.
Una joven dama de la burguesía madrileña casada con Miguel de Castro, al que da vida el actor Otello Tosso,  que mantiene al tiempo un romance secreto con un profesor universitario llamado Juan Fernández Soler, un magnífico Alberto Closas. Un día, en una de sus escapadas, atropellan a un ciclista. Se detienen para comprobar su estado y Juan se acerca al moribundo, pero interpelado por ella, se detiene y retrocede. Ato seguido, ambos suben al coche y huyen repentinamente sintiéndose atormentados por el remordimiento, un elemento clave en la historia y que les perseguirá a cada momento hasta que descubren que nadie sabe nada de lo sucedido. Sin embargo Juan continua sintiéndose ahogado por su propia conciencia y mientras ella es asediada por Rafa, un empalagoso Carlos Casaravilla, que interpreta un a un seductor crítico de arte.


María José, dominada por la suspicacia ante las molestas insinuaciones de Rafa, que parece, a su juicio, conocer lo ocurrido, teme por la integridad de su posición social. Su amante, por su parte, ofuscado por el sentimiento de culpa desempeña sus ocupaciones diarias distraidamente, aunque no ceja en su esfuerzo por conservar la calma y asumir sus quehaceres con aparente normalidad. Sin embargo, un acto de negligencia profesional le abocará al descrédito. Durante una de sus clases, una alumna sale a la pizarra para someterse a un examen. En el transcurso de la exposición, la voz de la alumna se le antoja asfixiante al profesor, estrangulándola en su pensamiento, de tal modo que termina por proferir un grito conminándola a marcharse a su sitio. Poco tiempo después Juan le suspende el examen, y como consecuencia de ello, debe asumir las decisiones de sus superiores y afrontar las protestas del resto del alumnado. Posteriormente, no sin antes avisar a María José, decide abandonarlo todo y entregarse a la policía.
Sin embargo ella renuncia a sacrificar su estatus social, y para evitarlo, atropella deliberadamente a Juan en la misma carretera donde atropellaron al ciclista. Sin saberlo, a ella le aguarda la misma fatalidad que a él. Mientras regresa a su casa, se le atraviesa un segundo ciclista, y por evitarlo, da un brusco giro de volante precipitándose por un puente con funestas consecuencias. A modo de moraleja el autor cierra la historia con una secuencia donde vemos cómo en este caso el ciclista no duda en dar aviso, contrariamente a lo que la pareja protagonista hizo en primer momento. La mayor parte del rodaje se llevó a cabo en los Estudios Chamartín, Madrid y sus alrededores. Como curiosidad comentar que en Estados Unidos fue rebautizada como “Age of infidelity”, una práctica con las traducciones de los títulos que en aquellos años no solo se utilizaba en España.


El film, pese a su voluntad de esquivar la censura franquista, recibió la calificación por parte de las autoridades de “Gravemente peligrosa”. Estrenada fuera de concurso en el Festival de Cannes, obtuvo el premio de la Crítica Internacional.

La aparente simplicidad argumental puede hacernos pensar que su exhibición pudiera estar exenta de dificultades, sin embargo el simbolismo que encierra, despertó el recelo de las autoridades, y de no haber sido por la colaboración de Manuel Goyanes, quién involucró a varias compañías para acometer este proyecto, difícilmente se hubiera podido rodar esta película. El director ya contaba con el “Si” de Alberto Closas y la productora italiana Trionfalcine aportó, por su parte a Lucía Bosé.


En una intervención posterior al festival realizada en el evento Conversaciones Internacionales Cinematográficas de Salamanca, donde se debatía la situación estructural del cine español, Bardem intervino junto Basilio Martín Patino y resumieron conjuntamente las conclusiones de aquél congreso subrayando que: “Cuando el cine de todos los países concentra todo su interés en los problemas que la realidad plantea cada día, sirviendo así a una esencial misión de testimonio, el cine español continua cultivando tópicos conocidos. El problema del cine español es que no es ese testigo que nuestro tiempo exige a toda creación humana”. Fue más lejos en su valoración el director Juan Antonio Bardem, declarando: “El cine español es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico”.
No hay que olvidar que el cine franquista, cualitativamente era inferior a otras cinematografías nacionales, tenía una clara finalidad propagandística, por lo que los pocos que procuraban deliverada o solapadamente evitar la censura, pasaron a la posteridad como testigos excepcionales de su tiempo, y no solo se resistieron a asumir como propios los principios del régimen, sino que además lo pusieron en entredicho, simplemente mostrando su lado oscuro. “Muerte de un ciclista”, llegó a convertirse en una de las películas de referencia del entonces denominado “Cine político”. El efecto que causó fue tal, que la censura intervino en el resultado final del film: la protagonista debía morir para expiar sus culpas. Algo que por otro lado no reducía en lo más mínimo el valor crítico de la cinta.

