Facilis descensus averno "El descenso al infierno es fácil" Virgilio, La Eneida

jueves, 13 de junio de 2019

Rio Bravo (Howard Hawks), 1959


RIO BRAVO 
(HOWARD HAWKS), 1958


Entre las muchas anécdotas que existen alrededor del cine estadounidense, hay una especialmente graciosa donde se relata la reacción que Howard Hawks tuvo, tras el visionado de “High Noon” (“Solo ante el peligro”), película realizada por Fred Zinneman en 1952, y del que salió totalmente decepcionado, ya que no entendía, según su forma de ver las cosas, como era posible que un atribulado “sheriff” del viejo oeste pidiera desesperadamente ayuda por todo el pueblo para desempeñar su cargo ante unos malhechores, y nadie se la prestara. Eso era imposible de aceptar, lo consideraba una conducta poco profesional. Así que puso manos a la obra y comenzó el nacimiento de un filme que vería la luz en 1958, “Rio Bravo”, donde su “sheriff” en peligro, John Wayne, no pedía ayuda ninguna para proteger a sus amigos y vecinos, actúa profesionalmente y aún y así todos se la ofrecen desinteresadamente.


Sea o no cierto este hecho, la realidad es que el filme de Zinneman de 1953, cosechó el Óscar al Mejor Actor, Gary Cooper y Dimitri Tiomkin lograba el mismo galardón por la Mejor Banda Sonora, además también era premiada con dos Globos de Oro, como Mejor Actor, nuevamente Cooper y Mejor Actriz de Reparto para Katy Jurado, mientras “Rio Bravo”, la película de Hawks rodada en 1958, pese a ser considerada uno de los mejores westerns de la historia del celuloide, tan solo destacó con un Globo de Oro a la Nueva Estrella del Año en la categoría de actriz para Angie Dickinson y quedó fuera de la carrera de los Óscar. Algo bastante sorprendente a tenor de la categoría del director y del reparto que atesoraba, a lo que cabe añadir que casualmente el autor de la música es también el compositor anteriormente mencionado Dimitri Tiomkin. Debió conformarse con un segundo lugar en los Golden Laurel por el trabajo como Mejor Actor de Dean Martin, en la categoría de "Drama" y la nominación de Hawks a los Premios del Sindicato de Directores.


A pesar de ello, la película de Howard Hawks goza de una popularidad que no tiene “Solo ante el peligro”, siendo este, por supuesto, un magnífico filme del que se han hecho múltiples estudios.

Las dos películas tienen unos enfoques diametralmente distintos, ya que Hawks muestra una vez más al héroe como un hombre fuerte (habitualmente acompañado por mujeres) que debe salir por si mismo de sus problemas, un personaje que sabe como comportarse y qué es lo que debe hacer en cada momento.
Algo que resulto muy valioso para el realizador fue, que en la elaboración del guión los guionistas disponían habitualmente de un par de opciones válidas para resolver cada situación, lo que permitió que años mas tarde, utilizando gran parte del material descartado, Howard Hawks, rodara su propio “remake” y presentara en 1966,“El Dorado”, una cinta mucho más crepuscular que su predecesora.

El rodaje de “Rio Bravo” se llevó a cabo entre mayo y julio de 1958, y contaba con un título alternativo: “A bull by the tail”, algo así como “Un toro por la cola” o lo que sería una expresión más correcta para nosotros “El toro por los cuernos”. La canción “My rifle, my pony and me” interpretada por Dean Martin acompañado del joven Ricky Nelson a la guitarra, ya fue el tema melódico principal de otro western del realizador, “Red River” (“Rio Rojo”) de 1948, aunque la ocurrencia de Hawks de utilizar a la joven estrella, Nelson, en aquél momento un rival menor de Elvis Presley, le proporcionó un plus publicitario extra, provocando que el filme lo viera un público joven que no conocía al director.


Tal vez “Rio Bravo” sea una obra excesivamente convencional, pero su habilidad, su virilidad, su humor ocasional y un mayor acercamiento profesional, hacen de ella una gran película. Quizás la más personal que rodó jamás. Un filme con una narración perfecta, admirable en su elemental sencillez y su perceptible ausencia de artimañas. La película es perfecta, es el trabajo de un maestro artesano. No hay un solo tiro fuera de lugar, y es asimismo extraordinariamente absorbente y su duración de 141 minutos fluye con la naturalidad del cauce de un rio.

