Facilis descensus averno "El descenso al infierno es fácil" Virgilio, La Eneida

miércoles, 15 de enero de 2020

Lenny (Bob Fosse) 1974


LENNY 
(Bob Fosse, 1974)


Después del gran éxito que obtuvo con “Cabaret”, que incluyen 8 premios Óscar, el siguiente proyecto que abordaría Bob Fosse en 1974, iba a retratar a uno de los cómicos más famosos de la historia, Lenny Bruce. Una arriesgada biografía sobre uno de los pioneros de la comedia de monólogos en Estados Unidos, conocido por su talante combativo, contracultural y políticamente incorrecto. Un film, rodado de principio a fin en blanco y negro que provocó reacciones divididas entre los admiradores del cómico, ya que incide especialmente en su drogadicción y otros aspectos poco agradables de su vida privada.


La película, que relata los principios de Lenny Bruce como cómico, y su posterior ascensión, además de su vida personal y las polémicas en las que se vio envuelto, nos sitúa en el Baltimore de 1951. Hot Honey Harlow, una bailarina de “striptise”, conoce a Lenny Bruce, un cómico de la misma ciudad, en una cafetería y ambos se enamoran. Desde ese momento se convierten en inseparables y sus relaciones continúan en Miami, donde Honey empieza a trabajar. Un día, y pese a las advertencias de su agente, Artie Silver, y su madre, Sally, Lenny se casa con Honey. A requerimiento de su marido, Honey deja su trabajo y ambos deciden montar un número cómico que presentan en el Club Catskills. Al tiempo, Sherman Hart, el showman más destacado del país, avisa a Lenny de que su repertorio puede que sea demasiado corrosivo para la clase media habitual que suele asistir a estos espectáculos. 


En un principio Lenny escucha su consejo, pero, en el último minuto de su show, cambia de idea y comienza a insultar al público, que se arranca a carcajadas. Esa misma noche y tras el éxito del cómico, el matrimonio sufre un accidente y Hot Honey resulta herida de gravedad. Al salir del hospital, descubrirá que su esposo se ha estado viendo con una enfermera. Desde su primer show el cómico, deja claro que es una figura a tener en cuenta. Armado con un poderoso y escandaloso discurso y con una bailarina de “striptease” como musa, Lenny revoluciona la comedia y a todo el país con su áspero y ofensivo humor, pero la vida de los bares del circuito de la comedia comienza a hacer mella en él. 


Las drogas y arrestos policiales por el contenido de sus actuaciones pesan demasiado a este paladín nada convencional, pero no le impiden llegar a unos extremos que le conducen a su trágico final, convirtiéndose en todo un mito, que tras trabajar en clubes nocturnos y locales de dudosa reputación, termina alcanzando la fama por su verborrea ácida, crítica e incisiva, que tal como se ha comentado, en más de una ocasión le causará problemas con la justicia. Una vez fuera del escenario, las risas se apagan, la relación tumultuosa de drogas y sexo poco convencional con su esposa, que terminaran por separarse y su cada vez mayor dependencia de las drogas convierten poco a poco su vida en un infierno, y termina muriendo de una sobredosis.

En esta biografía sobre el famoso humorista norteamericano creador de una fórmula de éxito basada en monólogos en directo frente al público con la única ayuda de un micrófono, el realizador no se rodea de números musicales ni de vestuario glamuroso. Narrada de manera sobria y sin efectismos, retrata una de las figuras más controvertidas del mundo del espectáculo, debido a su mordacidad en los chistes y a las críticas sistemáticas a toda la sociedad. Hecho que le valió ser el blanco de todas las críticas de los grupos religiosos, políticos y moralistas en los años cincuenta. Es este también, un retrato mordaz sobre la lucha contra la censura y la hipocresía del conservadurismo de mente pueril que tenía un terrible afán por controlar las masas, ya que tal como decía, “parece que cada vez nos gusta más hacernos los ofendidos”, y por lo políticamente correcto y por el avance de la ultraderecha. Para el cómico eran malos tiempos para el humor y la libertad de expresión, algo que terminaría por acabar con su vida. Aunque no siempre se repite la historia, ni en su entusiasmo ni en su desconcierto, hay que reconocer que como seres limitados y efímeros, hay circunstancias en el tiempo que se asemejan mucho a las disquisiciones de la actualidad, y no está de más reconocerlas o sacarlas a la luz de nuevo.


