The
friends of Eddie Coyle
(El confidente) Peter Yates, 1973
Hola amigos, estamos ante
una nueva edición de "El diván de Louis Cypher". A veces se tiende a
pensar que el género del cine negro es un coto de los años cuarenta
y cincuenta, pero eso no es exacto.
Ciertamente, durante esas
décadas aparecieron grandes joyas del cine que lo acreditan, pero
también en la década de los setenta se hicieron cintas muy
relevantes, una de ellas es la que nos ocupa hoy, “The friends of
Eddie Cooyle”, (“El confidente”, en España), película
dirigida por Peter Yates, en 1973, y uno de los filmes más
majestuosos y más reconocidos de la década de los 70. Una película
muy dura y nada sentimental.
El reparto cuenta con un
portentoso Robert Mitchum en el rol protagonista, Eddie Coyle, y le
acompañan una serie de grandes actores que se han ido diluyendo en
la memoria del espectador como, Peter Boyle, en el papel de Dillon,
Richard Jordan, intenpretando a Foyle y Steven Keats, Alex Rocco,
Mitchell Ryan y Joe Santos.
La fotografía de Victor J. Kemper y la música de David Grusinson por meritos propios un personaje más de la cinta, y el guión basado en la novela más vendida de George V. Higgins, "The friends of Eddie Coyle", y en la que el escritor introdujo, fruto de sus experiéncias como fiscal y periodista, la realidad criminal con la que estaba familiarizado consiguiendo dar a sus personajes la voz que verdaderamente tendrían en la realidad, lo firma un excelente Paul Monash, sustentándolo en sentadas entre criminales y policías, u otros criminales, en cafeterías de mala muerte, bares poco poblados y espacios públicos que le dan un nuevo significado a la palabra "ordinaria", en términos calificativos. Los cineastas jamás hacen nada con la intención de subrayar retoricamente. Tanto la novela como la película, en su título original, encierran una ironía, Coyle no tiene amigos, sólo la gente que utiliza y la que hace con él lo propio, en el Boston de finales de los sesenta. Un ingrediente clave del éxito de la película es el personaje hecho a la medida de Mitchum, "Eddie Coyle", un hombre cansado de mediana edad, pero fuerte y orgulloso; un hombre que ha sido herido con demasiada frecuencia en la vida para respetar el dolor; un hombre que se arriesgará para proteger su territorio. "Creo que un trabajo como el suyo es necesario para que la gente entienda algo sobre los humores de la mentalidad criminal", dijo Robert Mitchum de la novela de George V. Higgins, que de alguna manera también podría haber estado describiendo la adaptación cinematográfica de 1973, ya que es una sucesión melancólica de encuentros clandestinos llevados a cabopor todos los rincones menos pintorescos del área del gran Boston, desde finales del otoño hasta el invierno. Todo un guiño a los últimos días del protagonista.
"Eddie Coyle" (Robert Mitchum), es también conocido como "Eddie Fingers" ("Eddie el dedos") desde que unos tipos le metieron la mano en un cajón y lo cerraron de una patada, destrozándole los nudillos. El filme nos narra sus últimos días como un viejo conductor de camiones de reparto para una panadería, mientras al tiempo es un corredor de armas de bajo nivel para una organización criminal de Boston.
Se enfrenta a varios años de prisión por el secuestro de un camión en New Hampshire, un golpe planeado por su amigo Dillon, (Peter Boyle), dueño de un bar local. Eddie, no quiere cumplir una senténcia de cadena perpétua en prisión, por lo que se convierte en el informante de un policía Dave Foley (Richard Jordan). Es su última oportunidad, pero desconoce por completo que Dillon, su amigo ya es también un confidente de la policía.
"Eddie Coyle" (Robert Mitchum), es también conocido como "Eddie Fingers" ("Eddie el dedos") desde que unos tipos le metieron la mano en un cajón y lo cerraron de una patada, destrozándole los nudillos. El filme nos narra sus últimos días como un viejo conductor de camiones de reparto para una panadería, mientras al tiempo es un corredor de armas de bajo nivel para una organización criminal de Boston.
Se enfrenta a varios años de prisión por el secuestro de un camión en New Hampshire, un golpe planeado por su amigo Dillon, (Peter Boyle), dueño de un bar local. Eddie, no quiere cumplir una senténcia de cadena perpétua en prisión, por lo que se convierte en el informante de un policía Dave Foley (Richard Jordan). Es su última oportunidad, pero desconoce por completo que Dillon, su amigo ya es también un confidente de la policía.
Mientras Jackie hace todo lo posible para obtener para Coyle lo que necesita, este acepta un pedido de una pareja de "hippies" jóvenes que buscan ametralladoras (en realidad rifles M16), Coyle tampoco está dispuesto a renunciar a su estilo de vida, por lo que continua con sus operaciones ilegales de armas y se entera sobre las ametralladoras cuando levanta el maletero del coche de este, entonces decide ofrecer al suministrador a Foley, para evitar la cárcel, pero en una escena dramática en el estacionamiento de una estación de tren, llegando para entregar las ametralladoras, Jackie es arrestado por Foley y su equipo.
Cuando Coyle se reúne con Foley y argumenta que ha cumplido su parte del trato, Foley afirma que sus superiores no están de acuerdo. Se requiere más información de Eddie, o de lo contrario aún irá a la cárcel. Mientras un empleado de un banco ha sido asesinado durante un atraco por el equipo de Scalise y Van, y ahora son también buscados por asesinato.
La mafia se da cuenta de que Eddie se ha convertido en un delator de la policía, y contratan a su mejor amigo, Dillon, para que termine de inmediato con Eddie al caer la noche, ofreciéndole un contrato de 5.000 dólares que Dillon exige al contado.
