RIO
BRAVO
(HOWARD HAWKS), 1958
Entre las muchas anécdotas que existen
alrededor del cine estadounidense, hay una especialmente graciosa
donde se relata la reacción que Howard Hawks tuvo, tras el visionado
de “High Noon” (“Solo ante el peligro”), película realizada
por Fred Zinneman en 1952, y del que salió totalmente decepcionado,
ya que no entendía, según su forma de ver las cosas, como era
posible que un atribulado “sheriff” del viejo oeste pidiera
desesperadamente ayuda por todo el pueblo para desempeñar su cargo ante unos malhechores, y nadie se la prestara. Eso era imposible de
aceptar, lo consideraba una conducta poco profesional. Así que puso
manos a la obra y comenzó el nacimiento de un filme que vería la
luz en 1958, “Rio Bravo”, donde su “sheriff” en peligro, John
Wayne, no pedía ayuda ninguna para proteger a sus amigos y vecinos,
actúa profesionalmente y aún y así todos se la ofrecen
desinteresadamente.
Sea o no cierto este hecho, la realidad
es que el filme de Zinneman de 1953, cosechó el Óscar al Mejor
Actor, Gary Cooper y Dimitri Tiomkin lograba el mismo galardón por
la Mejor Banda Sonora, además también era premiada con dos Globos
de Oro, como Mejor Actor, nuevamente Cooper y Mejor Actriz de Reparto
para Katy Jurado, mientras “Rio Bravo”, la película de Hawks
rodada en 1958, pese a ser considerada uno de los mejores westerns de
la historia del celuloide, tan solo destacó con un Globo de Oro a la
Nueva Estrella del Año en la categoría de actriz para Angie
Dickinson y quedó fuera de la carrera de los Óscar. Algo bastante
sorprendente a tenor de la categoría del director y del reparto que
atesoraba, a lo que cabe añadir que casualmente el autor de la
música es también el compositor anteriormente mencionado Dimitri
Tiomkin. Debió conformarse con un segundo lugar en los Golden Laurel
por el trabajo como Mejor Actor de Dean Martin, en la categoría de "Drama" y la nominación de Hawks a los Premios del Sindicato de
Directores.
A pesar de ello, la película de Howard
Hawks goza de una popularidad que no tiene “Solo ante el peligro”,
siendo este, por supuesto, un magnífico filme del que se han hecho
múltiples estudios.
Las dos películas tienen unos enfoques
diametralmente distintos, ya que Hawks muestra una vez más al héroe
como un hombre fuerte (habitualmente acompañado por mujeres) que
debe salir por si mismo de sus problemas, un personaje que sabe como
comportarse y qué es lo que debe hacer en cada momento.
Algo que resulto muy valioso para el
realizador fue, que en la elaboración del guión los guionistas
disponían habitualmente de un par de opciones válidas para resolver
cada situación, lo que permitió que años mas tarde, utilizando
gran parte del material descartado, Howard Hawks, rodara su propio
“remake” y presentara en 1966,“El Dorado”, una cinta mucho
más crepuscular que su predecesora.
El rodaje de “Rio Bravo” se llevó
a cabo entre mayo y julio de 1958, y contaba con un título
alternativo: “A bull by the tail”, algo así como “Un toro por
la cola” o lo que sería una expresión más correcta para nosotros
“El toro por los cuernos”. La canción “My rifle, my pony and
me” interpretada por Dean Martin acompañado del joven Ricky Nelson
a la guitarra, ya fue el tema melódico principal de otro western del
realizador, “Red River” (“Rio Rojo”) de 1948, aunque la
ocurrencia de Hawks de utilizar a la joven estrella, Nelson, en aquél
momento un rival menor de Elvis Presley, le proporcionó un plus
publicitario extra, provocando que el filme lo viera un público
joven que no conocía al director.
Tal vez “Rio Bravo” sea una obra
excesivamente convencional, pero su habilidad, su virilidad, su humor
ocasional y un mayor acercamiento profesional, hacen de ella una gran
película. Quizás la más personal que rodó jamás. Un filme con
una narración perfecta, admirable en su elemental sencillez y su
perceptible ausencia de artimañas. La película es perfecta, es el
trabajo de un maestro artesano. No hay un solo tiro fuera de lugar, y
es asimismo extraordinariamente absorbente y su duración de 141
minutos fluye con la naturalidad del cauce de un rio.