La subversión es quizás el objeto principal de la historia, una subversión que proviene del lenguaje.
Un arma que puede sea la más poderosa que se conoce hasta ahora. Tal cómo el propio Lenny explicaba: “La clave está en la omisión. Si hablas de ello, eres el peor miembro de la comunidad, pero para que una palabra no haga daño hay que decirla y decirla, escucharla y escucharla hasta que su diabólica intención desaparezca”

Al igual que la Historia, la literatura o el periodismo, el cine nos ayuda con estas curiosidades y a través de la cámara de Bob Fosse, disfrutamos de un enorme Dustin Hoffman en su interpretación de Lenny Bruce. Con un guión impactante de Julian Barry, que adapta su propio libreto teatral, el realizador nos introduce en la vida de este genuino símbolo del “stand up”, quizás el más famoso y polémico cómico norteamericano de los años 60. Tras la muerte del cómico, una serie de entrevistas recogen los testimonios de su ex-esposa, Honey a quien da vida la actriz Valerie Perrine, su madre, Sally Marr, interpretada por Jan Miner y su agente Artie Silver, rol que recae en Stanley Beck, con el fin de conocer su vida. Una vida que discurre entre cabarets, locales de “strippers”, antros nocturnos y droga, donde Bruce ejerce su humor cada vez más corrosivo provocador, hiriente y políticamente incorrecto. Un humor que acaba convirtiéndose en protesta contra la simple y boba sociedad norteamericana y su falsa bonhomía, y que terminará por costarle demasiado caro.

Es este un “biopic” lúcido y contundente sobre un comediante con una carrera deslumbrante y controvertida. Un individuo que sacudió a la sociedad con la crudeza de su lenguaje y la virulencia de su discurso. Una victima de la libertad de expresión, victima de la interpretación errónea de un público y una sociedad que, a pesar de reírle u odiarle, no logra comprender su exposición, su discurso anti segregacionista, anti credos, ante beatería sexual y anti hipocresía.


Sin ningún tipo de concesiones, el director deconstruye la historia en dos argumentaciones lineales: las entrevistas y la acción, tomando prestadas las técnicas del documental y valiéndose de la excelente fotografía en blanco y negro de Bruce Surtees, quién ofrece una imagen sin florituras, puesta al servicio únicamente de la historia, sin doble intención y que permite a Bob Fosse jugar y perfeccionar su estilo, tanto en la planificación de las imágenes así como el sonido. Completa el apartado técnico una banda sonora excepcional de Ralph Burns, que Fosse apoya con su particular homenaje al jazz genuino con unas maravillosas interpretaciones de Miles Davis.

Por supuesto, esta es, además de por la dirección de Bob Fosse, la película de Dustin Hoffman, que nos deja una inmensa interpretación, contenida, transparente, alejada de histrionismos, muecas y gestos. Sobrio, sincero inusual e imaginativo, Hoffman, desarrolla un trabajo brutal y conmovedor sobre el personaje de Bruce, un genio de altos vuelos con una personalidad a veces contradictoria y que por tanto tampoco se salva, especialmente por su extraordinaria facilidad para manipular más allá de las palabras, también a los que le rodean. No se puede tener todo y en el trabajo de Hoffman quedan claras las debilidades e imperfecciones del protagonista. Esta actuación, totalmente convincente incluso en las escenas donde tiene que ser cómico y contar monólogos, fue merecedora de la nominación al Óscar, que terminaría obteniendo. 


También fue nominada por la academia al galardón, su compañera de reparto Valerie Perrine, quién está muy convincente como su esposa, un trabajo que la llevaría a obtener el premio como Mejor Actriz en el Festival de Cannes.

Estamos ante una película perfecta si se desea reflexionar sobre los límites, del humor en este caso, sobre las trabas a la expresión, sobre los progresos o deterioros de la libertad o más concretamente sobre si está también superada hoy en día una de las frases que podemos escuchar en la cinta: “¿Podrían creer que las palabras que llevaron a Lenny a tantos juicios hoy sean parte de cualquier repertorio cómico sin ningún problema?”.


Estamos ante una más que notable película, que muestra un retrato mordaz sobre una obsesión, la de la lucha contra la censura y la hipocresía del conservadurismo de mente estrecha. Una cinta que de alguna manera transita por los mismos territorios que films como “Network” de 1977, dirigida por Sidney Lumet y “Talk Radio” rodada por Oliver Stone en 1988.


Una fantástica película, que el coreógrafo y director nacido en Chicago en 1927 y fallecido en la ciudad de Washington en 1987, firmaba para dejar una trío monumental para la historia del celuloide, junto a la ya mencionada “Cabaret” de 1972 y su otro gran musical, “All that jazz”, de 1979, en la que el actor Roy Scheider interpretaba al propio coreógrafo, e inspirada en el intenso periodo de edición de “Lenny” y mientras simultaneamente preparaba el musical “Chicago”, para Broadway en 1975.

Hasta los diecisiete años sufrí un trauma, siempre creí que mi nombre era Cállate”.
(Lenny Bruce)

Aquí termina la sesión de hoy en El diván de Louis Cypher, hasta una próxima ocasión, como siempre, buen cine...y mucha suerte.

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