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lunes, 12 de abril de 2021

Human Desire (Deseos Humanos) Fritz Lang, 1954

 

HUMAN DESIRE” (Deseos Humanos) 

Fritz Lang, 1954


La Bête humaine” (La Bestia humana), magnífica novela de Emile Zola, había conocido una excelente primera versión cinematográfica por parte del reputado realizador francés Jean Renoir en 1938, interpretada por Jean Gabin, Simone Simon y el propio Jean Renoir en el papel de “Cabuche (el protagonista).

Años después, en 1954, el reconocido realizador austriaco Fritz Lang, dirigió una nueva versión de la misma: “Human Desire” (Deseos Humanos). Era la segunda vez en su carrera en la que firmaba un “remake” de un film de Renoir. La primera vez fue: “Scarlett Street” (Perversidad) de 1945, una revisitación de “La Chienne” (La Golfa).

Pero hoy quiero recomendaros la cinta de Lang. Una película que a pesar de parecerse mucho a le versión del director francés, procura apartarse totalmente de su predecesor llevando la historia a su terreno, facturando una cinta típica de su director, donde su particular universo hace acto de presencia con estimulantes planos, iluminación expresionista y con un estilismo refinado.


La película se rodó principalmente en la localidad de El Reno, Oklahoma y se aprovecharon las instalaciones ferroviarias de lo que en su momento fuera el “Rock Island Railroad” (hoy conocido como la Union Pacific), a pesar de que algunos de los fondos en movimiento muestran escenas de la Costa Este, en las que se aprecian los puentes “Pulaski Skyway” y el famoso “Trenton Makes-The World Takes” sobre el río Delawere.


La trama nos cuenta la historia de un ex-combatiente, que regresa de Corea, y que se reincorpora a su puesto de trabajo en una empresa de ferrocarriles, donde se enamorará de la mujer de su jefe. Una “femme fatale” que oculta un terrible secreto junto con su marido. Él, obsesionado con ella, se dejará convencer por la misma para deshacerse de la parte molesta, el marido. Solo piensa en estar con ella sin preocupación alguna.

Pero bajo esta premisa, las dos visiones, la de Renoir y la de Lang, son diametralmente opuestas. Mientras el director francés se centra en el personaje interpretado por Jean Gabin (Glenn Ford en la cinta de Lang), el realizador vienés afincado en Hollywood, ubica la atención en el matrimonio, concentrando en ellos toda la carga dramática, tomando así una nueva dimensión en manos de este genial director que es Fritz Lang.


A pesar de que el crítico Dave Kehr escribió: “Gloria Grahame, en su papel más descarado, implora a Glenn Ford para acabar con el haragán de su marido, Broderick Crawford. Es un apasionante melodrama, empañado solo por la imposibilidad de Ford por crear un registro de perdición”, no puedo compartir su opinión, puesto que estando muy bien el actor en su personaje, permaneciendo en un segundo plano, aprovecha para plasmar el desarraigo que invadía a los ex-combatientes a su regreso a casa tras años de guerra, y creo que ello es una acertada decisión del realizador, puesto que Lang prefiere centrarse en turbarnos con el matrimonio Crawford-Graham. Una pareja que a primera vista parece no encajar. Desconocemos sus datos, pero poco a poco vamos descubriendo su relación, y sus secretos.


En apariencia ella es una mujer fría, insensible y despreocupada. Su marido, celoso, impulsivo y lleno de rencor. Atenazado por la rabia de no poder ofrecer a su mujer lo que ella solicita. Lang se ceba sobremanera en el personaje, llevándolo hasta más allá del límite, a lo que Broderick Crawford responde con una antológico trabajo dramático. A su lado con luz propia, brilla una excelente Gloria Graham, ofreciendo otra de sus magnéticas y cegadoras interpretaciones. Sencillamente apasionante esta grandiosa actriz. Poseedora de butaca en el Olimpo de las diosas del séptimo arte, despliega todas sus artes como “femme fatale” dando vida una mujer llena de morbo y explotando su innegable “sex appel”.


Fritz Lang, interrelaciona a los tres personajes de manera magistral, logrando un contundente mosaico de sentimientos encontrados verdaderamente incontrolable. Unos deseos, a los que el título hace referencia, y que impecablemente lleva a la pantalla, ahondando una vez más en ese turbulento mundo del aspecto más oscuro del ser humano. Tres personajes. Tres aspectos de una misma pasión. Tres formas de enfocar nuestros deseos y de que estos no nos controlen. Tres sentimientos entrelazados, como las vías del ferrocarril cuando el tren llega a una estación donde multitud de raíles convergen, y el camino a seguir no parece claro. Imperdonable perderse un segundo, pues desde la secuencia inicial junto a los créditos, Lang ya nos pone sobre aviso.

A pesar de la innegable calidad de la película, algunas críticas sentenciaron cosas como: “Lang se va por la borda en su esfuerzo para crear el estado de ánimo” (Variety), o también: “Aquí no hay ni un solo personaje por el que sientas la más mínima simpatía” (The New York Times), aunque esta ultima no la siento, a pesar de su mala intención, como una mala crítica, sino todo lo contrario. Particularmente, precisamente eso me parece un gran acierto por parte del director.


Por mi parte pienso que estamos ante un inmenso melodrama lleno de pasiones encontradas, incluso tal vez, ante una obra sublime del “noir”. Glenn Ford y Gloria Graham, la pareja protagonista que ya trabajó junta en “The Big Heat” (Los Sobornados) en 1953, recrean una pasión turbia y malsana en la que se entremezclan sexo, crimen y ambición. Un melodrama de altura de los que tan bien se le daban al Hollywood de aquellos años, pero por encima de todo, insisto, es una obra magistral del más y mejor cine negro, un terreno en el que el realizador vienés se desenvuelve de manera sensacional, y no es casual que eligiera a la pareja Ford-Graham, puesto que ellos ya la fueron en su anterior film. La mencionada “Los Sobornados”, con la que obtuvo unos resultados de crítica y publico excelentes.

Es bajo mi punto de vista una película sórdida pero poderosa. Una cinta brillante, con la estructura clásica del más puro cine noir, donde Fritz Lang saca a relucir toda su capacidad del conocimiento del genero, haciendo gala de su maestría en la captación de atmósferas turbias, con total dominio de unos espacios casi siempre reducidos y claustrofóbicos, como el pasillo del tren, el bar o las distintas habitaciones. Unos espacios donde los personajes se atormentan y debaten en torno a sus bajas pasiones.



Un película que quedará como una joya magistral del cine y del noir en especial. Inolvidable y muy recomendable.

Y hasta aquí esta nueva sesión en El diván de Louis Cypher, ya sin nada más que aportar sin correr riesgos de spoiler, solo recomendaros el visionado de esta joya del maestro austríaco Fritz Lang. Una clase magistral de cine. No os decepcionará.


Buen cine...y mucha suerte.


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