Cuenta además con una de las mejores
interpretaciones del Duke, del cual su maestro y mentor John Ford
llego a afirmar que: “No creía capaz a ese hijo de puta de actuar
tan bién”. Contiene también una química romántica y
sorprendentemente cálida entre Wayne y Angie Dickinson. Dean Martin
recrea un personaje que está a la altura de su mejor interpretación.
Walter Brennan, un auténtico lujo contar con este actor de reparto
tan superior siempre a la media, como el ayudante del “sheriff”
con pata de palo, proporciona un apoyo cómico que nunca se excede.
El reparto, además de los mencionados Wayne, Martin, Dickinson,
Brennan y Nelson, se remata con Ward Bond, John Rusell, Pedro
Gonzalez, Estelita Rodriguez, Malcom Atterbury y un villano perfecto
como es Claude Akins.
La película narra como un bandido, Joe
Burdette, es arrestado por asesinato por el “sheriff” de la
ciudad, John T. Chance, (un nombre que podríamos interpretar como:
Juan, la mejor opción), con el respaldo de uno de sus otrora
ayudantes, y ahora un alcohólico, Dude, testigo del delito junto a
otros asistentes al “saloon”. Nathan Burdette, un rico
terrateniente y hermano suyo, quiere salvarlo de la horca y para ello
pone sitio a la ciudad y especialmente a la cárcel con la ayuda de
sus secuaces, asesinando también a cualquiera que preste ayuda al
“sheriff”, en su empeño de querer enjuiciar a su hermano Joe,
como le sucede a Pat Wheeler, personaje interpretado por Ward Bond.
Con el tiempo la presión hace mella
entre John T. Chance y sus ayudantes, y va en aumento cuanto más se
acerca el día en que las autoridades estatales deben llegar para
llevarse al reo.
Solo mantenerse unidos y superar sus
limitaciones personales les ayudará a salir airosos del empeño.
Tras dos intentos fallidos por liberar a Joe, dos secuaces del
terrateniente raptan a Dude y el rico ranchero propone un canje por
Joe. Conscientes de la imposibilidad de llevarlo a cabo, entre muchas
cosas por el hecho de ser testigos de todo lo ocurrido, algo que les
llevaría también a ser asesinados para que Joe pueda ser salvado a
largo plazo de las instancias judiciales, deciden una vez conseguido
liberar a Dude, enfrentarse a muerte contra ellos. Esto da paso a un
largo tiroteo entre ambas partes, pero la ventaja de contar con
dinamita por parte del bando del “sheriff”, un descubrimiento de
Stumpy, Walter Brennan, les da la victoria, terminando así con el
sitio de la cárcel y la ciudad, devolviendo la paz al lugar.
Howard Hawks no dirigió una película
durante cuatro años después del fracaso de “Land of the Pharaons”
(“Tierra de Faraones”) en 1955. Quedó algo hundido y llegó a
plantearse abandonar la profesión. Cuando volvió tras las cámaras
para rodar “Rio Bravo”, tenía 62 años. Significaba su película
número 41, pero estaba tan nervioso el primer día de rodaje que se
quedó detrás de un set y vomitó, para luego aparecer en el plató
y rodar una obra maestra, arrancando unas excepcionales
interpretaciones de sus actores para un título legendario, que pese
a su larga duración no le sobra un solo minuto. Todo un clásico,
con un guión que en ocasiones está más pulido que la actividad y
que aprovecha al máximo su trama un tanto escasa pero con hábiles
escenas de acción, y que están ampliamente espaciadas en cuanto a
su atmósfera, contando además con unos personajes tan cálidos como
una tostada recién hecha. Coloca el enfoque principal en la cárcel,
que se convierte un un micro-mundo ideal y autónomo que puede
resumirse en una maravillosa secuencia donde vemos al héroe mirando
feliz mientras el resto de su pandilla se enfrasca en una bonita
canción.
Howard Hawks es, probablemente, la
prueba mas evidente de que nunca se hizo mejor cine que cuando éste
se consideraba un oficio artesanal. Responsable de obras maestras en
la practica totalidad de los géneros, éste filme es el
correspondiente al “western”, un clásico del género tan
modernista y excéntrico como hiperbólico. De hecho el realizador
llegó tarde al “Salvaje Oeste”, el primero que rodó fue “Red
River” (“Rio Rojo”) en 1948, con John Wayne, Montgomery Clift y Walter Brennan, ya que comenzó pero no completó
“The Outlaw” (“El Forajido”), una visión de Billy el Niño
de 1943 con Jane Russell y Thomas Mitchell como protagonistas y que
firmó Howard Hugues, pero contaba con más de veinte años de
experiencia como director y ya era un maestro en los géneros de
gángsteres y cine negro en general, de las comedias, de filmes
bélicos y de aventuras románticas.
