BAD DAY AT BLACK ROCK
(CONSPIRACIÓN DE SILÉNCIO) John
Sturges, 1954
"Bad day at Black Rock", ("Conspiración
de siléncio"), es una cinta dirigida por John Sturges en
1954 y producida por Herman Hoffman y Dore Schary. El excelente guión lo firmó
Millard Kaufman, la fotografía corrió a cargo de Williem C. Miller
y un magistral André Pevin la dotaba de una sensacional banda
sonora.
John Sturges, un gran artesano en su
tiempo esta hoy considerado un autor de prestígio. Rodada con el sello personal que
imprimía a sus películas, en "Conspiración de siléncio" una de las cosas que destacan
sobremanera en este filme, es el magnífico elenco.
Encabezado por un Spencer Tracy que nos deleita con una interpretación absolutamente brutal y poderosa en su rol de protagonista, a pesar de que pasaba una mala época a nivel
personal. También encontramos a todo un equipo de lujo. Robert Ryan (en otro
de sus cínicos y peligrosos roles) está impecable, Ernest Borgnine
y Lee Marvin (de palabras ligeras y puños fáciles) como los
secuaces del cacique, Reno Smith, interpretado por Robert Ryan, el siempre magistral Walter Brennan, que
aporta una de las pocas voces sensatas al relato y también la muy de
moda en aquellos años, Anne Francis, que aportaba la nota femenina
con desastrosas e incluso sorprendentes consecuencias para su
personaje.
Don Siegel, a quién le llegó el guión
en primera instancia, siempre declaró que era el mejor que había
leído en su vida, y aunque estuvo apunto de dirigirla, finalmente la
elección recayó en Sturges. Algo que indudablemente fue un acierto
total por parte de la Metro Goldwing Mayer.
Es un film de unos asombrosos 78
minutos, algo totalmente impensable a día de hoy, en los que
afortunadamente no hay tiempo para los siempre innecesarios
subrayados, y que desvela al director como un experto en el manejo de
los espacios y la planificación. Una historia que se mueve entre el
western y el thriller, de asombroso equilibrio tonal, y que emerge
también como una poderosa denuncia de carácter político, marcada
por la sombra del McCarthysmo y las consecuencias del ataque japonés
a Pearl Harbour.
La película fue candidata a tres
Oscar: Mejor Director (John Sturges), Mejor actor (Spencer Tracy) y Mejor Guión Adaptado (Millard Kauffman). Tracy sería galardonado en Cannes con el Premio de
Interpretación al mejor actor.
Es este pues un thriller dramático
vestido de western que firma un Sturges en plena forma, los años 50,
época en la que se refleja su mejor filmografía.
Es un tenso relato que da comienzo con
la llegada de un forastero. Un tren expreso atraviesa el desierto de
Arizona y por primera vez en cuatro años se detiene en Black Rock.
Un hombre de mediana edad, llamado MacCreedy (Tracy), manco y vestido
con un traje oscuro, desciende de él. Llega para entregar a un
hombre de origen japonés, la medalla militar concedida a su hijo
muerto en combate durante la segunda guerra mundial por su heroica
acción al salvar la vida al mismo MacCreedy.
Los habitantes del pueblo se muestran
inexplicablemente hostiles frente a éste, y la tensión va en
aumento hasta el extremo de que llega a peligrar su vida. MacCreedy
desconoce aún que en el pueblo se esconde un secreto que los
habitantes pretenden guardar celosamente: entre varios de ellos
asesinaron a Komako, padre del soldado muerto en la guerra,
inmediatamente después del ataque a Pearl Harbour; siendo el cacique
del pueblo, Reno Smith (Ryan), el instigador del crimen tras haber
fracasado en su intento de alistarse para ir a la guerra, así como
su resentimiento hacia Komako, quién había logrado encontrar agua
en un lugar desértico de las tierras que aquél poseía y que había
arrendado al americano-japonés, estando convencido de que era un
paraje totalmente seco.
Mientras la potente banda sonora de André Pevin va marcando lo que será la película, MacCreedy decidirá llegar hasta el fondo del asunto.
Por un lado tenemos el thriller, en el
que poco a poco se va dando información al espectador, hasta que uno
de los personajes secundarios, uno de esos que terminan del lado de
lo justo, acaba confesando el horrible crimen que se cometió años
atrás y que pesa sobre la conciencia de todos.