Repasando el contexto histórico, el profesor José M. Caparrós, comentaba que en “Muerte de un ciclista”...se aprecian el tráfico de influéncias y la situación de la clase obrera en esa etapa de posguerra, así como también el fariseísmo de determinada sociedad, o los primeros conatos de rebelión estudiantil, además el trasfondo político español y la crisis de algunos intelectuales, llegándose incluso a identificar a Bardem con Rafa, el crítico de arte que interpreta Carlos Casaravilla”
La muerte de Juan tras el atropello de su amante, adquiere trascendencia, en cuanto de lo social, extendiéndose al mismo ámbito actuando políticamente: es una clase social defendiendo a toda costa sus privilegios. “Muerte de un ciclista” es, por tanto, la descripción crítica de un país sumido en un periodo de confusión social, en el que la miseria y el lujo distan mucho de encontrar un punto medio de confluencia.


Por otra parte, según el modelo urbanístico de la época, a cada distrito se le atribuía una categoría social casi exclusiva, algo así cómo que el campo y la ciudad ocupaban un mismo espacio, pero sin llegar a coincidir. La separación entre pobres y ricos era muy clara, y cada segmento de la población asumía su propio “rol” por sistema. Una situación de hipocresía soterrada y persistente donde todo transcurría con la indolencia que el “Régimen” imponía; aunque había quienes como el personaje de Alberto Closas, Juan, pensaban que era necesario introducir cambios irrevocables. De hecho, las reivindicaciones salariales, que provocaron las huelgas sectoriales de la primavera de 1956, anunciaban ya una alteración del curso del “Régimen”, por entonces aún tímida, pero gradual. Junto a la agitación obrera, se desató una no menos importante movilización estudiantil, motivada por las medidas aplicadas por el Ministro de Educación Joaquín Ruíz Giménez, elegido por el gobierno en 1951, y que iban destinadas a mantener un férreo control social en el ámbito universitario. Un hecho que a muchos, y no sin razón, se les antojó como una forma de profanación de los principios sobre los que se sustentaba la Universidad, tales como la libertad de pensamiento y acción.

La cinta reproduce, entre otras cosas, los rasgos identificativos de tres estereotipos sociales dispares: María José, como heredera de una categoría social, que elimina cualquier obstáculo con tal de mantener su posición. Juan, es el beneficiario heredero de una educación en forma de nepotismo enquistado y Matilde, que representa el relevo generacional que protagoniza los cambios ulteriores.


Una película densa, con un trabajo de fotografía que resalta la angustia y los miedos de los protagonistas y que nos cuenta mucho más de lo que en un principio el argumento nos hace preveer. La consagración a un estrato social a cualquier precio, representada por el personaje de Lucía BoséMaría José, se contrapone al estado de confusión que se apodera de Juan, quién, pese a que actúa de acuerdo a un sistema de valores que asume casi con el estoicismo propio de quién obedece gratamente a su benefactor, vislumbra un horizonte nuevo: el advenimiento de un modelo de sociedad que está comenzando a gestarse. Por su parte Matilde, interpretada por María Corrá, representa a una prematura generación de jóvenes disconformes con un sistema de valores que ya no satisface sus espectativas.


Muerte de un ciclista” es, sin lugar a dudas, una película de altísimo valor en la cinematografía española. No es solo una trama alrededor de un accidente, sino el anuncio de un cambio que puede ser provocado por cualquier acontecimiento fortuito. Una película de cine negro con trasfondo político tan bien estructurada, interpretada y fotografiada, que junto al guión, la convierten en una de las joyas del panorama del séptimo arte español, y que tras su visionado, impacta y sumerge al espectador a una reflexión socio-política de la época, que de ninguna manera queda impasible y a la cual el tiempo no le pasa factura.

Obra maestra de capital importancia en nuestro cine, es una película comprometida y combativa que dejó marcada su profunda huella en la memoria colectiva de un país. Todo un clásico.

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