Cuenta además con una de las mejores interpretaciones del Duke, del cual su maestro y mentor John Ford llego a afirmar que: “No creía capaz a ese hijo de puta de actuar tan bién”. Contiene también una química romántica y sorprendentemente cálida entre Wayne y Angie Dickinson. Dean Martin recrea un personaje que está a la altura de su mejor interpretación. Walter Brennan, un auténtico lujo contar con este actor de reparto tan superior siempre a la media, como el ayudante del “sheriff” con pata de palo, proporciona un apoyo cómico que nunca se excede. El reparto, además de los mencionados Wayne, Martin, Dickinson, Brennan y Nelson, se remata con Ward Bond, John Rusell, Pedro Gonzalez, Estelita Rodriguez, Malcom Atterbury y un villano perfecto como es Claude Akins.


La película narra como un bandido, Joe Burdette, es arrestado por asesinato por el “sheriff” de la ciudad, John T. Chance, (un nombre que podríamos interpretar como: Juan, la mejor opción), con el respaldo de uno de sus otrora ayudantes, y ahora un alcohólico, Dude, testigo del delito junto a otros asistentes al “saloon”. Nathan Burdette, un rico terrateniente y hermano suyo, quiere salvarlo de la horca y para ello pone sitio a la ciudad y especialmente a la cárcel con la ayuda de sus secuaces, asesinando también a cualquiera que preste ayuda al “sheriff”, en su empeño de querer enjuiciar a su hermano Joe, como le sucede a Pat Wheeler, personaje interpretado por Ward Bond.


Con el tiempo la presión hace mella entre John T. Chance y sus ayudantes, y va en aumento cuanto más se acerca el día en que las autoridades estatales deben llegar para llevarse al reo.
Solo mantenerse unidos y superar sus limitaciones personales les ayudará a salir airosos del empeño. Tras dos intentos fallidos por liberar a Joe, dos secuaces del terrateniente raptan a Dude y el rico ranchero propone un canje por Joe. Conscientes de la imposibilidad de llevarlo a cabo, entre muchas cosas por el hecho de ser testigos de todo lo ocurrido, algo que les llevaría también a ser asesinados para que Joe pueda ser salvado a largo plazo de las instancias judiciales, deciden una vez conseguido liberar a Dude, enfrentarse a muerte contra ellos. Esto da paso a un largo tiroteo entre ambas partes, pero la ventaja de contar con dinamita por parte del bando del “sheriff”, un descubrimiento de Stumpy, Walter Brennan, les da la victoria, terminando así con el sitio de la cárcel y la ciudad, devolviendo la paz al lugar.
Howard Hawks no dirigió una película durante cuatro años después del fracaso de “Land of the Pharaons” (“Tierra de Faraones”) en 1955. Quedó algo hundido y llegó a plantearse abandonar la profesión. Cuando volvió tras las cámaras para rodar “Rio Bravo”, tenía 62 años. Significaba su película número 41, pero estaba tan nervioso el primer día de rodaje que se quedó detrás de un set y vomitó, para luego aparecer en el plató y rodar una obra maestra, arrancando unas excepcionales interpretaciones de sus actores para un título legendario, que pese a su larga duración no le sobra un solo minuto. Todo un clásico, con un guión que en ocasiones está más pulido que la actividad y que aprovecha al máximo su trama un tanto escasa pero con hábiles escenas de acción, y que están ampliamente espaciadas en cuanto a su atmósfera, contando además con unos personajes tan cálidos como una tostada recién hecha. Coloca el enfoque principal en la cárcel, que se convierte un un micro-mundo ideal y autónomo que puede resumirse en una maravillosa secuencia donde vemos al héroe mirando feliz mientras el resto de su pandilla se enfrasca en una bonita canción.


Howard Hawks es, probablemente, la prueba mas evidente de que nunca se hizo mejor cine que cuando éste se consideraba un oficio artesanal. Responsable de obras maestras en la practica totalidad de los géneros, éste filme es el correspondiente al “western”, un clásico del género tan modernista y excéntrico como hiperbólico. De hecho el realizador llegó tarde al “Salvaje Oeste”, el primero que rodó fue “Red River” (“Rio Rojo”) en 1948, con John Wayne, Montgomery Clift y Walter Brennan, ya que comenzó pero no completó “The Outlaw” (“El Forajido”), una visión de Billy el Niño de 1943 con Jane Russell y Thomas Mitchell como protagonistas y que firmó Howard Hugues, pero contaba con más de veinte años de experiencia como director y ya era un maestro en los géneros de gángsteres y cine negro en general, de las comedias, de filmes bélicos y de aventuras románticas.