Creo que “Rio Bravo”, contando la
historia de un “sheriff” que debe defender la legalidad con la
ayuda de un alcohólico, un viejo tullido, una mujer y un joven
inexperto, hizo sentirse tan a gusto a Howard Hawks que repitió la fórmula,
con ligeras variaciones, por dos veces más: en “El Dorado” de
1967, con John Wayne, Robert Mitchum, Arthur Hunnicutt, Charlene Holt
y James Caan y en “Rio Lobo” de 1970 de nuevo con Wayne y Jorge
Rivero, Jack Elam, Jennifer O´Neill y Christopher Mitchum. Esta
última, bajo mi punto de vista netamente inferior a sus dos
predecesoras.
A Hawks le gustaban los diálogos a
tres bandas, en los que nadie dice lo que quieren decir, y “Rio
Bravo” está repleta de eso, aunque algunos de sus momentos más
elocuentes son silenciosos. La recuperación de Dude, Dean Martin,
del alcoholismo, no se muestra a través de discursos, sino a través
de su lucha constante por un liar un cigarrillo que siempre acaba por
rendirse y tirarlo al suelo, y nos muestra a un Wayne compasivo
siempre dispuesto a darle del suyo. Dispara a la brisa con el
veterano Brennan, quién interpreta ese papel del alivio cómico
mientras enfatiza silenciosamente una discapacidad física
notoriamente dolorosa. Nos hace vagar por la ciudad hasta hacernos
conocer cada esquina y cuando llega al climax de la vida o la muerte,
Hawks hace que sea imposible no preocuparse por lo que sucede ya que
nos ha hecho una gran presentación de los personajes hasta conseguir
que los sintamos muy cercanos a nosotros mismos. Además tenemos una
serie de escarceos románticos alrededor de Wayne por parte de Angie
Dickinson, que hacen que este icono del machismo hollywoodiense se
vea por momentos como un torpe tontorrón. Todo ello mientras en el
horizonte asoman las montañas de Texas. Son este tipo de detalles
los que hacen de esta película un filme cálido y humano
absolutamente esencial, incluso cincuenta años después, una
diversión que al director le gustaba tener con sus estrellas, como
sucede con Cary Grant haciendo lo imposible para conseguir a su amada
en “Iwas a male war bride” (“La novia era él”) de 1949.
Aunque la cinta genéricamente sea un “western”, en realidad es
un film que trata sobre un grupo de amigos que se aprecian entre sí,
también se critican y generalmente se deleitan en sus relaciones.
Mientras para John Ford, las
implicaciones de un género esencialmente filosófico como el
“western”, en su conversión de las funciones abstractas o
burocráticas de la sociedad a la acción directa y física, son más
políticas y humanistas, para Hawks son morales y estéticas. De
hecho la presión para tomar medidas que tienen consecuencias
inmediatas, ineludibles e irreparables, hacen del viejo y salvaje
oeste una red expuesta de crisis sentimentales, y la forma en que
Hawks mide la respuesta a ello es con el estilo.
Resumiendo hablamos del cine
estadounidense en su mejor versión, limpio, claro y directo, y esta
es una obra de las más optimistas de la historia del séptimo arte,
y que apuntala valientemente fragmentos contra la ruina humana. Una
película que se graba poco al aire libre y mucho en interiores, con
un aumento de la tensión claustrofóbica y en la que Hawks hace eco
de la narración generalmente relajada y fácil siendo excelente en
todos sus aspectos, desde la presentación de los personajes hasta la
brillante fotografía nocturna de Russell Harlan. Un trabajo
excelente.
Una película impecable, despreocupada,
muy divertida, hermosamente interpretada, atractiva y
maravillosamente concebida, y con un guión tremendamente ingenioso y
generoso. Es el tipo de películas, que en palabras de David
Thompson:“ revela que los hombres son más expresivos enrollando un
cigarrillo que salvando al mundo”.
“Un hombre viejo y un borracho, ¿eso
es todo lo que tienes?. “Eso es todo lo que obtuve”
Así llegamos a esta revisitación de
“Rio Bravo” en El diván de Louis Cypher, como siempre me despido hasta un nuevo
artículo.
Buen cine...y mucha suerte.











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