Un desanimado Coyle llega al bar de su amigo, sabiendo que la prisión es ahora inevitable. Mientras Eddie se emborracha, él y Dillon discuten sobre el arresto de Scalise y Van. Pasado un rato Dillon, recibe una llamada telefónica de la mafia confirmando el contrato y el pago por adelantado.
Para preparar el golpe que debe llevarse a cabo esa noche, Dillon le dice a Eddie que la llamada era de un amigo que no puede asistir al partido de hockey de los Boston Bruines de esa misma noche, y se ofrece compasivo, invitándolo a cenar en el centro de la ciudad y al partido de hockey para que olvide sus problemas.
Una vez en el Boston Garden, Dillon le cuenta a Eddie que debe unirse a ellos un joven del que dice es el sobrino de su mujer, pero que se retrasa un poco. Eddie, cada vez más borracho decide ir al baño y aprovechar para traer otra ronda. Cuando regresa a los asientos, es ya un borracho descuidado y sentimental. En esa escena toda la conversación es trivial, y gira alrededor de Bobby Orr, el gran jugador de hockey que ayudó a los Bruins a lograr dos victorias en la Copa Stanley, en 1970 y 1972, curiosamente este último año es el mismo en que se hizo la película.
"¿Te imaginas ser un niño así?...¿que edad tiene, 24 o algo así?. ¡El mejor jugador de hockey del mundo. Número cuatro, Bobby Orr!...¿qué futuro tiene, eh?, a cierta a preguntar Eddie de forma premonitoria e inversamente proporcional a su ya inevitable final.
Eddie no tiene futuro; pronto morirá y el futuro pertenece al joven matón, el supuesto sobrino y posible reemplazo de Eddie como criminal asociado de Dillon. Después del partido, Dillon explica que él, ha arreglado una cita con un par de chicas, mientras un ambíguo y ébrio Eddie contesta que ha estacionado su auto en el South End. El falso sobrino se ofrece para acercarlos hasta allí. Una vez en el coche, Dillon pregunta de nuevo a Eddie donde tiene tiene aparcado su auto, pero éste, borracho y adormilado no responde, se ha quedado dormido. Dillon da instrucciones al joven para que éste conduzca hacia las afueras de la ciudad, a Quincy, y utilizando un revolver calibre 22, dispara a Eddie dentro del coche en movimiento. Al llegar a una bolera en Morrisey Boulevard, Dillon y el joven salen del vehículo donde queda el cuerpo del protagonista sin vida y se separan.
Toda la filmación se llevó a cabo en el área de Boston, incluyendo Dedham, Cambridge, Milton, Quincy, Sharon, Somerville, Malden y Weymouth en Massachusetts. Lo que da una idea del recorrido por todos los suburbios de la ciudad y que confieren a la urbe un papel importante como un personaje más de la película.
El ojo de la cámara de Yates se mantiene tan casualmente atento a su sintaxis cinemática tan escasa, que cuando finalmente se retira a una distáncia lastimosa tras la inevitable tragedia de la película, tiene un impacto más que considerable, y es en ese momento cuando reparamos en la importancia de la partitura de Dave Grusin, durante todo el filme, posándose finalmente en una despedida que planea sobre la escena.
El cineasta nos muestra la miserable economía de poder en ese inframundo gris y arrugado de Boston. Eddie y sus "amigos" son prescindibles, y los que quedan de pie juegan en todos lados contra el miedo, su terror a ver sus nudillos blancos cuidadosamente ocultos bajo varias capas de indiferéncia y resignación. Pero esta cinta aparentemente ingénua, deja una impresión más profunda de la brutalidad de lo que supone comerse unos a otros. No hay peleas ni puñetazos, y sólo se disparandos tiros fatales; no tiene necesidad de muchas de las extravagáncias empapadas en sangre que encontramos en otras películas del mismo género, especialmente hoy en día.
"The friends of Eddie Coyle" es, en cierto modo, un trabajo interno. Lo que significa que no hay un minuto dedicado a orientar al espectador. La historia de un mafioso de bajo nivel que decide entregar a uno de sus contactos en un esfuerzo fallido para negociar su no entrada en prisión, nos es impartida poco a poco, a través de una serie de aparentemente afables pero silenciosos desesperados.
El fatalismo improvisado está incustrado en cada palabra de los diálogos, en los que cada una de las cuales, alterna entre los juegos de escondite y los remarcables giros de guerra verbales. Como en toda buena película basada en el diálogo, hablar en "The friends of Eddie Coyle", es igual a la acción, en unas maniobras de apalancamiento y autoconservación.
La cortesía y la bonhomía, esa cualidad de buena persona al tiempo que ingénua, son estrictamente provisionales, y todo el mundo lo sabe, y es precisamente eso lo que le da a esta película su terrible tristeza.
El realizador Peter Yates, nos brinda esta conseguida intriga que sigue los clichés de la serie negra, sin resultar convencional ni típica. Buenos personajes y actores para una producción sumamente interesante. No hay gángsteres nobles, sólo tipos dispuestos a ganare la vida como sea, y sie es posible, salvar el culo cantando "La Traviata", además de ese mundo sucio y sórdido de Eddie Coyle, lleno de granujas con olor a meados y a cerveza ráncia.
Los jóvenes fanáticos del cine de hoy criados en multi-salas, pueden mirar atrás y lamentar el hecho de que ya nadie está haciendo películas como esta obra de Peter Yates. Un filme que raya la perfección. Una película de cine negro enmarcada en el ideário del mejor cine de género de la historia del séptimo arte y que se hace imprescindible.
Esperando haya sido de vuestro agrado, me despido como siempre. Buen cine...y mucha suerte.








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