Creo que “Rio Bravo”, contando la historia de un “sheriff” que debe defender la legalidad con la ayuda de un alcohólico, un viejo tullido, una mujer y un joven inexperto, hizo sentirse tan a gusto a Howard Hawks que repitió la fórmula, con ligeras variaciones, por dos veces más: en “El Dorado” de 1967, con John Wayne, Robert Mitchum, Arthur Hunnicutt, Charlene Holt y James Caan y en “Rio Lobo” de 1970 de nuevo con Wayne y Jorge Rivero, Jack Elam, Jennifer O´Neill y Christopher Mitchum. Esta última, bajo mi punto de vista netamente inferior a sus dos predecesoras.


A Hawks le gustaban los diálogos a tres bandas, en los que nadie dice lo que quieren decir, y “Rio Bravo” está repleta de eso, aunque algunos de sus momentos más elocuentes son silenciosos. La recuperación de Dude, Dean Martin, del alcoholismo, no se muestra a través de discursos, sino a través de su lucha constante por un liar un cigarrillo que siempre acaba por rendirse y tirarlo al suelo, y nos muestra a un Wayne compasivo siempre dispuesto a darle del suyo. Dispara a la brisa con el veterano Brennan, quién interpreta ese papel del alivio cómico mientras enfatiza silenciosamente una discapacidad física notoriamente dolorosa. Nos hace vagar por la ciudad hasta hacernos conocer cada esquina y cuando llega al climax de la vida o la muerte, Hawks hace que sea imposible no preocuparse por lo que sucede ya que nos ha hecho una gran presentación de los personajes hasta conseguir que los sintamos muy cercanos a nosotros mismos. Además tenemos una serie de escarceos románticos alrededor de Wayne por parte de Angie Dickinson, que hacen que este icono del machismo hollywoodiense se vea por momentos como un torpe tontorrón. Todo ello mientras en el horizonte asoman las montañas de Texas. Son este tipo de detalles los que hacen de esta película un filme cálido y humano absolutamente esencial, incluso cincuenta años después, una diversión que al director le gustaba tener con sus estrellas, como sucede con Cary Grant haciendo lo imposible para conseguir a su amada en “Iwas a male war bride” (“La novia era él”) de 1949. Aunque la cinta genéricamente sea un “western”, en realidad es un film que trata sobre un grupo de amigos que se aprecian entre sí, también se critican y generalmente se deleitan en sus relaciones.


Mientras para John Ford, las implicaciones de un género esencialmente filosófico como el “western”, en su conversión de las funciones abstractas o burocráticas de la sociedad a la acción directa y física, son más políticas y humanistas, para Hawks son morales y estéticas. De hecho la presión para tomar medidas que tienen consecuencias inmediatas, ineludibles e irreparables, hacen del viejo y salvaje oeste una red expuesta de crisis sentimentales, y la forma en que Hawks mide la respuesta a ello es con el estilo.



Resumiendo hablamos del cine estadounidense en su mejor versión, limpio, claro y directo, y esta es una obra de las más optimistas de la historia del séptimo arte, y que apuntala valientemente fragmentos contra la ruina humana. Una película que se graba poco al aire libre y mucho en interiores, con un aumento de la tensión claustrofóbica y en la que Hawks hace eco de la narración generalmente relajada y fácil siendo excelente en todos sus aspectos, desde la presentación de los personajes hasta la brillante fotografía nocturna de Russell Harlan. Un trabajo excelente.
Una película impecable, despreocupada, muy divertida, hermosamente interpretada, atractiva y maravillosamente concebida, y con un guión tremendamente ingenioso y generoso. Es el tipo de películas, que en palabras de David Thompson:“ revela que los hombres son más expresivos enrollando un cigarrillo que salvando al mundo”.


“Un hombre viejo y un borracho, ¿eso es todo lo que tienes?. “Eso es todo lo que obtuve”

Así llegamos a esta revisitación de “Rio Bravo” en El diván de Louis Cypher, como siempre me despido hasta un nuevo artículo. 

Buen cine...y mucha suerte.


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