LENNY
(Bob Fosse, 1974)
Después del gran éxito que obtuvo con
“Cabaret”,
que incluyen 8 premios Óscar,
el siguiente proyecto que abordaría Bob Fosse en
1974,
iba a retratar a uno de los cómicos más famosos de la historia,
Lenny Bruce.
Una arriesgada biografía sobre uno de los pioneros de la comedia de
monólogos en Estados
Unidos,
conocido por su talante combativo, contracultural y políticamente
incorrecto. Un film, rodado de principio a fin en blanco y negro que
provocó reacciones divididas entre los admiradores del cómico, ya
que incide especialmente en su drogadicción y otros aspectos poco
agradables de su vida privada.
La
película, que relata los principios de Lenny
Bruce
como cómico, y su posterior ascensión, además de su vida personal
y las polémicas en las que se vio envuelto, nos sitúa en el
Baltimore
de 1951.
Hot Honey Harlow,
una bailarina de “striptise”, conoce a Lenny
Bruce,
un cómico de la misma ciudad, en una cafetería y ambos se enamoran.
Desde ese momento se convierten en inseparables y sus relaciones
continúan en Miami,
donde Honey
empieza a trabajar. Un día, y pese a las advertencias de su agente,
Artie Silver,
y su madre, Sally,
Lenny
se casa con Honey.
A requerimiento de su marido, Honey
deja su trabajo y ambos deciden montar un número cómico que
presentan en el Club Catskills.
Al tiempo, Sherman Hart,
el showman más destacado del país, avisa a Lenny
de que su repertorio puede que sea demasiado corrosivo para la clase
media habitual que suele asistir a estos espectáculos.
En un
principio Lenny
escucha su consejo, pero, en el último minuto de su show, cambia de
idea y comienza a insultar al público, que se arranca a carcajadas.
Esa misma noche y tras el éxito del cómico, el matrimonio sufre un
accidente y Hot Honey
resulta herida de gravedad. Al salir del hospital, descubrirá que su
esposo se ha estado viendo con una enfermera. Desde su primer show el
cómico, deja claro que es una figura a tener en cuenta. Armado con
un poderoso y escandaloso discurso y con una bailarina de
“striptease” como musa, Lenny
revoluciona la comedia y a todo el país con su áspero y ofensivo
humor, pero la vida de los bares del circuito de la comedia comienza
a hacer mella en él.
Las drogas y arrestos policiales por el
contenido de sus actuaciones pesan demasiado a este paladín nada
convencional, pero no le impiden llegar a unos extremos que le
conducen a su trágico final, convirtiéndose en todo un mito, que
tras trabajar en clubes nocturnos y locales de dudosa reputación,
termina alcanzando la fama por su verborrea ácida, crítica e
incisiva, que tal como se ha comentado, en más de una ocasión le
causará problemas con la justicia. Una vez fuera del escenario, las
risas se apagan, la relación tumultuosa de drogas y sexo poco
convencional con su esposa, que terminaran por separarse y su cada
vez mayor dependencia de las drogas convierten poco a poco su vida en
un infierno, y termina muriendo de una sobredosis.
En
esta biografía sobre el famoso humorista norteamericano creador de
una fórmula de éxito basada en monólogos en directo frente al
público con la única ayuda de un micrófono, el realizador no se
rodea de números musicales ni de vestuario glamuroso. Narrada de
manera sobria y sin efectismos, retrata una de las figuras más
controvertidas del mundo del espectáculo, debido a su mordacidad en
los chistes y a las críticas sistemáticas a toda la sociedad. Hecho
que le valió ser el blanco de todas las críticas de los grupos
religiosos, políticos y moralistas en los años cincuenta. Es este
también, un retrato mordaz sobre la lucha contra la censura y la
hipocresía del conservadurismo de mente pueril que tenía un
terrible afán por controlar las masas, ya que tal como decía,
“parece que cada vez nos gusta más hacernos
los ofendidos”,
y por lo políticamente correcto y por el avance de la ultraderecha.
Para el cómico eran malos tiempos para el humor y la libertad de
expresión, algo que terminaría por acabar con su vida. Aunque no
siempre se repite la historia, ni en su entusiasmo ni en su
desconcierto, hay que reconocer que como seres limitados y efímeros,
hay circunstancias en el tiempo que se asemejan mucho a las
disquisiciones de la actualidad, y no está de más reconocerlas o
sacarlas a la luz de nuevo.
La subversión es quizás el objeto principal de la historia, una
subversión que proviene del lenguaje.
Un
arma que puede sea la más poderosa que se conoce hasta ahora. Tal
cómo el propio Lenny
explicaba: “La clave está en la omisión. Si
hablas de ello, eres el peor miembro de la comunidad, pero para que
una palabra no haga daño hay que decirla y decirla, escucharla y
escucharla hasta que su diabólica intención desaparezca”
Al
igual que la Historia, la literatura o el periodismo, el cine nos
ayuda con estas curiosidades y a través de la cámara de Bob
Fosse,
disfrutamos de un enorme Dustin Hoffman
en su interpretación de Lenny Bruce.