Por otro, el tono western, un pueblo de
Arizona, con pocas casas, mucho polvo y jeeps en lugar de caballos
(especial atención a la espectacular persecución a mitad de metraje
entre Tracy y Borgnine) o ese tren simulando lo que bien podría ser
una diligéncia. Es también un western característico, cuando llega
un forastero a una ciudad, no esconde secreto alguno de por qué lo
ha hecho, sin embargo en "Bad day at Black Rock", el público se ve
asaltado por toda una serie de preguntas: ¿Por qué para el tren
allí por primera vez en cuatro años?, ¿quién es el forastero
manco?, ¿a que ha venido?, ¿por qué se muestra todo el mundo tan
hostil hacia él?. Todo esto siembra un desconcierto ante las
hostilidad de los habitantes de la pequeña población y los intentos
de Pete, el encargado del hotel, por convencer a MacCreedy de que
todas las habitaciones están ocupadas, cuando resulta evidente que
el hotel está vacío. MacCreedy provoca la alarma de todo el mundo
expresando su deseo de dirigirse a Adobe Flat, las tierras de Komako
y mencionando su nombre. Es evidente que ocultan algo y el forastero
no está dispuesto a irse sin averiguar que esconde Black Rock.
Todo este desconcierto también lo
comparte el espectador.
Encontramos al tiempo determinados
elementos narrativos del western, como por ejemplo, la llegada a una
comunidad cerrada de un extraño que ayuda a liberarla de un régimen
represivo, así como un recurso temático bastante común en el cine
de los 50, por el que la acción se centra o gira alrededor de un
tren y sus horarios, tal como vemos en la mencionada "High Noon" ("Solo ante el peligro") de 1952, dirigida Fred
Zinneman, "3:10 to Yuma"("El tren de las 3:10 a Yuma") de Delmer Daves, que la dirigió en 1957 o "Last train from Gun Hill" ("El último
tren a Gun Hill") del própio John Sturges y rodada 1959.
De fondo la denuncia a un tema poco
concurrido en el cine, el maltrato que sufrieron en los Estados
Unidos los japoneses durante la segunda contienda.
Lo que no se dice y su puesta en
escena, son unos elementos de tensión importantísimos, así como
los inteligentes diálogos. En todo momento, basados sobre todo, en
decir lo que realmente no se habla claramente.
La clave del innegable éxito de esta
película es su desacostumbrada superposición de la estructura del
thriller sobre la del western.
Algo a tener en cuenta también, por
supuesto, es la puesta en escena del director, quien firma una de sus
mejores obras (sino la mejor), llena de hallazgos visuales, como por
ejemplo la composición de planos, donde es capaz de encerrar en un
mismo encuadre a varios personajes, cada uno con una finalidad
distinta.
Contiene también un profundo efecto
dramático en una secuencia, al inicio de la película, en la que los
principales personajes del pueblo se hallan en medio de un cruce de
caminos formado por una vía del tren (el futuro) y un camino de
tierra (el pasado). La escena es la muestra de la encrucijada moral
ante la que se encuentran dichos personajes por desconocer, pero sí
sospechar, el porqué de la llegada del forastero.
Bajo su apariencia de thriller y
western, trata con contundencia y sin piedad temas como la xenofobia
o el racismo. Apenas realiza concesiones, e incluso en su desenlace
invita a la comprensión; a dejar los prejuicios a un lado con la
medalla a un japonés muerto en batalla, hijo del que desapareció
asesinado en el pueblo y que simboliza lo que el personaje de Walter
Brennan sentencia: "...un punto de partida, hacia algo necesariamente
mejor".
"Conspiración de siléncio", es una joya
para la que no pasa el tiempo y que incluso se vuelve mas actual. Una
joya que resucita fresca y contundente.
El prestigio de "Bad day at Black Rock",
descansa hasta cierto punto, en factores socio-políticos. En el
momento de su realización y al igual que en otras áreas de la vida
en Estados Unidos, Hollywood estaba empezando a salir de la sombría
época del McCarthysmo. En films como este o el mencionado "High Noon" ("Solo ante el peligro"), los directores estaban intentando hablar
valientemente sobre la debilidad de una comunidad sometida a un
control represivo. Sin embargo, la forma narrativa de plantear estas
cuestiones, permitía contestarlas únicamente en términos de
moralidad individual y coraje, o carisma personal. Podemos decir que
se trata de una falsa toma de postura política que afirma que sólo
la llegada de un hombre excepcional puede movilizar la capacidad de
resistencia de una comunidad. Estos títulos y otros demuestran los inconvenientes de como
en aquella época y en gran parte hoy en día, resulta muy difícil
plantear posiciones políticas alternativas dentro de las formas
narrativas en el cine clásico de Hollywood o en el cine en general.
"Bad day at Black Rock", supone
definitivamente la graduación de John Sturges, no solo como cineasta
sino como un director-autor en mayúsculas, quién nos deleita con un filme de suspense inolvidable y de obligado visionado. Una joya del séptimo arte de un nivel pocas veces alcanzado pr muchas otras películas.
Louis Cypher, y como siempre, que tengáis...buen cine... y mucha suerte





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