Con un guión impactante de Julian Barry,
que adapta su propio libreto teatral, el realizador nos introduce en la
vida de este genuino símbolo del “stand up”, quizás el más
famoso y polémico cómico norteamericano de los años 60. Tras la
muerte del cómico, una serie de entrevistas recogen los testimonios
de su ex-esposa, Honey
a quien da vida la actriz Valerie Perrine,
su madre, Sally Marr,
interpretada por Jan Miner
y su agente Artie Silver,
rol que recae en Stanley Beck,
con el fin de conocer su vida. Una vida que discurre entre cabarets,
locales de “strippers”, antros nocturnos y droga, donde Bruce
ejerce su humor cada vez más corrosivo provocador, hiriente y
políticamente incorrecto. Un humor que acaba convirtiéndose en
protesta contra la simple y boba sociedad norteamericana y su falsa
bonhomía, y que terminará por costarle demasiado caro.
Es este un “biopic” lúcido y contundente sobre un comediante con
una carrera deslumbrante y controvertida. Un individuo que sacudió a
la sociedad con la crudeza de su lenguaje y la virulencia de su
discurso. Una victima de la libertad de expresión, victima de la
interpretación errónea de un público y una sociedad que, a pesar
de reírle u odiarle, no logra comprender su exposición, su discurso
anti segregacionista, anti credos, ante beatería sexual y anti
hipocresía.
Sin
ningún tipo de concesiones, el director deconstruye la historia en
dos argumentaciones lineales: las entrevistas y la acción, tomando
prestadas las técnicas del documental y valiéndose de la excelente
fotografía en blanco y negro de Bruce Surtees,
quién ofrece una imagen sin florituras, puesta al servicio
únicamente de la historia, sin doble intención y que permite a Bob
Fosse
jugar y perfeccionar su estilo, tanto en la planificación de las
imágenes así como el sonido. Completa el apartado técnico una
banda sonora excepcional de Ralph Burns,
que Fosse
apoya con su particular homenaje al jazz genuino con unas
maravillosas interpretaciones de Miles Davis.
Por
supuesto, esta es, además de por la dirección de Bob
Fosse,
la película de Dustin Hoffman,
que nos deja una inmensa interpretación, contenida, transparente,
alejada de histrionismos, muecas y gestos. Sobrio, sincero inusual e
imaginativo, Hoffman,
desarrolla un trabajo brutal y conmovedor sobre el personaje de
Bruce,
un genio de altos vuelos con una personalidad a veces contradictoria
y que por tanto tampoco se salva, especialmente por su extraordinaria
facilidad para manipular más allá de las palabras, también a los
que le rodean. No se puede tener todo y en el trabajo de Hoffman
quedan claras las debilidades e imperfecciones del protagonista. Esta
actuación, totalmente convincente incluso en las escenas donde tiene
que ser cómico y contar monólogos, fue merecedora de la nominación
al Óscar,
que terminaría obteniendo.
También fue nominada por la academia al
galardón, su compañera de reparto Valerie
Perrine,
quién está muy convincente como su esposa, un trabajo que la
llevaría a obtener el premio como Mejor
Actriz
en el Festival de
Cannes.
Estamos
ante una película perfecta si se desea reflexionar sobre los
límites, del humor en este caso, sobre las trabas a la expresión,
sobre los progresos o deterioros de la libertad o más concretamente
sobre si está también superada hoy en día una de las frases que
podemos escuchar en la cinta: “¿Podrían creer que
las palabras que llevaron a Lenny a tantos juicios hoy sean parte de
cualquier repertorio cómico sin ningún problema?”.
Estamos
ante una más que notable película, que muestra un retrato mordaz
sobre una obsesión, la de la lucha contra la censura y la hipocresía
del conservadurismo de mente estrecha. Una cinta que de alguna manera
transita por los mismos territorios que films como “Network”
de 1977,
dirigida por Sidney Lumet
y “Talk Radio”
rodada por Oliver Stone en
1988.
Una
fantástica película, que el coreógrafo y director nacido en Chicago en
1927
y fallecido en la ciudad de Washington
en 1987,
firmaba para dejar una trío monumental para la historia del
celuloide, junto a la ya mencionada “Cabaret”
de 1972
y su otro gran musical, “All that jazz”,
de 1979,
en la que el actor Roy Scheider interpretaba
al propio coreógrafo, e inspirada en el intenso periodo de edición
de “Lenny”
y mientras simultaneamente preparaba el musical “Chicago”,
para Broadway en
1975.
“Hasta los diecisiete años
sufrí un trauma, siempre creí que mi nombre era Cállate”.
(Lenny Bruce)
Aquí termina la sesión de hoy en El diván de Louis Cypher, hasta una próxima ocasión, como siempre, buen cine...y mucha suerte.








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